jueves, 31 de marzo de 2011

¿CUÁL DE LOS DOS CHOLOS? (Una idea original del amigo lector Gregorio Huaroto)


Al consabido vaticinio, escuchado hasta hace poco en calles y plazas, "El Cholo va a ganar" habría que preguntarse ahora: " Sí pero, ¿Cuál de los dos Cholos?"...

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Se puede decir que el primer lugar de Humala en las encuestas demuestra el descontento popular con el modelo económico que no "chorrrea" o que no se replica en las clases populares. Entonces un importante e informado sector del empresariado peruano -apoyado en la prensa económica- ha salido al frente a contradecir esa preferencia electoral a partir de una campaña de "terrorismo financiero"; señalando que si Humala gana el dólar subirá, la bolsa caerá, o las inversiones teminarán ahuyentadas, etc.
Lo que podría ocurrir, efectivamente. 
O, quizás no.
Para bien y para mal, eso parece importarle muy poco a la gente que votará por Humala.

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Es muy probable que Alejandro Toledo suba en las encuestas esta semana. 
Y no sería extraño que la segunda vuelta tuviera a Toledo y a Humala como contendientes.
Sin descartar a Pedro Pablo Kuzcynski.
Pero lo que resulta verdaderamente preocupante es que el fujimorismo tendrá la mayor cantidad de congresistas (29 según CPI); y es posible que Kenji sea el próximo presidente del Congreso ¿Se imaginan a ese descerebrado dirigiendo el Congreso?

Gregorio Huaroto.-

lunes, 28 de marzo de 2011

ELECCIONES 2011: ¡VA PA´ LA PEÑA! (Escribe PATRICIA DEL RÍO para PERÚ 21)


Gracias a que Toledo se desmoronó en las encuestas, Castañeda no paró de rodarse por sus escaleras y Keiko sigue flotando como un enorme globo de Wong; Humala y PPK se colaron en la pelea y hoy configuran un escenario electoral inédito y extrañísimo no solo para el Perú, sino para cualquier país del mundo.
Hay, por supuesto, muchísimas hipótesis que pretenden explicar este quíntuple empate. Sin embargo, una que se repite con muchísima frecuencia es que la volatilidad del voto es culpa del peruano irresponsable que se deja llevar por la payasada y la promesa fácil. Y este argumento lo usan todos: desde los que nos anuncian que el voto por PPK lo único que va a facilitar es una final entre Humala y Keiko (poco le falta al chico del último spot de Toledo gritarnos “no sean imbéciles”), hasta los opositores a ultranza de Humala que nos advierten que recapacitemos porque vamos a regresar a la época de las cavernas y que Chávez reinará entre nosotros.
Todos estos cuestionamientos parten del principio de que los ciudadanos votamos por joder. Que no tenemos idea de lo que le conviene al país. ¿Es así realmente? ¿No será que la gente está buscando simplemente quién le resuelva los problemas cotidianos con más eficacia? Desde esa perspectiva, por qué tendría un poblador de Bagua que votar por PPK o por Toledo. ¿Acaso ellos van a poner los intereses de las mineras por debajo de los de las comunidades amazónicas? Y exactamente en la misma línea, ¿por qué tendría que elegir un empresario que vive en San Isidro a Humala? ¿Acaso le conviene? El problema, aunque parezca obvio, no es por quién vota el aguaruna o el señor Álvarez Calderón, sino dónde está el candidato que pueda seducir con un programa coherente a ciudadanos con intereses tan disímiles.
Y ahí es donde creo que debemos observar las incongruencias de esta campaña: en un escenario donde hay cuatro candidatos (Keiko, Toledo, Castañeda y PPK) con visiones de desarrollo más o menos parecidas, y donde se necesitaba con urgencia propuestas claras que los diferencien, lo que ha primado han sido ideas pobres y erráticas. Por ejemplo, ¿cómo no va a estar indeciso el votante si hace un mes todos estaban dispuestos a discutir el aborto terapéutico y los matrimonios gays, y hoy desfilan frente a Cipriani, salen con rosario en mano y se declaran antitodo?
Pero lo más grave creo que está por venir. A pesar de que se ha dicho hasta el cansancio que este quíntuple empate debería obligar a los candidatos a exponer las soluciones que la gente quiere escuchar, conforme se acorta la distancia entre ellos renuncian cada vez más de la posibilidad de construir un voto sólido, inspirado en el modelo de país que proponen y apuestan por inventarse un personaje que haga clic con el pueblo a costa de cualquier payasada. Ahí tenemos, entonces, a Toledo haciendo que chapen Sofía Franco y Peluchín, al mudo Castañeda dando de brincos con Carlín, al otrora flemático y gringo PPK haciendo el ridículo en Magaly. Keiko no se salva y parece un personaje sacado del museo del folclore y Humala no sé si está en campaña o practicando para una marathon, porque todo el día corre…
Cabe preguntarse, sin embargo, ¿es esto tan grave? ¿Es un pecado cantar a gritos aunque se tenga peor voz que Alan? Por supuesto que no. Graciosismos hemos visto en todas las campañas y son inevitables. De alguna manera humanizan a los candidatos. Sin embargo, me temo que en un contexto como este, en que no hay una sola idea firme dominando el debate electoral, lo que nos espera de aquí al 10 de abril es solo chacota. Una suerte de Peña Ferrando electoral con gringa Inga y todo lo demás. Olvídense del intercambio de propuestas acompañadas de su bailecito más y prepárense para un despliegue de agarrada de huevos, noviecitas falsas, besitos en público y cantitos a gritos que probablemente hagan de esta campaña la más mamarrachenta e irresponsable que hayamos tenido en muchos años.

¡ARRIBA LOS TAXISTAS! ¡ABAJO LAS ENCUESTAS! (Por Ricardo Lago para el Diario CORREO)


Sería una lástima que se pierdan las candidaturas al Congreso que presenta el Partido Adelante de Rafael Belaunde. Es la lista favorita de los lectores de mi blog, El Nuevo Sol. Gente honesta, caras nuevas -ya que ninguno ha sido congresista- y con abundancia de profesionales de primera con ideas claras. Por Lima van: Juan José Garrido (economista); Raúl Villanueva (abogado de equipo negociador en La Haya sobre el diferendo con Chile); Luis Estéfano (biólogo); Carmen Heredia y María Luisa Saba (expertas en programas sociales); Walter Puelles (economista). Por La Libertad, Nilton Ayala (abogado), y por Huancavelica, Sixto Vilca (sindicalista minero) y muchos otros. Subirían el listón en el Congreso de ser elegidos.
El 14 de febrero, Día de San Valentín, filmé en video mis predicciones electorales sobre la base de mis conversaciones con taxistas limeños. Colgué los videos en YouTube; si tienen interés los pueden encontrar en . Concluía afirmando: (a) que estaba convencido de que PPK ganaría Lima en la primera vuelta; y (b) que, en mi opinión, la probabilidad de que pasara a la segunda vuelta era mayor al 50% y la de que ganara la Presidencia, mayor al 30%. Mientras grababa el video, la pantalla de televisión mostraba los resultados de la encuesta de Apoyo, otorgando a PPK un 6%, tan sólo un punto más que en la encuesta anterior. El domingo 20 de febrero, titulaba mi columna de Correo "Pronósticos" () y escribía:
"El lunes, camino al aeropuerto Jorge Chávez, conversaba con el taxista don Humberto Yaya de Villa El Salvador. Me explicaba las razones por las que él y varios miembros de su familia y entorno tenían la intención de votar por Pedro Pablo Kuczynski. Era una muestra más de la principal tendencia que pude constatar en mis conversaciones con unos 200 taxistas a lo largo de las cuatro semanas en Lima... (los taxistas) ocupan un punto neurálgico en el flujo de información en la sociedad, ya que interactúan de forma aleatoria con muchas más personas que el resto. Creo que las encuestas no han detectado todavía el verdadero ascenso de PPK".
Mi predicción fue recibida con escepticismo y mofa. Días después, empecé a estudiar la evolución de la popularidad, en Facebook y otras redes sociales, de los cinco candidatos de cabeza. Constaté que, a partir del 21 de febrero, el número de fans de PPK empezó a despegar con momentum, aunque desde un punto de partida cinco veces más bajo que Toledo. El ascenso, no obstante, fue implacable; en dos semanas, PPK ya había alcanzado 83 mil, sobrepasando a Toledo.
Comencé a analizar la correlación temporal entre la evolución de la intención de voto por PPK (promediando los datos de las cinco principales encuestadoras) y la trayectoria del número de fans en las redes, para datos desde la primera semana de enero. Del análisis, llegué a la conclusión de que la intención de voto por PPK reacciona, con un rezago de alrededor de dos semanas, frente al crecimiento del número de fans en las redes.
En resumidas cuentas, la información recibida de los taxistas antecedía en alrededor de dos semanas a la popularidad de PPK en las redes, y ésta, a su vez, precedía en dos semanas a los datos de intención de voto que publican las encuestadoras. De manera que los taxistas me dieron la pista, y los números de las redes me sirvieron de indicador adelantado para proyectar la intención de voto. Así, el 16 de marzo, cuando la intención de voto por PPK rondaba el 10%, formulé en mi blog () el pronóstico de que alcanzaría 22% al 30 de marzo.
Sin duda, soy consciente de que los peruanos en Facebook son una minoría sesgada hacia los jóvenes y los niveles socioeconómicos más favorecidos. Pero los del Facebook y el resto no son mundos estancos e incomunicados sino que hay "vasos comunicantes"; o como dice el refrán: "Cuando el río suena, es que agua lleva".
No me fío de los resultados individuales de cada encuesta; tienen muchísimo ruido y poco valor de señal. Prefiero calcular los promedios de los datos de las cinco encuestadoras y analizar las tendencias de dichos promedios. Por ejemplo, la encuesta de CPI del domingo pone a Keiko como segunda después de Humala y a Toledo tercero, mientras que la del viernes de Datum situaba a Keiko cuarta detrás de PPK y Humala en virtual empate con un Toledo todavía en cabeza.
A futuro, el factor clave es que PPK crece a bastante mayor velocidad que Humala. La película desde enero es la siguiente: Castañeda, Toledo y Keiko van en caída, en tanto que PPK y Humala suben. Sin embargo, en promedio, por cada votante que gana Humala, PPK gana dos. Si nos vamos a octubre 2010, PPK surge de la nada, en tanto que Humala ya tenía 11%. De manera que, en mi opinión, lo más probable es que PPK sea el ganador en primera vuelta; lo que está en veremos es quién será su contrincante.
Mi pronóstico es que no va a ser Humala: militar metido a política; amigote de Hugo Chávez (a su vez pata de Gadafi); líder de una insurrección militar (según su hermano Antauro, de dos); quiere cambiar la Constitución (como Chávez y Evo Morales); con una bancada "azucarera y DoeRunera" –como bien le explicó Víctor Andrés García Belaunde a Daniel Abugattás en La Hora N; trae un programa económico estatista y anti-libre comercio e inversión extranjera; va de la mano del SUTEP; y llega rodeado de comunistas y velasquistas y con asesores brasileños. Todo un viaje de regreso al pasado sin boleto de vuelta... "No se preocupe usted que en el camino se acomodan las naranjas", solía decir el político mexicano Jesús Silva Herzog.
Moraleja. Las encuestas individuales que publica cada empresa de opinión son, en el mejor de los casos, historia, puesto que el sondeo realizado tiene una antigüedad promedio de cinco a seis días. Y adolecen de "mucho ruido y pocas nueces" (bajo valor de señal). Además, las encuestadoras son poco creativas; no utilizan toda la información relevante disponible para diseñar sus muestreos estratificados. La variable más obvia que deberían de considerar es el movimiento de la popularidad de los candidatos en las redes, desglosada por provincias y niveles socioeconómicos. Mi consejo a los gerentes de las encuestadoras es que empiecen por salir, de vez en cuando, a la calle a escuchar a los taxistas.
El voto táctico por PPK ha pasado ahora a ser el voto útil a favor de la preservación de la sensatez económica que tanto ha redituado al Perú en los últimos 21 años. Es un poco aquello de la canción "The winner takes it all" ("El ganador se lo lleva todo") que cantaba el grupo ABBA de los setenta. No es de extrañar que, como nueva estrella ascendente, ahora a PPK le caigan descalificaciones e insultos por doquier.
¿Pertenece usted a los más de dos millones de peruanos que tienen doble nacionalidad formal o aspiran a tenerla? Pues ya lo sabe, para algunos candidatos, son ciudadanos de dudosa lealtad a la patria. Es lógico que PPK tenga que renunciar a la nacionalidad estadounidense si gana la Presidencia; pero es torpísimo descalificarlo por tener dos pasaportes. ¿No es algo a lo que casi todos acceden cuando pueden?
Les va a pasar factura en votos, a los inquisidores, esa idea trasnochada de los pasaportes.

