sábado, 30 de abril de 2011

ERNESTO SÁBATO (1911-2011)


FALLECE EL ESCRITOR ARGENTINO ERNESTO SABATO

Soledad Gallego-Díaz - desde Buenos Aires, Argentina

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Fallece/escritor/argentino/Ernesto/Sabato/elpepucul/20110430elpepucul_2/Tes

Ernesto Sabato, el gran escritor argentino autor de Sobre héroes y tumbas y El túnel, pero también el hombre atormentado y horrorizado que presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) ha fallecido en la madrugada de hoy sábado, dos meses antes de cumplir 100 años. Sabato, que iba a ser objeto mañana de un homenaje en la Feria del Libro de Buenos Aires, padecía una bronquitis que no pudo superar, según ha anunciado su compañera Elvira González Fraga. El velatorio se realizará en la localidad de Santos Lugares, muy cerca de la capital porteña, donde tenía su domicilio.
Descendiente de padre italiano y madre albanesa, Sabato está considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana no solo por sus novelas, incluida Abaddón el exterminador, sino también por su amplia obra ensayística sobre la condición humana. Obtuvo el Premio Cervantes en 1984, ocasión en la que pronunció un discurso en el que describió a El Quijote como "un simple mortal, tierno desamparado, andariego, el hombre que alguna vez dijo que por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida".

Sabato tuvo también una vida andariega, marcada por la literatura y por su compromiso ético que le llevó al final de su vida a declararse mas cercano al "anarco-cristianismo" que al activo comunismo de su juventud. El escritor empezó su vida profesional como físico, en Zurich (Suiza), pero muy rápidamente comenzó su actividad literaria y su amistad con el Grupo Sur, donde conoció a Victoria Ocampo y a Jorge Luis Borges, con quien mantuvo siempre una relación conflictiva pero que dio origen, en 1976, a un hermoso libro titulado Diálogos con Jorge Luis Borges.
Su primera gran novela, El túnel (1948), un agudo ensayo psicológico, lleno de ironía, pero también de amargura y del pesimismo que marcaría toda su obra posterior, le proporcionó un inmediato reconocimiento no solo en Argentina sino internacional. Su segunda novela Sobre héroes y tumbas, que incluye su estremecedor Informe sobre ciegos, le confirmó como un autor extremadamente original y le colocó entre ya entre los autores mas grandes en lengua española.
La vida y la importancia de Ernesto Sabato, no se comprende sin su faceta de luchador por los derechos humanos y su compromiso contra la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983pese a que en los primeros meses del golpe participó en una comida con el general Jorge Videla, a la que asistió también Jorge Luis Borges. Sabato cambió de opinión al conocer los continuos asesinatos y abusos contra los derechos humanos que protagonizaba la dictadura y, como ha recordado la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, "firmó todas las peticiones que pudo reclamando la aparición con vida de quienes habían sido secuestrados".
Terminada la dictadura, Ernesto Sabato recibió el encargo del primer presidente democrático, el radical Raúl Alfonsín, de formar parte de la recién creada CONADEP. El equipo de investigación de la Comisión recogió el testimonio y documentó minuciosamente 8.960 desapariciones y la existencia de 340 centros de detención ilegal y tortura. El informe titulado "Nunca Mas", pero conocido también sencillamente como Informe Sabato, fue entregado a Alfonsín en un acto inolvidable para la inmensa mayoría de los argentinos, el 20 de septiembre de 1984, y dio origen al procesamiento y condena de los máximos responsables de las juntas militares de la dictadura, que fueron enviados a la cárcel. Sabato se opuso siempre a las leyes de Punto Final y a los posteriores indultos concedidos por el peronista Carlos Menem.
Ernesto Sabato sufrió durante años una fuerte depresión y pasó sus últimos días recluido en su domicilio, sin escribir prácticamente pero pintando, su segunda vocación artística, que siempre supo compaginar con la literatura. "La razón no sirve para la existencia", afirmaba. No quería que se le encasillara en ninguna tendencia literaria: "Tengo con la literatura la misma relación que puede tener un guerrillero con el ejército regular". Sabato afirmaba creer en el hombre, "a pesar de ser el animal más siniestro. "La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse", se quejaba.

