miércoles, 24 de octubre de 2012

DESUNION EN EL GREMIO CINEMATOGRÁFICO PERUANO, escribe Óscar Contreras



Sobre la crisis institucional del cine peruano quiero decir algunas cosas:

1) Se viene consumiendo miserablemente tiempo, energía y recursos en un enfrentamiento ridículo (DICINE vs. los supuestos beneficiarios del régimen anterior).

2) La tan esperada (como imposible) batalla entre cineastas "pitucos" vs. cineastas "cholos"; entre realizadores "rojos" vs. realizadores "conservadores"; entre el "cine guerrilla" vs el "establishment"; es improductiva y no constituye una oportunidad de cambio. Por el contrario alimenta prejuicios y temores entre los gremios así como la oscuridad.

3) No recuerdo una etapa tan complicada, turbulenta y dominada por la angurria como la actual.

4) El cine peruano vive un "enmierdamiento" generalizado por culpa del poder y la plata.

5) Mientras varios afilan los cuchillos en la sombra del sectarismo, movidos por la venganza, invocando dogmas trasnochados e improductivos, otros quieren mantener el status quo y las ventajas que éste les reportaba.

Ya estuvo bueno. Ya paren la mano.

En un país como el Perú (con un mercado cinematográfico tan pequeño, pervertido por las prácticas oligopólicas de las majors) hacer cine es difícil y carísimo. Gestionar los costos de producción de una sola película es una tarea titánica, desalentadora y fallida en la mayoría de casos. Armar un budget y una buena producción no son moco de pavo. Por eso los productores exitosos merecen todo mi respeto. En apoyo de esos directores y productores, el Estado tiene que formular políticas públicas eficaces e instituir múltiples canales de financiamiento.

Sin embargo, de ahí a proponer la existencia de una Dirección General de Industrias Culturales dentro del Ministerio de Cultura hay una desviación o, mejor dicho, un desvarío.

Creer que el cine peruano podrá convertirse en una industria cultural; creer que una manifestación artística del Perú (cualquiera) desarrollará líneas de producción en un futuro no muy lejano, es no solo una entelequia sino una veleidad chauvinista.

Todo se parece a los años 20. Cuando se quería articular el movimiento socialista-obrero sabiendo que el desarrollo industrial en el Perú era precario y no existían ni proletarios ni burguesía ni élites. Igual pasa con la gestión del cine en estos momentos. Se quiere hacer "cine guerrilla" y contradictoriamente promover una "industria del cine" cuando nuestros realizadores apenas y descubren, dominan, reflexionan e instrumentalizan los elementos y las esencias del cine.

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