domingo, 27 de marzo de 2011

STANISLAW LEM EN EL RECUERDO (Diario EL PAÍS)


Una jornada para recordar y añorar al gran Stanislaw Lem, (1921-2006) el creador de Solaris y el padre del cosmonauta Ijon Tichy, aquel excéntrico capaz de enzarzarse en desopilantes diálogos con las diferentes versiones de sí mismo que le crean las paradojas temporales en sus viajes a las estrellas. Ayer, con motivo de cumplirse este año el 90 aniversario del nacimiento del genial renovador de la ciencia ficción, la fiesta de la literatura Kosmópolis dedicó tres actos a la bautizada como Operación Lem: una mesa redonda sobre el escritor polaco, una conferencia sobre su obra y el pase de la película basada en sus libros que el autor más apreciaba: Milhojas (Przekladaniec, 1968), de Andrzej Wajda.
De hecho, según explicaba poco antes del pase Wojciech Orlinski, autor de un estudio sobre el escritor, Lem detestaba la mayor parte de filmes sobre sus libros. Curiosamente, el que más rabia le daba era la celebrada versión de Andrei Tarkovsy de Solaris, de 1972. "La odiaba, la encontraba patética, decía que su solemnidad traicionaba el espíritu irónico original". Vaya, pues entonces la versión de Soderbergh de 2002 con George Clooney... "Pues la prefería a la de Tarkovsky, opinaba que al menos mantenía la tensión sexual entre el protagonista y el doble de su mujer muerta".
El filme Milhojas trata de un piloto de rallys que sufre un accidente y es reconstruido con trozos de su hermano muerto, una mujer y un perro, lo que provoca las naturales complicaciones pero también los líos administrativos y las paradojas que tanto interesaban a Lem. Como si se tratara de un argumento del propio autor de La investigación, el actor protagonista de la película murió en accidente de automóvil.
Orlinski está de acuerdo en que la mejor novela de Lem probablemente sea La fiebre del heno. Él conoció a Lem. Dice que era como un caballero de otro siglo (pasado). "Se volvió pesimista con la edad y consideraba que la humanidad se abocaba al suicidio con el progreso". Su obsesión con la muerte, recuerda, le venía de su supervivencia por los pelos bajo la ocupación nazi. "No le gustaba que lo consideraran autor de ciencia ficción. Opinaba que el género fracasaba en predecir el futuro, lo que resumió con el título de su última novela: Fiasco".

¿VOTE POR PPK Y ENCENDERÁ LA PRADERA? (Un artículo de César Hildebrandt)


Contrariamente al pensamiento progresista (que alimenta el movimiento solidario, justicialista y popular en esta parte del mundo) creemos que generar riqueza antecede al existir. Lo opuesto constituye superchería pura. Metafísica. Quiromancia.
La gobernabilidad se consigue restituyendo derechos y libertades; generando competitividad y estabilidad jurídica; pero, sustantivamente, generando riqueza y redistribuyéndola con la mayor eficiencia, para satisfacer el mayor número de necesidades.
A estas alturas, resulta absurdo -y hasta autodestructivo- pensar lo contrario: no existe país desarrollado en el mundo que no cuente con un Estado sólido, eficiente, ubicuo, planificador; no existe país desarrollado que no apueste por el mercado, por la regulación (financiera, monetaria, de bienes y servicios públicos, ambiental) por el bienestar social y por el derecho al desarrollo. O sea, administrar la pobreza no va más.
El justicialismo reivindicador no rinde.
El discurso popular puede tener eufonía, es decir, puede resultar agradable al oído con un conjunto de proclamas en favor de los pobres del mundo y con una batería de maldiciones y diatribas en contra de, por ejemplo, la plusvalía, el capitalismo, la explotación y la infelicidad. Impactando de paso manifestaciones y constructos legítimos como la capitalización, la productividad, la competitividad y el desarrollo sostenible.
Como no se puede vivir todo el tiempo fumando el opio de las ideologías anacrónicas (con sus lemas y euforias revolucionarias); creemos, también, después de leer el artículo de César Hilderandt, que existe en el Perú un grandísimo espíritu reaccionario en la izquierda. .
Y que, sea cual sea el resultado del proceso electoral peruano, el próximo Presidente está en la obligación nacional de apuntalar un Estado Regulador, un Estado Planificador; con servicio civil de burócratas de a verdad; que incremente las posibilidades de hacer negocios, de ahorrar, de invertir, de consumir; y sobre todo que propicie un escenario social que favorezca el desarrollo humano, creando más y mejores oportunidades educativas, culturales, de ocio; mejores servicios de salud, recreación, transporte, vivienda y saneamiento.  
La política que nos ha tocado vivir en el país -para bien o para mal- es emocional, aproximativa, mediática, folklórica. Y como no se sustenta en ideologías, ni en militancias, ni en organizaciones partidarias y ni en espacios públicos de debate (no hablo de chiqueros en donde la gente se insulte a rabiar) corresponde practicar desde los medios, desde la Academia, desde el Estado y la profesiones liberales la docencia política.
Debemos considerar que ni Alejandro Toledo, ni Keiko Fujimori, ni Ollanta Humala, ni Luis Castañeda ni Pedro Pablo Kuzscinski son Víctor Raúl Haya de la Torre o Fernando Belaúnde Terry o Luis Bedoya Reyes o Valentín Paniagua Corazao.
Entonces, como diría Rousseau, "la peor manera de quitarle el temor a los niños es infundiéndoles más temor". Y creemos que César Hildebrandt lo está haciendo.
Nos debe quedar claro también que PPK es un lobbysta entre todas las profesiones, ocupaciones y calidades demostradas y reconocidas. Y, de llegar a la Presidencia de la República, tendrá que postergar o retardar sus vínculos o intereses empresariales en favor de los intereses nacionales. De lo contrario, los mecanismos de defensa de la Constitucionalidad, el juicio al mandatario, la vacancia presidencial, el control interno y el accountability se activarían. Y esto debiera ocurrir implacablemente.
¿El voto por PPK favorecería el aggiornamiento de Sendero Luminoso? Cómo saberlo. En todo caso, nada puede demostrar lo contrario; ni tampoco que con los candidatos restantes ocurra lo mismo.
O ¿Acaso Hildebrandt sugiere que un posible gobierno de Humala se encontraría inmune al senderismo?
 Oscar Contreras Morales.-

Por César Hildebrandt.

