jueves, 28 de julio de 2011

OLLANTA HUMALA, EL LULA PERUANO (Por Juan Arias, Diario EL PAÍS, España)


http://www.elpais.com/articulo/internacional/Ollanta/Humala/Lula/peruano/elpepuint/20110727elpepuint_8/Tes

Por Juan Arias, desde Río de Janeiro.-

Los analistas políticos brasileños consideran que el presidente peruano Ollanta Humala ha elegido ser el "Lula andino", como ha escrito Patricia Campos en Folha de São Paulo. Nadie duda de que Humala ha hecho su elección: ha preferido el camino seguido por Lula en Brasil al de su homólogo venezolano, Hugo Chávez.
Brasil tiene los ojos puestos en cada ficha de ajedrez que mueve Humala para observar si sus afirmaciones de que pretende seguir la trayectoria del expresidente brasileño son reales o fueron solo un subterfugio para ganar las elecciones peruanas, el pasado 5 de junio.
Sin embargo, ya casi nadie se atreve a calificar al presidente peruano de "lobo con piel de cordero". El lobo escondido en él sería Chávez y la piel de cordero con la que se habría cubierto sería la de Lula. Por otra parte, existe, incluso, cierto orgullo de que el nuevo mandatario de un país clave en América como es Perú, haya preferido convertirse, como se convirtió el curtido sindicalista Luiz Inácio Lula da Silva, que tuvo que postularse cuatro veces a las presidenciales hasta conquistar el poder y que lo hizo, como Humala, cuando escogió seguir no los caminos de la revolución económica sino la neoliberal, heredada de su antecesor el sociólogo Fernando Henrique Cardoso, e incluso optó por colocar a hombres suyos, moderados, al frente de Economía y del Banco Central.
Las primeras actuaciones de Humala confirman que ha abrazado el "lulismo" en lugar del "chavismo". Hoy se recuerdan las palabras que pronunció: "Reconocemos que existe un proceso exitoso en Brasil que promete crecimiento económico e inclusión social con respeto por el equilibrio macroeconómico", que fue la fórmula mágica que usó Lula para hacer crecer económicamente a Brasil, llevar a cerca de 40 millones de pobres a formar parte de la clase media y pasar casi inmune por la gran crisis económica mundial que comenzó en 2008.
El hecho de que también Humala escogiera el instrumento del "Compromiso con los peruanos", casi una copia de la "Carta a los brasileños" que firmó Lula en su campaña electoral en junio de 2002, en la que garantizaba que no habría ruptura de contratos, y con la que el exsindicalista espantó definitivamente los fantasmas que aún pesaban sobre él cuando fue elegido, confirma a los brasileños que Perú no va a ser una nueva Venezuela sino más bien un nuevo Brasil.
Los únicos miedos que algunos analistas, como Clovis Rossi, han apuntado, son que la victoria de Humala no fue tan contundente en Perú como la de Lula en Brasil y que Humala no tiene detrás la fuerza de un movimiento político como el Partido de los Trabajadores (PT), íntimamente ligado con todas las fuerzas sociales más progresistas, sin el cual y sin las cuales, Lula nunca habría sido elegido presidente de la República. Sin embargo, se apunta que Humala podría ser incluso "más cauto que Lula" precisamente porque no tiene detrás la fuerza popular que tenía el presidente brasileño.
En Brasil tranquilizan también las afirmaciones de los observadores norteamericanos y europeos que ya no dudan de que Humala está en proceso de profunda evolución y que "se mueve en la órbita del pragmatismo", como ha afirmado The New York Times. Fue el pragmatismo -que a veces chocó con las franjas más radicales de su partido- lo que caracterizó los ocho años del Gobierno de Lula y que siguen siendo visibles en el de su sucesora Dilma Rousseff, cada día más comprometida en su guerra contra la corrupción de lo que nunca estuvo el propio Lula.
Si Brasil pudiera dar un consejo a Humala sería que fuera capaz de realizar las grandes reformas, política y fiscal, que Lula no consiguió por la compleja configuración de la política partidaria brasileña, poco ideologizada y que se mueve con el motor de las prebendas concedidas por el Gobierno a sus respectivos partidos (lo que explica a veces la corrupción) más que a favor de un gran programa político nacional.