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LA AGONÍA DEL OLVIDO INUSTO

Por Abel Posse

http://www.lanacion.com.ar/1369658-la-agonia-del-olvido-injusto

Compartir.La peor agonía para un creador es la del olvido injusto, el ninguneo. Y nuestra sociedad bastante enferma no le ahorró esa ingratitud.
Su carácter conflictivo y muchas veces arbitrario se dibujaba en las arrugas de su frente. Le dolía la Argentina, le dolía el mundo y vivió con intensidad la obvia falta de soluciones que toda generación padece.
Intentó la grandeza en tiempos que la Argentina, en todas sus manifestaciones creativas, no dudaba de ser un país de primer orden.
Su formación es admirable: pensamiento marxista, la filosofía existencial, el humanismo de Camus y de Sastre, la experiencia científica concretada en sus estudios en Francia, donde como físico se aproxima al conocimiento nuclear.
Pero al mismo tiempo, el demonio libertario de la creación literaria lo aleja del racionalismo gnoseológico y lo lleva a optar, con la joven Matilde, su esposa, a encerrarse en una tapera bucólica en Córdoba para crear los fundamentos de su literatura: ensayos Uno y el Universo, Hombres y engranaje, Heterodoxia y tantos otros.
Pero comprende que la novela (la gran novela en el sentido de los maestros rusos Dostoyevski, Tolstoi o de los alemanes Mann, Hesse; o Proust y Joyce), son el camino de una visión total del hombre y de la vida, una Weltanschauung.
Tal vez el momento más intenso de amor y creación lo vive con Matilde en su rancho cordobés, donde planifica y escribe su obra mayor, Sobre héroes y tumbas. En ella se propuso una visión total de la Argentina, desde su historia (evocada en la personalidad trágica de Lavalle con el poema en prosa, la elegía, de su muerte y el cruce del altiplano llevado por sus fieles). Dibuja estilos sociales, felicidades, personajes pintorescos, perversos de alcurnia, y la desesperación de los jóvenes ante un mundo de respuestas equivocadas. La época coincide con la caída del peronismo.
Sabato logra escribir un libro argentino que tuvo repercusión internacional amplia. Junto a Borges y Cortazar, ocupó el terceto de la fama literaria argentina.
Vanidoso, irónico, conflictivo, atento con los jóvenes, independiente en política, renegado del marxismo totalitario (incluida la Cuba castrista). Empeñadamente antiperonista, su figura era la de un anarquista liberal, un anarquista crítico.
Prefirió expresarse al cómo expresarse. En Abaddon, el Exterminador, de 1984, intentó avances en el ocultismo y en las quiebras de la espiritualidad occidental.
Fue premiado, alabado, invitado, pero en estas dos últimas décadas, injustamente relegado, se le dedicó una especie de silencio perverso como si hubiese vivido más tiempo del que sus enemigos consideraban adecuado.
En un momento de eclosión de la gran literatura latinoamericana (Rulfo, Guimaraes Rosa, Borges, Lezama Lima, García Marquez, José María Arguedas) el lenguaje literario de Sabato tenía mucha intensidad pero tal vez menos creatividad estética.
Con sus errores, su vanidad, sus compromisos, su voluntad argentina, su fe en el conocimiento literario, Sabato es una personalidad grande que dedicó la vida a escudriñar luces y bajones de sombra.
Se resistió a aceptar la idea de un laberinto sin salida.

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LA LITERATURA COMO MALESTAR EN EL MUNDO

Por Ernesto J. AYALA-DIP

http://www.elpais.com/articulo/cultura/literatura/malestar/mundo/elpepucul/20110430elpepucul_5/Tes

Ernesto Sabato llega a la novela cuando ve la posibilidad de salvar el callejón sin salida a que lo abocaba la ciencia. Esta idea la recoge en Uno y el universo (1945) y en Hombres y engranajes seis años después. En realidad el problema no desaparece porque él se incline definitivamente por la literatura, sino que en esta dimensión imaginaria puede aprehender y hacer comunicable ese insalvable abismo que el escritor argentino considera que separa la ciencia -su utilización de ella- del hombre. O del humanismo. Desde el abandono de la práctica de la ciencia -Sabato fue físico-, la novela le permite resituarse en el corazón de la verdadera existencia. Extraviado en la ciencia, el hombre no tiene más remedio que refugiarse en el arte. Atrapado en la red cosificadora de la práctica científica, el hombre puede encontrar en la novela su sed de misterio. Nunca creyó Ernesto Sabato en la crisis de la novela, aunque hacia los años sesenta se rebeló contra la dictadura estética de moda: el nouvelle roman (Tres aproximaciones a la literatura de nuestro tiempo, 1969). Siempre salvaguardó a esta de todos los intentos de redefinición, porque nunca dudó que fuera la novela el espacio ideal para airear los demonios del hombre contemporáneo.
En sus tres novelas, El túnel (1948), Sobre héroes y tumbas (1961) y Abbadón el exterminador (1974), el hombre se convierte en ser, sus personajes en indicios metafísicos y sus tramas en itinerarios infernales. Para Sabato el hombre es un misterio que vale la pena indagar. Desde el misterio el hombre debe combatir el racionalismo. Asi aprovecha Sabato el surrealismo y la impronta camusiana. La novela, con todos los recursos compositivos que la modernidad le presta, le sirven al autor para acercarse al amor, la muerte, el mal y el más severo pesimismo. Obligadamente resumido, éste es el perfil filosófico y narrativo de Sabato. Coherente, pertinaz en la búsqueda de verdades y pesimista en el diagnóstico moral del presente. En 1981 publica La robotización del hombre. Tres años más tarde le sigue Nunca más, terrible y dolorosa crónica de investigación sobre los desaparecidos durante la dictadura de los militares comandados por Rafael Videla. No es hasta 1999 que edita Antes del fin. Un texto autobiográfico, pesimista. Contradictorio y agustiniano. Radical en la premonición de un futuro desesperanzado. Su destinatario era la juventud argentina. Y en cierta manera, un libro de despedida.

Pero por sobre todas estas consideraciones y tantas otras como se puedan y deban consignar, Ernesto Sabato es el autor referencial de Sobre héroes y tumbas. Esta novela, que tantas discusiones e interrogantes abrió, le llevó al escritor argentino 13 años de trabajo infatigable. Para muchos de sus compatriotas esta es la novela de Alejandra Vidal. Para otros el relato de iniciación de Martín del Castillo. Para algunos el desasosegante, además de mil veces leído y releído y reinterpretado, Informe sobre ciegos. Para todos, la metáfora de una Argentina de historia convulsa, trágica y llena de enigmas históricos y políticos. Naturalismo, ironía, sarcasmos, la búsqueda de un sentido existencial, el enfrentamiento nihilista ante lo que no se puede explicar. Pero para mí, Sobre héroes y tumbas será siempre la primera novela argentina que leí. Y, sobre todo, para gran parte de la generación de argentinos a la que pertenezco, la novela de la hiriente, indescifrable y sublime Alejandra.

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