Si usted quiere, como querían los marxistas, agudizar las contradicciones del Perú y tensar sus conflictos hasta las cercanías del drama, sea coherente: vote por el estadounidense PPK.
Con ello garantizará que el Convenio 169 de la OIT sea burlado, que el gas de Camisea no se le venda a los peruanos sino a los mexicanos y chilenos (porque eso le conviene a los empleadores de PPK), que lo que queda del Perú sea rematado (incluyendo el agua potable y el Muelle Norte) y que, por último, nos convirtamos, frente a Washington, en una versión todavía más agachada que la del rampante Álvaro Uribe.
PPK no es peruano. Eso está muy bien. Henry Ford tampoco lo era. Ni Teddy Roosevelt. Pero ni Ford ni Roosevelt postularon a la presidencia del Perú.
PPK es un lobista sin escrúpulos, un rudo hombre de negocios que juega a ganador y ya ha obtenido bastante mezclando promiscuamente, desde sus posiciones de ministro y asesor de varios regímenes y de muchas empresas extranjeras, lo público y lo privado.
Es más: yo no sé si PPK es un estadounidense de veras. Lo que sí sé es que es un cosmopolita del billete. Si mañana hubiese guerra entre Estados Unidos y China, PPK se refugiaría en la sede del Banco Mundial. O en algún guarique centroamericano del FMI o en el consulado polaco de Nueva York. Porque PPK no es el tío Sam. ¡Es papá Johns!
Y no necesito decir cuánto demoraría en asilarse en la embajada de los Estados Unidos en Lima si el Perú entrase en conflicto con algún país vecino.
No está prohibido ser una omnívora piraña internacional. Lo que sí es muy mal gusto es que alguien que no cree sino en el dinero nos venga a hablar de políticas de Estado y de justicia social.
Los chicos de las clases A/B no es que se la hayan creído. Es que son tan anarquistas, tan nihilistas, tan computacionales y tan metaleros que no les importa que un extranjero voraz disfrazado de flautista los gobierne. Total, si muchos de sus padres se arrodillaron ante un ciudadano japonés, ¿por qué no PPK? Total, si el Perú sigue siendo una mina, una encomienda, un burdelito, un denuncio, un bosque por talar y montañas de oro que entregarle a los de afuera, ¿no es coherente votar por un exitosísimo expatriado con más de un pasaporte? ¿No es acaso PPK el hombre sin atributos morales que el cine ha hecho héroe y la tele paradigma? ¿No es bacán ser un Michael Douglas en Wall Street?
El problema es que una hipotética elección de PPK nos volverá a ese derechismo pradista que incubó el violentismo de los 60, el golpe izquierdista de los 70, la locura senderista de los 80.
No es la primera vez que el mundo conoce un periodo de bonanza. Entre 1950 y 1975 hubo, en líneas generales una altísima tasa de crecimiento. Y el Perú no fue ajeno a este ciclo. El asunto es que ese cuarto de siglo no fue aprovechado para construir las bases de un Estado moderno y de una sociedad menos equilibrada.
Hoy nos pasa lo mismo.
La prosperidad ha pasado como un bólido delante de las narices de millones de peruanos.
Durante este corrupto segundo gobierno de García, por ejemplo, ha ocurrido lo siguiente:
1. 1. La participación de la remuneraciones del Producto Bruto Interno bajó de 23.1% en el 2006 a 20.9% en el 2010.
2. 2. El ingreso per cápita –ese pendejismo- aumentó en 24.4%, pero los salarios reales bajaron 6%.
Félix Jiménez nos ha recordado que el 77% de la Población Económicamente Activa está en servicios y comercio con sueldos promediales de 650 soles y muy escasa productividad. Y nos ha subrayado que entre el 2006 y el 2010, mientras los García y los Cornejo se llenaban los bolsillos por segunda vez, salieron del país, como utilidades de las inversiones extranjeras 37,000 (trentisiete mil) millones de dólares. ¿Y cuánto entró de recursos externos en ese mismo periodo? Pues diez mil millones de dólares menos de lo que se fue.
Para terminar de persuadirnos, Jiménez se vale de esta pedagógica comparación: en el 2010 se expatriaron, como utilidades de capital foráneo, 8,900 (ocho mil novecientos) millones de dólares es decir 25 mil millones de soles, monto superior a los ingresos anuales de todos los pobres del Perú, los mismos que llegan a los 21 mil millones de soles.
García dice que crecemos. El problema es cómo. Durante el régimen que terminará este julio las exportaciones reales han aumentado 3.8% al año. Las importaciones, en cambio, han crecido a un ritmo anual de 16.6% ¿No era que somos una virtual potencia agroexportadora? No. No es así.
Hace un tiempo, invitado por la universidad católica, vino el economista estadounidense Dani Rodrick, profesor asociado de Harvard a través de la escuela John Kennedy. Rodrick se encargó de recordarnos que no hay crecimiento veraz y sostenido – es decir, desarrollo- sino hay un proceso sin pausa de incremento de la productividad, crecimiento de la demanda interna e industrialización.
Eso supone aquello que aterroriza a los Neanderthal del liberalismo que han monopolizado la agenda política peruana: concertación entre el Estado y los privados y, en algunos casos, sí, no se horroricen: planificación. Como en Corea del Sur o Singapur.
Pero no es posible concertar si el capital nacional es cada día menos significativo. En 1950 el capital extranjero en el Perú representaba, como porcentaje en la generación del PBI, el 10 por ciento. En 1968, cuando los militares nasceríais irrumpieron en la escena, ya era el 22%. Después de Fujimori, en el 2000, esa cifra llegó a 29%. Y en el 2007, con García en la plenitud de su política, alcanzamos el 34.5% de capital extranjero respecto al PBI.
Por eso – y por muchas otras cosas– es que en todas las encuestas realizadas sobre el tema de la situación económica, más del 70 por ciento de los consultados (73.9% en la más reciente) solicita que el modelo cambie. Eso es lo que calla la prensa conservadora y su falange de voces adjuntas.
Hay un malestar extendido en el Perú. Que la prensa lo silencie no significa que no exista. Ese desasosiego tiene que ver con las desigualdades, con la ceguera de la clase política, con las exclusiones, con la corrupción impune. Hay un gran banquete, pero hay millones que lo miran, con rabia, detrás de una alambrada.
Si usted no quiere uno sino varios baguas, una pradera de hierba seca y una chispa en el Vrae, un descontento que radicalice las protestas y haga ingobernable el país, no lo dude: vote por PPK. Si usted quiere otro 5 de abril, vote por quien hará imposible vivir en democracia. Y si usted es de quienes están pensando que necesita un PPK que incendie la pradera para justificar una nueva dictadura, pues lo felicito: va en el camino correcto.
Y si yo fuera Abimael Guzmán me estaría frotando las manos.

sábado, 26 de marzo de 2011

PAUL McCARTNEY PRONTO EN LIMA


Se confirmó la presentación del ex beatle Paul McCartney en Lima, el próximo lunes 09 de mayo de 2011, a las 21:00 hrs.
Si nos ponemos apostólicos, hasta podríamos decir, después del 09 de mayo... "Habitó entre nosotros...". 
Se van a divertir mucho con el show del UP AND COMING TOUR. Su duración aproximada es 2 horas 50 minutos. Paul se encuentra en envidiable condición física (pensar que es un hombre adulto mayor, con una solvencia física, vocal y musical propia de un muchacho de 22). Además, la fidelidad de audio, el soporte visual, la pirotecnia y la banda de apoyo son de un orden muy alto. Habría que darlo por descontado.
Se puede decir, también, que alojar a un beatle en Lima resulta, a estas alturas, una bendición. Y -de alguna manera- un indicador de emergencia económica luego de treinta años de "plagas apocalípticas" (terrorismo, hiperinflación, terrorismo de Estado, narcotráfico, shock económico, corrupción, fenómeno del niño). 
Hasta resulta justo que el pueblo del Perú se distraiga, se distienda y se reivente con el show de Sir Paul McCartney: un verdadero héroe del rock n roll.
Algo bueno esta sucediendo en el país, no todo puede estar mal.
 ¡Que viva Paul McCartney!
Óscar Contreras Morales.-

Paul McCartney: Ser un sobreviviente es un privilegio (Diario EL MERCURIO de Chile)

El ex Beatle actuó anoche en Buenos Aires, como parte de la gira Up and Coming, que esta vez no tuvo parada en Santiago. En un diálogo profundo y sincero, McCartney recuerda a John Lennon, habla de la separación de su grupo, de su relación con Yoko Ono y desmitifica leyendas, como por qué estaba descalzo en el disco "Abbey Road".
Sebastián Ramos La Nación de Buenos Aires Tratándose de un Beatle, corresponderían no uno, sino cuatro títulos. Uno sesentero: "The Beatles hicieron muchos cambios para mejorar el mundo". Otro de tono desmitificador y beatlemaníaco: "Cuando salimos para hacer las fotos para la portada de 'Abbey Road', simplemente me saqué las sandalias y crucé la calle con el resto". Quizás uno sensacionalista y fuera de contexto: "No tengo relación con Yoko". Y el último, dedicado a su amigo y compañero de la sociedad más intensa y creativa de la música popular de los 50 años: "Tener a tu lado a una persona como John probablemente te suceda una sola vez en la vida". Con ellos siempre fue así. Cada uno elige el Beatle que quiere. Aquí también usted podrá quedarse con el Paul que más le guste.

El compositor
"Hola, soy Paul", saluda, y comienzan a correr los estrictos 20 minutos de charla.

-La lista de temas de estos conciertos es una gran retrospectiva de su carrera, ¿cómo se ve a sí mismo cuando mira hacia atrás?
"¿Como si me mirara en un espejo? No lo sé, en cierta forma me veo como un muchacho afortunado. Si miro atrás, veo al niño Paul, creciendo en medio de la Segunda Guerra Mundial, lo cual era un momento muy interesante, y luego formamos The Beatles, que significó un tiempo de liberación, donde no sólo nosotros, sino un montón de cosas estaban cambiando. Había mucha más libertad para la gente joven y allí fue donde pudimos desarrollar un talento que nos permitió hacer música muy buena. Lo puedo decir ahora, después de que ha pasado tanto tiempo, porque en aquel momento habría sido muy soberbio. Ahora, como lo que hicimos ha durado tanto y ha sido tan exitoso, creo que puedo decir que fui muy afortunado de haber sido una cuarta parte de todo eso".