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HUMALA JURA LA PRESIDENCIA DEL PERÚ OFRECIENDO UNA BATERÍA DE PROGRAMAS SOCIALES

Ollanta Humala, comandante retirado del Ejército, ha asumido este jueves la presidencia de Perú anunciando una batería de programas de asistencia social orientados a combatir la pobreza y la desigualdad, la principal bandera de la campaña que lo llevó a la presidencia tras una ajustada segunda vuelta contra Keiko Fujimori.
El flamante presidente de 49 años inició luego un discurso de 50 minutos, interrumpido cada tanto por aplausos y abucheos. Su apuesta consiste en extender el alcance del Estado, sobre todo en las localidades más pobres del país. "El Estado se niega a subir a los Andes, a internarse en la Amazonia. Necesitamos más Estado", señaló, y añadió: "La realidad nos exige un nuevo contrato social que haga posible la convivencia de los peruanos".
Sin embargo, y aunque aseguró que no busca la confrontación, sus primeras palabras dieron la impresión contraria. Al jurar por "el espíritu, los principios y los valores de la Constitución de 1979", derogada y reemplazada por el régimen de Alberto Fujimori en 1993, el nuevo mandatario estableció una confrontación directa con la numerosa bancada fujimorista del Congreso, que no paró de protestar, incluso a gritos, a lo largo del resto de la ceremonia, a la que acudieron como invitados la gran mayoría de mandatarios sudamericanos.
Pese a que posteriormente no hizo ninguna mención a la posibilidad de una reforma constitucional, la referencia ha sido considerada por varios analistas como una provocación que pretende situar al fujimorismo, segunda fuerza política en el Parlamento, como su gran antagonista para los próximos cinco años. Tras la ceremonia, algunos portavoces del fujimorismo llegaron a calificar de ilegítimo el juramento del nuevo presidente.
Lejos de un discurso retórico, Humala anunció una serie de medidas concretas, aunque sin dar detalles de cómo las pondrá en marcha. Insistió en su intención de darle al Estado un papel más protagónico como agente y promotor, a través de lo que definió como "una economía nacional de mercado abierta". Señaló que se impulsarán las inversiones en infraestructura, especialmente en carreteras y proyectos ferroviarios, y promoverá la creación de una marina mercante y una línea aérea nacionales. También aseguró que respetará los contratos firmados por el Estado, pero renegociará con las empresas mineras para que sus ganancias extraordinarias lleguen a todos los peruanos.
El mayor énfasis estuvo puesto en los programas de asistencia social. Humala anunció algunas medidas concretas, como el aumento del salario mínimo en dos etapas, hasta establecerlo en 750 soles mensuales (cerca de 200 euros) y reafirmó la aplicación de los planes de asistencia social que formaron el núcleo de su oferta electoral, como la pensión para los adultos mayores en situación de pobreza (llamado Pensión 65), el programa de cunas infantiles (Cuna Más), alimentación gratuita en los colegios estatales y un programa de becas para los estudiantes de bajos ingresos. Todos estos planes se aplicarán de manera progresiva en los 800 distritos más pobres del país. "Todo cambio, para ser sostenible, debe ser gradual y racional", enfatizó.
Para llevar a cabo sus anunciadas políticas sociales, Humala anunció la creación de un nuevo Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, así como un Consejo Económico y Social, integrado por representantes del empresariado, los trabajadores y la sociedad civil. Aseguró que Perú ha votado "por el crecimiento con inclusión" y se comprometió a mantener el equilibrio fiscal que ha caracterizado al país en la pasada década y que le ha permitido crecer a un ritmo de hasta el 9% anual.
Respecto a la política exterior, insistió en que honrará los acuerdos comerciales firmados "con países y bloques amigos", y que su apostará por la integración regional, con la Comunidad Andina de Naciones y Unasur como instrumentos principales. Por la tarde, los mandatarios sudamericanos (estuvieron todos, menos Hugo Chávez y Fernando Lugo, por motivos salud) celebraron el primer encuentro con el nuevo presidente peruano.

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