-En la década del 60, una generación de músicos se propuso cambiar el mundo con su arte, ¿qué significado tiene la música pop en estos días?
"En los años 60, la gente comenzó a darse cuenta de qué cosas podían ser hechas en el mundo y en la música. Creo que The Beatles hicieron muchos cambios para mejorar el mundo. En esa época, la gente se despertó, se dio cuenta de que tenía libertad, que tenía una suerte de voz. Y ahora me encuentro con mucha gente que viene y me dice que, de una u otra forma, le cambié la vida, que la música que hicimos les hizo creer que ellos podían hacer algo importante. Hasta entonces era como que la gente tenía las cosas establecidas por sus padres, por la escuela o por las tradiciones, era como que tenían un sendero establecido. Eso ha sido muy importante y cuando uno mira la música pop en estos días, encuentra tanta gente que continúa con eso: Bob Geldof; Bono, de U2; Coldplay. Hay mucha gente que hace muy buen trabajo en nombre de las buenas causas. Y también está el otro lado, esa música que es sólo entretenimiento, diversión, sólo para que la gente baile, para hacer una fiesta, y está bien que así sea".

-¿En qué dirección ha cambiado su proceso creativo en los últimos años?
"Todo cambia, uno aprende e intenta diferentes cosas. Lo que hago ahora es distinto y, en primer lugar, tienes que recordar que en los primeros tiempos tenía a John. La mayoría de las cosas que hacíamos eran colaboraciones y eso hacía un estilo determinado. Incluso cuando trabajábamos separados, hacíamos cosas en el mismo estilo. Desde entonces, trato de no hacer lo mismo todo el tiempo y de allí que mi aproximación a la composición haya cambiado. Aunque creo que afortunadamente sigo escribiendo buenas canciones".

El sobreviviente
McCartney suele tener como frase de cabecera una que escribió hace ya tiempo: "Toma una canción triste y hazla mejor". Por eso no resulta extraño que su concierto de tres horas sea una celebración constante, incluso cuando recuerda a sus seres queridos que ya no están, como John, George Harrison o su primera esposa y compañera en el grupo Wings, Linda Eastman.

-¿Ha sido difícil ser el sobreviviente, el hombre que siempre debe contar la leyenda?
"Debo decirte que para mí aquélla fue una gran época, lo disfruté mucho. Éramos unos niños en Liverpool cuando armamos la banda y empezamos a hacer algo; después se hizo algo realmente especial y, más tarde, fue una locura mundial. Después hice Wings, que también estuvo muy bueno, y ahora hago cosas solo y también lo siento bastante especial. Toco canciones de The Beatles porque me encanta recordarlas y la gente las ama. Ser un sobreviviente de todo aquello es un privilegio".

-Este año se recuerda a Lennon por partida doble: 70 años de su nacimiento y 30 de su muerte... ¿Cuál fue la mayor influencia que le dejó?
"Lo recuerdo con gran amor. Un día especial que siempre recuerdo es cuando nos encontramos y comenzamos a trabajar juntos. Creo que la mayor influencia es la forma en la que componíamos juntos. Lográbamos que sucediera algo especial. Antes de cruzarnos, trabajábamos de forma individual, pero era algo pequeño y cuando nos encontramos, eso mismo que hacíamos se hizo grande. Creo que los dos nos hemos influenciado mutuamente. Escribir juntos se hacía muy fácil, muy simple. Yo tenía una idea, él tenía una idea y otra y otra, era una especie de pimpón de ideas y, al final de la sesión, teníamos una nueva canción. La influencia musical fue probablemente la más importante. Si bien trabajé con gente muy creativa, creo que tener a tu lado a una persona como John probablemente te suceda una sola vez en la vida".

El Beatle
-En abril se cumplieron 40 años de la separación de The Beatles, ¿Cómo recuerda ese momento? ¿Sigue pensando que fue la mejor decisión?
"Fue muy difícil para todos, porque habíamos estado mucho tiempo juntos. Por primera vez, teníamos grandes problemas para manejar los negocios. Antes no teníamos que pensar en esas cosas porque Brian Epstein se hacía cargo, pero cuando murió tuvimos que ponernos a pensar en eso. Fue entonces cuando abrimos Apple y cuando desde los Estados Unidos vino Allen Klein; las cosas se pusieron tan difíciles que era imposible continuar. Cuando pienso en ello, me doy cuenta de que de algún modo tenía que suceder y tenía que terminar en ese instante. En verdad, el final fue difícil, por eso trato de hacer foco en las grandes cosas que habíamos hecho antes".

-¿Qué significa para usted cerrar ahora todos sus conciertos con un tema como "Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band"?
"Es muy gratificante tocar canciones que escribí hace tantos años, porque me lleva la memoria hacia atrás. Entonces, cada vez que la toco, pienso en el día que grabamos esa canción. Con The Beatles sólo la tocamos una vez, cuando la grabamos. Ese hubiera sido el final de la canción porque nunca la habríamos tocado de nuevo, pero con la banda actual la rescatamos y está bueno mantener la canción viva. Además, trabaja muy bien, creo, en el final de un show, porque fue escrita para ser el final de un espectáculo. Creo que es un buen final y muy disfrutable, tanto para el público como para la banda. Es un tema muy liberador".

Los mitos
-¿Puedo hacerle un par de preguntas más, pero como fan de The Beatles?
"Adelante".

-¿Por qué aparece descalzo en la tapa del último álbum de la banda, "Abbey Road"?
"Hacía calor y estaba trabajando con sandalias, en el estudio. Cuando salimos para hacer las fotos, para la tapa del disco, simplemente me las saqué y crucé la calle con el resto, pero descalzo. Nadie se murió, no hubo ningún funeral como cuenta la leyenda".

-¿Nunca pensó en grabar algo junto con Yoko Ono?
"No, no tenemos una relación musical. La veo a menudo, nos mandamos tarjetas de Navidad y regalos para los cumpleaños. Tenemos una buena relación, pero no musical".

-Pensando en Charles Manson, Mark Chapman y todas esas cosas extramusicales en torno a Los Beatles, ¿por qué cree que sucedieron? ¿Fue la confusión de la época o lo que Los Beatles representaban en ese momento?
"Yo creo que fueron las drogas. Un montón de gente tomaba drogas, y algunos, como los que tú mencionas, se volvieron locos".

-¿Y qué cree que representan Los Beatles hoy?
"Creo que, en cierto punto, aún representan la libertad, la buena música, y cada vez más y más nos convertimos en leyenda. Pero lo principal es que aún representamos el disfrute por la vida".

Hasta $1.200.000 pesos chilenos por entrada
La expectativa que despertaron los dos conciertos de Paul McCartney en Buenos Aires, ayer y hoy, llevó a que las entradas se agotaran rápidamente. Ayer, desde temprano, se armaron largas filas para lograr una buena ubicación en un show que sería abierto por el ex vocalista de Los Piojos, Andrés Ciro Martínez.
No faltaron los revendedores que ofrecían tickets hasta por 10 mil pesos argentinos; es decir, más de $1.200.000 en moneda chilena.
Los argentinos se rindieron a sus pies. Un Paul McCartney en gloria y majestad regresó anoche a la capital argentina, que había recibido su última visita en 1993. El estadio River Plate estaba completamente lleno: 45 mil fanáticos habían hecho una larga cola para esperar a su ídolo. Varios llevaban globos celestes y carteles con saludos para el artista. Entre el variopinto público -que incluía varias mujeres sobre los 40 y familias completas- se distinguía a celebridades como Charly García, que fue ovacionado cuando hizo su ingreso al estadio.
Tras un teloneo acústico de hora y media de Andrés Ciro, vocalista del grupo Los Piojos, McCartney apareció en el escenario puntual a las 21:00 horas con un potente mix de "Venus and Mars", "Rock show" y "Jets". Antes, saludó al público argentino con un "¡Hola, Buenos Aires!". Intentó comunicarse en español con el público a lo largo de las tres horas de concierto.
Haciendo gala de su versatilidad en el escenario, el músico británico partió con su clásico bajo, pero tocó varios instrumentos a lo largo de la velada. El repertorio de su show se centró principalmente en su época en Wings; sin embargo, como era de esperarse, incluyó varios temas de toda su carrera beatle y solista. Un par de canciones las dedicó a sus fallecidos amigos y compañeros beatles John Lennon y George Harrison.
Este es el primero de los dos conciertos que el músico daría en Argentina como parte de su gira Up and coming. El otro se realizaría hoy, en el mismo estadio, y también tenía todas sus entradas vendidas, a pesar de los elevados precios que llegaban hasta los 6 mil pesos argentinos, algo así como $ 720 mil chilenos.
Y aunque hace tiempo que circulan rumores de que el músico de 68 años podría tocar en Chile en 2011, hasta ahora no hay nada confirmado. Lo que sí se sabe es que esta no es una gira de despedida, pues él mismo se encargó de aclararle a los medios trasandinos que no pensaba retirarse de los escenarios todavía.

EL PODER DE ROGER WATERS (Diario EL PAÍS)


http://www.elpais.com/articulo/cultura/Waters/levanta/apabullante/muro/Madrid/elpepucul/20110325elpepucul_21/Tes

Anoche acabó una espera de treinta años para ver y disfrutar en directo The Wall, y el resultado fue algo más allá de lo espectacular. Para empezar por el sonido que pudo escucharse anoche en un abarrotadisimo Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid. Recordaba casi al de una sala de cine con un estereo en 5.1 surround como no se había oído jamás en este recinto en un macroconcierto de rock. Los duelos de guitarras eléctricas sonaban limpísimos y furiosos. La voz de Roger Waters con una dicción perfecta y los efectos y grabaciones resultaron de un realismo casi increíble.
Roger Waters demostró anoche que ha sabido aprovecharse de los grandes adelantos tecnológicos de estos años para actualizar este show que en los ochenta casi arruina a Pink Floyd. Los elementos de entonces siguen aquí, como los ladrillos de cartón piedra que van creciendo poco a poco durante todo el show, también las marionetas gigantes e hinchables de la madre y el profesor que toman protagonismo al principio del concierto y las secuencias de animación del artista Gerald Scarfe que se proyectan en el muro y la pantalla gigante circular... Sí todo eso está, pero multiplicado por mil con un juego de luces y de sonido de ultimísima generación. Vamos, que todo parece del futuro más que del presente o del pasado.
Vera y Bring the boys back home transformaron la escena en un muro de las lamentaciones en el que se proyectaban imágenes de soldados reencontrándose con sus seres queridos, niños de la guerra famélicos y mensajes antibelicistas. Solo se puede decir en contra que los tramos en los que suena la orquesta sinfónica estaban enlatados. Eso sí, con la mejor calidad de una grabación digital.
Roger Waters solo se había atrevido una vez a montar en directo The Wall. En 1990. Para conmemorar el aniversario de la caída del muro de Berlín en la Potsdamer Platz de la ciudad alemana. Unas 300.000 personas acudieron a aquella cita en la que Waters invitó a estrellas como Van Morrison, Scorpions, Joni Mitchell y Paul Carrack. El resto de los millones y millones de fans que habían comprado y hasta habían llegado a la obsesión con uno de los discos míticos de Pink Floyd no habían tenido la oportunidad de asistir a una representación en directo de The Wall. Para el público español, esta espera terminó ayer en el primer concierto que Roger Waters ha ofrecido en España dentro de su gira mundial, que comenzó en Toronto el 15 de septiembre de 2010, siguió con más de 50 conciertos en Estados Unidos y tiene previstos otros 60 en Europa; entre ellos, otro en Madrid (hoy mismo) y dos más en Barcelona. Un concierto actualizado también con críticas a conflictos bélicos como los de Afganistan e Irak, o sucesos de brutalidad policial como los del asesinato de un joven brasileño en el metro de Londres. Con el recuerdo a los caídos en las Grandes Guerras y uno muy especial a Federico García Lorca.?
Cuando anoche Waters atacó Confortably Numb, con el muro completamente construido, el público llegó casi al éxtasis con los tres solos de guitarra que desde una altura de unos quince metros,sobresaliendo de los ladrillos, los dos guitarristas de la banda lanzaron hacia la pista con furia y un despligue de virtuosismo.
En Run like hell el público se mostró más participativo siguiendo las palmas de Waters mientras el muro escupía críticas al exceso de información y el ruido que generan Internet y las redes sociales, pero también, mostrando aquel vídeo que filtró wikileaks en el que varios civiles son acribillados por un avión estadonidense en la guerra de Afganistán.
Cuenta la leyenda que el germen de la idea original de El Muro (The Wall) se resume en un escupitajo. Según ha explicado Waters, durante la gira In the Flesh con Pink Floyd, en 1977, un grupo de fans montaba tal jaleo en primera fila que el músico se irritó y terminó por escupirle a uno de ellos en la cara. Waters entonces comenzó a fantasear con la idea la de la alienación y de construir un muro tras el que él y sus compañeros pudieran parapetarse de las inclemencias del público.
Ese germen desembocó finalmente en un doble disco grabado entre abril y noviembre de 1979 bajo la dirección del productor Bob Ezrin. Se trataba de una gigantesca sinfonía-ópera rock en cuyo libreto Roger Waters daba rienda suelta a todos sus miedos y se autopsicoanalizaba a través de su protagonista Pink, una estrella del rock perturbada por el peso de la fama y el consumo excesivo de drogas y en el que muchos vieron un homenaje al fundador de Pink Floyd, Syd Barret, que abandonó el grupo en 1968 y tuvo que ser internado en una institución mental con el cerebro destrozado por el LSD.
La castración por una educación demasiado estricta, los traumas de la niñez, el abandono del padre muerto en la Segunda Guerra Mundial, la imposibilidad de amar y los cataclismos sentimentales, la asfixiante presión que aplasta a la estrella del rock, el abuso de las drogas... Son los ladrillos que el músico imaginario Pink pone uno encima de otro para aislarse en un mundo que, lejos de protegerle de las agresiones del exterior, le aíslan en una espiral de autodestrucción, ruido y locura. Paradójicamente, todos estos ingredientes mezclados con una partitura magistral desembocaron en uno de los mayores éxitos comerciales de Pink Floyd desde la creación de la banda en 1965. Anoche quedó clara la actualidad de la partitura y también que los traumas y episodios descritos en The Wall continúan estando de rabiosa actualidad.?
Con ese valiosísimo material en las manos, no era de extrañar que Pink Floyd quisiera embarcarse en una gira que estuviera a la altura de aquello que habían lanzado en disco. Pink Floyd ideó un gigantesco montaje para la época que significaba llevar a cabo aquella idea que Waters había tenido después del episodio del escupitajo. Así que entre 1980 y 1981, unas pocas ciudades como Nueva York, Los Ángeles (concierto que anoche Rogers recordó) Londres y Dortmund vieron aquella mastodóntica producción en la que un muro de 70 metros de longitud se levantaba en directo e iba ocultando a los músicos, que finalmente quedaban escondidos detrás de él.?
Aquello que se puede considerar como el principio de las macroproducciones destinadas a sorprender al público de rock en los grandes estadios supuso un desastre económico para Pink Floyd, que midió mal sus fuerzas y finalmente tuvo que suspender aquella gira que estuvo al borde de dejarles en la banca rota. Anoche Waters recuperó el sueño/pesadilla con una mención cum laude, más que con un sobresaliente alto.
El apoteosis llegó al final de The Trial que Waters interpreta haciendo todos los papeles de los implicados en el juicio, cantando en directo sobre un playback otra vez de orquesta antes de que una veintena de tramoyistas derriben por completo el Muro. Todo termina con una lluvia de confeti rojo y la banda tocando una versión acústica con acordeón y banjo incluidos de Goodbye cruel world en la que Waters hasta se atreve con la trompeta. En fin una noche y un concierto inolvidables.

¿PPKae? escribe Carlos Meléndez para el Diario CORREO


La volatilidad de las preferencias electorales tiene sus consecuencias. Perú es el país de las olas, pero no sólo para los surfers, sino también para los que buscan llegar a la Presidencia sin hacer su chamba previa (léase al menos construir un partido). Pero las olas son emotivas, se basan en el famoso "click" que haga un candidato (no un proyecto político) con el electorado. El personalismo máximo de nuestra política al descubierto: basta aparecer como "un peruano como tú", la "tía bacán" y ahora un "gringo criollón" para jalar al electorado desafecto de la política, que no cree en ideologías y las propuestas le suenan a floro, para quien el clientelismo es el mal menor.
El personalismo con líderes de baja intensidad provoca un voto emotivo, por lo tanto circunstancial. Una vez que pasa el momento de la atracción, si no existe organización o propuesta que retenga el apoyo, el enamoramiento se desvanece. Por lo tanto, sólo llegan a buen puerto si las elecciones se dan cuando el candidato en cuestión se encuentra en la cima de la ola, es decir, cuando todavía es sorpresa, cuando ha agarrado viada, cuando sus contrincantes apenas acusan el golpe y aún no reaccionan. Luego vienen las campañas en contra, y el momento de reflexión del electorado enamorado que empieza a pensarla. La ola baja su intensidad. Recuerden el 2000: a Andrade se lo bajaron, luego a Castañeda (no aprende) y ya era muy tarde para Toledo. Unos días más y Villarán no la contaba. La pregunta es: ¿en qué lugar de la ola agarrará a PPK el 10 de abril? ¿En la cresta o en la orilla?
PPK me recuerda a Mockus: personajes excéntricos, "extranjeros" en sus propios países, que ante la incapacidad de construir partido propio apelan a las redes sociales virtuales (carecen de las reales), el militante al alcance de un tuit, mueven a los votantes debutantes en las urnas a punta de flashmobs y rompen el hielo de la política acartonada bajándose el pantalón o dejándose tocar la privacidad. OK, Colombia no es Perú, pero se parece. Igual son personalistas que sólo cautivan a una parte del electorado, a ese A y B que sueñan con sus demandas post-materiales o que están más allá del bien y del perro del hortelano. Sólo si trascendiera hacia C y D y las regiones, y hacia las comunidades que viven al ladito de las mineras, PPK podría sostenerse más allá de la emoción. Porque si no, te conviertes en Sánchez de Lozada. Así como todo personalismo es perjudicial para la gobernabilidad (ya sea Villarán o PPK), también los extremos (PPK ni siquiera pro mercado, sino pro empresa). Recordemos que Goni vino con su Evo de yapa. Y que todas las olas llegan mansitas a la orilla.

LOS FANTASMAS DEL PASADO: KAPUSCINSKY, LA VERDAD Y EL PODER (www.letraslibres.com)


Una entrevista con Artur Domoslawski

La publicación en España, donde Ryszard disfruta de una estatura mítica, de la biografía escrita por el periodista polaco Artur Domosławski, estuvo precedida de cierta polémica. La polémica nació como un eco de la originada en Polonia, donde el libro supuso un pequeño terremoto. Se convirtió rápidamente en un bestseller y dio paso a un linchamiento generalizado de su autor, a quien desde uno y otro frente se acusó de traicionar la memoria de su amigo y mentor. Los cables de prensa que llegaban desde Polonia y que los medios españoles (pero también ingleses e italianos) reproducían o interpretaban, hablaban de un libro controvertido, una especie de juicio sumario encuadernado en 600 páginas, un exposé plagado de acusaciones escrito sin otro propósito que el de destruir la reputación del autor de El Emperador y Viajes con Heródoto. Cuando meses después el libro estuvo finalmente traducido al castellano, la sorpresa ha sido mayúscula. non-fiction (Galaxia Gutenberg, 2010) no es ni por asomo lo que los periódicos nos habían contado. Hay en él una investigación seria y, a ratos, reveladora acerca de una serie de leyendas e invenciones que, tanto en su vida como en sus escritos, pasó por verdades, pero el libro es mucho más. Es, sobre todo, un esfuerzo importante por situar a en el lugar y el momento histórico que le tocó vivir, por comprender y explicar la manera en que este niño de la guerra nacido en Pinsk, comunista convencido durante casi toda su vida y revolucionario de salón, se convirtió en una leyenda del periodismo internacional.

¿En qué momento se plantea escribir la biografía?
Bueno, fue un poco después del fallecimiento de Kapuściński. Una amiga periodista me dijo: “Ojalá pudiéramos escribir una biografía juntos.” Yo nunca había escrito una biografía y ni siquiera había pensado escribir una. Y mientras Kapuściński estaba vivo la idea ni siquiera se me había pasado por la cabeza. En principio estaba asustado por el tamaño del trabajo que había que realizar, porque no se trata solo de Kapu, sino que para escribir, por ejemplo, acerca de sus años en África, hay que consultar una serie de fuentes, buscar muchos libros, más aún al tratarse de un tema en el que no me siento especialista. De América Latina sé más, es una zona a la que he viajado y sobre la que he escrito bastante, incluso es más fácil saber a qué libros debo ir. Mientras que en el caso de África tenía que consultar a amigos, especialistas, profesores. El miedo está ahí, pero la tentación va creciendo, como un grano que crece, según pienso en el proyecto y entonces le digo a mi amiga: “Ok, vamos a hacerlo.” Pero a las pocas semanas ella se desinteresa, tiene otros temas que le interesan más y lo deja.

¿Cómo lleva a cabo el trabajo de investigación?
Casi todo el primer año fue, básicamente, releer a Kapuściński entero y pensar y planificar la investigación en bibliotecas, viajes, entrevistas. A finales de 2007 empiezo a hacer las primeras entrevistas, un poco para ver si esto podía seguir adelante, porque aún no estaba seguro. Sobre todo a periodistas de la generación de Kapuściński como Daniel Passent, de la revista Polityka, o el ex jefe de la misma publicación, lo cual es interesante porque el fundador de Polityka fue luego el último primer secretario del Partido Obrero Unificado Polaco, Rakowski. Tras las lecturas y estas primeras entrevistas, todavía no veo cómo va a ser la arquitectura del libro, pero siento que es algo que realmente quiero hacer y, sobre todo, hago una lista de la gente a la que tengo que entrevistar, guiándome por una cronología de la vida de Kapuściński. Divido su vida en periodos, hago una lista de lecturas básicas y entrevistas para cada periodo, empezando por Pinsk. Evidentemente, es una lista preliminar porque luego en el proceso de investigación van surgiendo nuevas lecturas y nuevos entrevistados.

¿En qué momento surgen sus dudas respecto a las leyendas y deslices factuales de Kapuściński?
El primer asunto en el que empiezo a ver que los datos no casaban es en la leyenda de que había conocido y hecho amistad con el Che Guevara. Esa fue la primera duda que tuve, lo recuerdo bien. Vi la anotación en la contraportada de la edición inglesa de La guerra del fútbol y me llamó la atención porque yo sabía que Kapuściński había ido a Latinoamérica como dos meses después de la muerte del Che Guevara. Había la posibilidad de que lo hubiera encontrado en África, así que investigué y pregunté. Había un amigo suyo, Nowak, que es una de las mejores fuentes del libro, que fue quien conoció a Guevara en Zanzíbar, y él me confirma que es imposible que Kapuściński hubiera encontrado al Che en África. Un día, googleando, encuentro una entrevista con Jon Lee Anderson en una revista colombiana en la que cuenta que Kapuściński le dijo que eso era un error del editor. Luego hablaría yo con Jon Lee sobre ese y otros temas. Eso fue lo primero. Luego, cuando hacía entrevistas con viejos periodistas polacos, de tanto en tanto alguno me decía: “Mira esto o lo otro, comprueba lo de Katyn” [en referencia al relato que hace Kapuściński en El Imperio de cómo su padre había huido de un transporte a Katyn, donde las tropas soviéticas asesinaron a más de cuatro mil oficiales polacos]. A partir de lo del Che Guevara, yo ya sabía que tenía que verificar ciertas cosas, cosas que uno leía y luego pensaba: “¿por qué no contó la historia completa y solo aparece ese apunte?” El segundo tema saltó cuando viajé a Sudamérica en noviembre de 2007. Ya había releído su obra, había hecho unas tres o cuatro entrevistas, viajé a Chile invitado a dar una conferencia y aproveché para ir a Bolivia. Fui a Santa Cruz, donde me encuentro con “Chato” Peredo, un ex guerrillero boliviano. Llevaba conmigo una edición mexicana de La guerra del fútbol titulada Las botas, que tenía fragmentos de otros libros suyos publicados en Polonia. Le doy a leer algunos fragmentos que Kapuściński dedicó a su padre, también guerrillero, y Peredo me dice que son invenciones, apuntes de color inventados por Kapu. Yo intento ser justo con él, no busco ser duro, hay casos en los que los errores son atribuibles a descuidos, pero hay otros que no. A mí me gusta mucho la teoría de Kapuściński sobre los rumores y su importancia a la hora de pintar el paisaje social. Yo estoy de acuerdo con eso, pero hay que decir que son rumores, no hacerlos pasar por hechos contrastados.

Hay cosas que pueden ser descuidos, pero en el libro hay otras que son leyendas o construcciones premeditadas...
Es el caso de la leyenda de que Kapuściński estuvo a punto de ser fusilado, primero en Bolivia, luego en Ghana y finalmente en la cárcel de Usumbura en Congo. Yo tenía dudas acerca de la veracidad de esto. Incluso después de encontrar el relato reconstruido por el hijo de un reportero checo que participó en esa expedición congoleña. Nada de lo que escribió o hizo el reportero checo después indica que estuvieran a punto de ser fusilados. Y aquí no se trata de que uno recuerde una cosa y otro no, la memoria es caprichosa y uno puede confundir u olvidar detalles, pero si se está a punto de ser fusilado, eso no se olvida. Nowak confirmaría mi intuición posteriormente, al contarme que todos los amigos de esa época que oían esas historias de boca de Kapuściński sabían que eran licencias suyas, y que cuando alguna vez alguien insistía sobre la veracidad de estos hechos, Kapu ponía cierta cara y cambiaba de tema.

Eso es una cosa interesante que varias personas a lo largo del libro repiten: cuando Kapuscinski se veía confrontado respecto a un dato o una historia, lejos de rebatir la duda, ponía una cara, sonreía y cambiaba de tema. ¿Le ocurrió a usted eso en alguna ocasión?
¿Sabes que no lo recuerdo ahora mismo? Pero mientras investigaba para el libro, sí descubrí que, de alguna manera, yo había caído en alguna de estas trampitas cuando hablábamos de la masacre de Tlatelolco y del golpe de Pinochet. “Estuve ahí, estuve ahí, en aquellos tiempos”, me dijo más de una vez, así, con esa ambigüedad. Por entonces yo no insistía, eran cosas que decía durante nuestras charlas, y yo ni imaginaba que algún día fuera a escribir una biografía suya.

Respecto a lo del Che, ¿intentó usted contactar con el editor inglés para descubrir quién se inventó esa leyenda?
No, la verdad que no. Por un lado, tras las averiguaciones que hice, resultaba obvio que no había conocido al Che y que él no hizo esfuerzo alguno por corregir esa historia. Por otro lado, encontrar al editor habría supuesto un trabajo grande que no sabía si fuera a ser recompensado. Intuí que, tras veinte años, podría encontrarme con un: “No lo sé.” Y había otras muchas cosas sobre las qué investigar. Siempre hay cosas que no sigues porque tienes que calcular esfuerzo, tiempo y frutos.

Una de las críticas que se le han hecho en Polonia a raíz de la publicación del libro es que los supuestos destapes no son tales, que son cosas que ya se sabían. Lo que resulta curioso porque si ya se sabían, entonces a qué viene el escándalo...
Es que no es verdad. No hay ningún texto anterior al respecto, nada escrito por un periodista o investigador polaco que contara lo que se cuenta en este libro. Claro que se puede decir: “Ya se sabía.” Pero ¿dónde está escrito? ¿Quién lo sabía? ¿Dónde se publicó? Nada, no hay nada. En lo que respecta a la carpeta sobre la colaboración de Kapuściński con el servicio secreto, eso se había publicado. Yo aporto una interpretación, basada en mi conversación con un experto, llamado “el Intérprete” en el libro, cuyo nombre no puedo revelar. Yo confío en lo que me dijo esta persona, tengo suficientes motivos para confiar en lo que me dice, aunque, como digo también en el libro, quizás no me contó el cien por ciento, porque estamos hablando de un mundo lleno de secretos. Pero yo confío en lo que me dijo, conozco a esta persona de antes y sé que es una fuente seria y muy bien informada. Él da una explicación y con eso y mucha otra información yo doy mi explicación, y ahí hay dos cosas que nunca nadie había dicho en Polonia. Por un lado, cómo funcionaban los periodistas a ambos lados del Telón de Acero. Y, lo segundo, una explicación de la postura de Kapu. Había dos corrientes en la Polonia de los últimos veinte años. Una que venía de la derecha, empeñada en una caza de brujas. Y Kapuściński fue siempre un posible objetivo debido a que había sido miembro del partido y su estatus de celebridad en el mundo de la cultura, por lo que podía acusársele de traidor o conformista por sus actuaciones durante la época comunista. La segunda corriente, con la que yo me identifiqué por muchos años al igual que la gente de mi periódico, que hablaba con comprensión de las acciones y decisiones de la gente como Kapuściński durante esos años, pero que, en mi opinión, es una postura paternalista. Postura defendida sobre todo por personas en su momento ligadas a la oposición democrática al sistema comunista y que dice: “Ryszard es de los nuestros, cometió errores propios de la juventud, luego cambió de opinión.” Pero esto no es así, no eran errores de juventud, eran sus convicciones, unas convicciones fuertes además, yo creo que de algún modo legítimas en el contexto histórico, algo que intento explicar en el libro. Para él no había un diablo, Kapuściński no tuvo que vender su alma a ese diablo para poder viajar al exterior y hacer carrera, él consideraba que la Polonia Popular era su país, su patria, creía en el proyecto. Si cruzó alguna frontera que no debía cruzar, era otra. Un periodista no debe colaborar con los servicios de inteligencia, pero él no vendió su alma al diablo por colaborar con el sistema comunista, él era un comunista. Y esta es una narrativa completamente distinta a la discusión que existía en el debate polaco.

Ese esfuerzo por situar a Kapuściński en el contexto histórico político polaco es probablemente lo más interesante del libro. Y, comprendido ese momento, uno es capaz de ver, como dice usted en el libro, que Kapuściński no entendía su “colaboración” con el gobierno comunista como un peaje, sino que él era un creyente, alguien que creía, con más o menos sentido crítico a lo largo de los años, en ese sistema. ¿Usted cree que siguió siéndolo después?
Después de unos pocos años tras la caída del socialismo real, unos cinco o siete, hasta la aparición de nuevos movimientos revolucionarios, como el liderado por el subcomandante Marcos, que le fascinó, aparte de este periodo muy breve, Kapuściński siguió siendo el mismo, siguió creyendo en lo mismo. Su postura, sus valores, el corazón lo tenía al lado izquierdo. Como está explicado en el libro, todo eso, la manera en que él veía el mundo está en ese librito olvidado, ¿Por qué mataron a Karl Von Spreti?, en el que escribe con empatía hacia los guerrilleros guatemaltecos que secuestraron al embajador alemán y donde expone su teoría sobre la violencia guerrillera como el final de una larga cadena de violencia iniciada por el Estado y el imperialismo. Eso fue escrito en los setenta, pero ya en nuestro siglo a Kapuściński le enfurecía lo que la mayoría de los periodistas decía acerca de la guerra en contra del terrorismo, pensaba que no sabían nada del mundo islámico, que no entendían de dónde venía esa violencia. Critica a Al Qaeda, evidentemente, pero le irritaba lo que él consideraba ignorancia y falta de reflexión de los comentaristas polacos.

En el libro se explica que El Emperador fue leído en Polonia como una metáfora de la Polonia Popular y, en general, del poder en los países del orbe soviético. ¿Cree usted que las exageraciones y licencias que se tomaba Kapuściński en ese libro, y en otros como El Sha, son fruto de esas anteojeras con que veía el mundo o son más bien el resultado de un esfuerzo exagerado por cuadrar la metáfora?
Respecto a esos dos libros, puede que él tuviera en la cabeza que estaba escribiendo una metáfora sobre Polonia, pero creo, y esto es una cosa distinta, que su entendimiento de los mecanismos del poder y las revoluciones surgen de su experiencia en Polonia. Eso puede verse en el capítulo en que yo utilizo fragmentos de El Sha y los traslado a la Polonia de los años cincuenta y la segunda revolución del 56. Para mí es obvio que esos hechos, vividos por Kapuściński, están detrás de su forma de entender las revoluciones. Así como su experiencia en la corte del partido de los años setenta está detrás de su entendimiento sobre los mecanismos del poder. Creo que mientras escribía El Emperador no sabía bien qué saldría, creo que era y es una obra experimental, que estaba inventando un estilo, una nueva narrativa, y de ahí salió algo que difícilmente podemos llamar non fiction o periodismo. Es una obra de literatura. Luego, en primer lugar, él no pudo decir en la Polonia bajo el régimen que era una metáfora, pese a lo cual fue entendido así por los lectores polacos. Cuando se publica en el mundo occidental, fue leído por muchos lectores, por la mayoría, como non fiction. Y ahí hay un problema, claro.

¿Para usted nunca fue non fiction?
No.

¿Para él?
Creo que tampoco, aunque nunca lo dijo claramente. Creo que desde el principio cruzó una frontera, no pudo llamar las cosas por su nombre en Polonia porque el libro no hubiera superado la censura y luego lo dejó así.

¿Considera usted importante especificar si un libro es periodismo o literatura?
Claro. Yo recomendaría ese libro a alguien que quiera entender los mecanismos universales del poder, pero no a un estudiante de periodismo que quiera entender el taller del oficio.

¿La polémica generada por su libro en Polonia se debió al estatus de símbolo patrio que tiene Kapuściński?
También por eso, pero creo que debo explicar un poco más sobre el contexto polaco para que los lectores extranjeros puedan entenderlo bien. Antes he hablado ya acerca de las dos narrativas sobre el pasado comunista, la de derecha y la de izquierda, y este libro propone una tercera narrativa algo más difícil de comprender. Por otra parte, tenemos el estatus de deidad de Kapuściński en Polonia, lo que hace que haya quien piensa que no se debe ni siquiera plantear cierto tipo de preguntas, que ya plantearlas es una ofensa. Un tercer asunto tiene que ver con la ideología de Kapuściński. En Polonia, el círculo intelectual, al que yo formalmente pertenezco, es el relacionado con la Gazeta Wyborcza, el periódico donde trabajo, que se adueñó de Kapuściński. Es nuestro Kapuściński. Y es nuestro porque comparte nuestra visión del mundo. Lo que, visto atentamente, no es verdad. Gazeta Wyborcza viene a ocupar en Polonia el espacio que aquí [en España] ocupa El País, aunque más orillado a la derecha. Centro derecha, si se quiere. Liberales en el sentido americano en lo social, pero neoliberales o conservadores en lo económico y geopolítico. Y Kapuściński, como yo explico en el libro, fue siempre un hombre muy de izquierda. Pero eso no quería verse. Incluso en el periódico se publicaban esas entrevistas que yo cito en el libro, en las que Kapuściński expresaba opiniones radicalmente opuestas a la línea del periódico, en lo concerniente a Iraq, por ejemplo. Pero eso no quería verse, nadie quería verlo.

¿Y cómo veía Kapuściński a quien por otra parte parecían gustarle bastante los halagos y el reconocimiento público, que la derecha o el centro derecha se apropiase de su obra o su figura siendo él un hombre tan de izquierdas?
Esa es una muy buena pregunta. Yo creo, y explico en el libro, que todos tenemos diferentes dimensiones y aspiraciones. Por un lado, como hemos dicho antes, Kapuściński era un hombre bastante íntegro y poseía unas convicciones muy firmes, pero no era un ingenuo, sabía bien cómo funcionaba el mundo, sabía bien que el talento no es suficiente, que hay que ayudar a las cosas para que pasen. Y de ahí todo lo que se cuenta en el libro sobre su tránsito por los pasillos del poder de la Polonia Popular, por ejemplo. Él tenía unas ideas y esas ideas están en sus escritos, pero muchas veces están escritas de manera que no irritaran demasiado a según quien, que no molestaran demasiado al mainstream. Puede parecer una contradicción, yo no creo que lo sea, si bien sí es una coincidencia bien extraña, que el hombre enamorado de las revoluciones tuviera ese afán por ser reconocido por el mainstream. Pero para mí lo más interesante de este asunto es que demuestra que ese mainstream que celebraba a Kapuściński nunca leyó atentamente su obra, no leyó con la atención y detenimiento necesario para descubrir que en el fondo las ideas de Kapuściński eran radicalmente opuestas a las suyas. E incluso, muchas veces, esas ideas constituían un ataque a ese mismo mainstream. Él, claro, se aprovechaba de esa ceguera. Kapuściński nunca fue ese tipo disidente, como Noam Chomsky, que estaba en guerra con todo el mundo.

No era el tipo de personaje que a él le fascinaba. No era un revolucionario.
Exacto. Tenía un espíritu revolucionario pero no tenía un comportamiento revolucionario.

jueves, 24 de marzo de 2011

ELIZABETH TAYLOR (1932-2011): BELLA ENTRE LAS BELLAS


Liz Taylor fue un ícono de la belleza mundial en los años 50` y 60`.
Una actriz que hizo de su sensualidad y fotogenia insumos fundamentales para construir -de la mano de grandes directores - personajes femeninos maravillosos, complicados, protagonistas de crisis y melodramas penetrantes, en una época en la que Hollywood creía firmemente en el poder del relato, en la sugerencia acotada por el pudor y en el teatro de la vida como fuente creativa inagotable.
Elizabeth Taylor fue una actriz arriesgada, bella, ductil; una niña-mujer que dejaba salir su costado bestial, erótico, latente, neutralizando cualquier posibilidad de inmovilismo e hipocresía. Que compensaba sus carencias técnicas enarbolando los valores y esencias aprendidos en la MGM.
Recordamos su infantil y breve aparición en la orsonwelliana Jane Eyre (Robert Stevenson, 1944) basada en la novela de Emily Brönte, con Joan Fontaine y Orson Welles, en donde encarna a una niña hermosa que muere de pulmonía en un orfelinato de Gales; y por supuesto sus grandes caracterizaciones de juventud en Ambiciones que matan (A place in the sun, George Stevens, 1951) junto a Montgomery Clift, probablemente su mejor film; La última vez que vi París (Richard Brooks, 1954) con Van Johnson; Gigante (1954) nuevamente de la mano de George Stevens y al lado de Rock Hudson y James Dean; El árbol de la vida (Edward Dymtrik, 1957) una épica del Lejano Oeste con Monty Clift y Eva Marie Saint; Una gata sobre el tejado caliente (Richard Brooks, 1958) a partir del drama de Tennessee Williams, donde intenta seducir al "pobre" Paul Newman; y De repente en el verano (Joseph L. Mankiewicz, 1959) otro dramón de Tennessee Williams con la monstruosa Katherine Hepburn y Montgomery Clift, una vez más.
Y, claro, sus actuaciones de los 60`en ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (Mike Nichols, 1965), junto a su marido de entonces Richard Burton; Reflejos en tus ojos dorados (John Huston, 1967) ese extraño y perturbador film donde comparte protagónicos con Marlon Brando, en el rol de un militar en crisis respecto de su homosexualidad reprimida; ese convincente melodrama llamado Almas en conflicto (Vincente Minnelli, 1965) viviendo un romance prohibido con Burton, nuevamente y Boom (Joseph Losey, 1968).
La vida privada de Elizabeth Taylor fue convocante a su pesar. La actriz trasladó sus romances, matrimonios, divorcios y desdichas a los platós de cine y a los medios de comunicación durante los últimos cuarenta años. Su vida conyugal se volvió una asunto público, de interés (no para nosotros); y no existía una línea divisoria lo suficientemente clara que permitiera distinguir la ficción de la realidad. La Taylor quemó a discreción sus etapas de vida; quiso hallar el amor de muchas maneras; y ayer a los 79 años se fue de este mundo.
Una de las damas más bellas que dió Hollywood en sus más de cien años.
 La mujer de extraños y bellos ojos violeta ha muerto y corresponde recordarla en todo su esplendor.
Transcribimos la reseña del colega Diego Lerer para el Diario Clarín de Argentina.
Oscar Contreras Morales.-


A pesar de haber tenido una carrera relativamente corta, Elizabeth Taylor se convirtió en una de las más grandes y glamorosas estrellas de la historia de Hollywood gracias a su subyugante belleza, a su talento actoral y también a una vida personal bastante agitada que la tuvo siempre en los primeros planos, más allá de su trabajo. “Liz”, como casi todos le decían, murió el miércoles en Los Angeles a causa de un ataque cardíaco. Tenía 79 años.

Taylor fue una estrella desde pequeña y su rostro de ensueño y sus ojos violetas, marcaron a generaciones que la siguieron desde la inocencia de Fuego de juventud (1945) hasta Cleopatra (1963), un proyecto desmesurado que marcó hasta qué punto su figura era icónica y convocante en esa época.
Su carrera incluyó 50 películas (poco para los estándares de las estrellas de Hollywood) y le permitió llevarse dos Oscar a mejor actriz: por su papel como una prostituta en Una Venus en visón y en la adaptación de la pieza de Edward Albee, ¿Quién le tema a Virginia Woolf? , de Mike Nichols.
Si bien no siempre la crítica fue unánime a la hora de celebrar su talento como actriz, en determinados papeles Liz sacaba a relucir sus dotes y demostraba que era mucho más que una estrella bonita y glamorosa, a la que muchos consideraron “la representante cabal del fenómeno de Hollywood”. ¿Por qué? Porque Taylor representaba al cine como arte, como industria y como entretenimiento dentro y fuera de la pantalla.
Pese a que casi no trabajó en las últimas décadas, su fama jamás decayó y hasta el día de hoy (también gracias a sus actividades benéficas, su relación con Michael Jackson, su lucha contra el sida) siguió siendo un ícono.
Muchos directores que trabajaron con ella hablaron de la impresión que les causó. Según Joseph L. Mankiewicz, que la dirigió en De repente, en el verano y en Cleopatra , cuando la conoció a sus 18 años, Liz “era la visión de belleza y encanto más grande que vi en mi vida. Era pura inocencia.” Liz compartió su momento de gloria con otras grandes de Hollywood como Marilyn Monroe, Grace Kelly y Audrey Hepburn, y siempre se la consideró como la más bonita de todas ellas. El director de otro excelente título como fue Ambiciones que matan , George Stevens, la describió como “esa mujer bonita con el que cualquier hombre soñaría con casarse”.
Sin entrenamiento formal como actriz, Taylor llevaba muchas veces su vida personal a sus roles. Y como todo lo que hacía era bastante público, era imposible separar sus papeles de lo que se sabía (o publicaba) de su tumultuosa y ajetreada vida. Taylor era la diva de la que todo el mundo hablaba y comentaba: sus romances, infidelidades, varios matrimonios (tuvo ocho, por lo que su nombre completo debería haber sido, al final, Elizabeth Taylor Hilton Wilding Todd Fisher Burton Burton Warner Fortensky), peleas, problemas con el peso y el alcoholismo, fueron comentadas por millones y millones de fans desde los ‘50 en adelante.
“Tuve suerte toda mi vida -dijo en una entrevista de 1992, al cumplir 60-. Todo me vino servido en bandeja, jamás tuve que pelear por nada: fama, dinero, honores, belleza, amor. Pero pagué por eso haciendo desastres. De cualquier manera, sobreviví. No soy como ninguna otra persona. Soy yo”.
Mitad ángel, mitad seductora, provocativa por momentos e inocente en muchos otros, siempre fue sensual, exhibicionista, al borde de lo vulgar. Y el público lo amaba por todo lo que era, más que por lo que hacía. Aún cuando muchas de sus películas fracasaran, seguía siendo considerada la estrella número uno de Hollywood.
Elizabeth Rosemond Taylor nació el 27 de febrero de 1932 en Londres, hija de Francis Lenn Taylor (un comerciante de arte inglés) y Sara Viola Warmbrodt, quien tuvo una breve carrera como actriz con el nombre de Sara Sothern. Elizabeth pasó sus primeros años en Gran Bretaña con su familia y su hermano mayor Howard, aprendiendo a andar a caballo, talento que le sirvió para conseguir su primer gran papel, en Fuego de juventud , cuando ya vivían en los Estados Unidos, adonde se fueron al comenzar la Segunda Guerra.
Ese papel la convirtió en una estrella, la marcó a lo largo de su carrera y dio pie a su amistad de toda la vida con Mickey Rooney, la gran otra estrella infantil de ese momento. “Es mi película favorita de toda mi carrera”, dijo alguna vez.
Roles como adolescente conflictuada en una versión de Mujercitas que dirigió Mervyn LeRoy en 1949 dieron pie a otro gran éxito: El padre de la novia ,(1950), de Vincente Minnelli, y con Spencer Tracy como su padre. Pero su mejor película hasta ese momento vendría poco después: Ambiciones que matan , de George Stevens, en la que compartió cartel con uno de sus grandes amigos de esa época, Montgomery Clift. La película se llevó seis premios Oscar sobre nueve nominaciones, pero ella no fue candidata.
Roles en Ivanhoe, Beau Brummell y otros filmes menores dieron paso a una dupla de clásicos que hizo entre 1956 y 1957: Gigante (con Rock Hudson y James Dean, otros dos de sus amigos con vidas trágicas) y El árbol de la vida , de Edward Dmytryk, que la reunió con Clift. Por el rol de Susanna Drake en este filme consiguió su primera nominación al Oscar. A esos filmes le siguió la adaptación de La gata sobre el tejado de zinc caliente , con Paul Newman (1958).
En esa época, empezó a sufrir problemas personales cuando su marido de entonces, Mike Todd, murió en un accidente aéreo. Lo que sucedió después (Liz terminó casada con Eddie Fisher, el mejor amigo de Todd, quien dejó por ella a su esposa Debbie Reynolds) es parte de la leyenda de Hollywood.
El Oscar finalmente le llegó por Una Venus en visón (1960), luego de haberlo perdido tres años consecutivos, el anterior nada menos que con su papel en De repente, en el verano , de Mankiewicz, con Katharine Hepburn y, otra vez, su amigo Clift. Para muchos, el premio fue una “palmada en el hombro” de la industria tras haber sido operada de urgencia meses atrás a causa de una fuerte neumonía.
Cleopatra marcó un antes y un después en su carrera y fue, también, la última salva del viejo Hollywood. Con un presupuesto récord de 40 millones de dólares (y con un salario para Taylor de un millón, sin precedentes hasta entonces), fue un proyecto grandilocuente y excesivo que fracasó y casi arruina al estudio Fox. Para muchos, quedará como la película en la que Liz conoció al amor de su vida, Richard Burton. Como ahora se llama “Brangelina” a Brad Pitt y Angelina Jolie, ellos patentaron ese tipo de apodo. Fueron “Dickenliz” y se convirtieron en una de las parejas más célebres de la historia del cine. Su tumultuosa relación tuvo un eco en la pantalla con la intensa versión de Virginia Woolf que hicieron en 1966. La ya madura y entrada en peso Taylor dio una de sus performances más intensas y se llevó su segundo Oscar.
La pareja trabajó en otras películas, pero ya los éxitos empezaron a decrecer. Elizabeth hizo La fierecilla domada , de Franco Zeffirelli; Reflejos en un ojo dorado , con Marlon Brando; Tensión a la madrugada y Miércoles de ceniza , entre otros filmes de los ‘70, en los que Hollywood había cambiado radicalmente y las estrellas de antaño ya no brillaban tanto.
Su separación y nueva boda con Burton, sus problemas con el alcohol y las drogas, su soledad, otros matrimonios y sus complicaciones con el peso fueron los temas que rodearon a la actriz desde entonces. Más tarde empezó a involucrarse en asuntos sociales, a recaudar dinero para la lucha contra el sida y a cultivar una amistad con Michael Jackson, otro trágico personaje con el que se relacionó. De cine, poco y nada desde entonces. Apenas su papel en Los Picapiedras (1994) tuvo cierta repercusión. Su fama corría por otro lado.
Sus problemas de salud, sus constantes internaciones, sus matrimonios y sus luchas sociales definieron sus últimas décadas de vida. Pero no hicieron olvidar su fama, su glamour, su figura, sus ojos violetas, su rostro perfecto y las grandes actuaciones que, cuando quiso, supo y pudo, entregó a lo largo de su carrera.
Tras su muerte, la sobreviven cuatro hijos (Michael Wilding Jr., Christopher Wilding, Liza Todd Tivey y Maria Burton Carson) y nueve nietos. Nunca escribió sus memorias. “Prefiero vivirlas”, dijo alguna vez. Y es cierto que las vivió, día tras día de su complicada, extraña y fascinante vida, bajo los flashes de la fama.