martes, 29 de noviembre de 2011

EFECTOS DEL VIRAJE DE HUMALA (Por Víctor Andrés Ponce, para el Diario EL COMERCIO)


http://elcomercio.pe/impresa/notas/efectos-viraje-humala/20111127/1339957

Escribe Víctor Andrés Ponce.-

La decisión del presidente Ollanta Humala de respaldar el proyecto Conga en Cajamarca y enfrentarse a los chantajes extremistas ha modificado el panorama político. Echando mano de viejas geografías, se podría decir que hoy la ‘derecha’ respalda al régimen y la ‘izquierda’ está desconcertada. Un sector radical, inclusive, se declara en guerra contra el Estado. Sin embargo, considerando que en los últimos diez años la democracia se ha sacudido hasta los cimientos con estas protestas (Arequipa y Bagua, por ejemplo), ¿cuál es la fórmula del régimen para resolver los más de 200 conflictos sociales que reporta la Defensoría del Pueblo?

Humala no tiene un partido propio y sus relaciones con la izquierda entran en observación clínica. El Estado está fragmentado bajo una regionalización que ha creado 24 presidentes regionales, muchos de ellos malos gobernantes, que tienden a culpar a la administración central hasta de la falta de lluvias. El margen de maniobra del régimen es estrecho, sobre todo, si recordamos cómo Toledo y García sudaron la gota gorda con el asunto y, al final, se remangaron la camisa y se lavaron las manos. En este contexto, ¿es descabellado pensar que Humala militarice la respuesta al conflicto social? Hasta por leyes físicas de espacio es una real posibilidad. El tema ya está sobre la mesa y el propio Alejandro Toledo acaba de anunciar que saldría a las calles si el gobierno se inclina por semejante opción.

La militarización de cualquier respuesta no solo sería ineficaz para resolver los conflictos sociales sino que resucitaría los fantasmas autoritarios que rondan el Perú desde las elecciones del 2006. La propia gobernabilidad del país pasaría a cuidados intensivos. Sin renunciar a la autoridad y al ejercicio de la ley contra los extremismos, quizá el único camino que tiene el régimen es desarrollar un gran pacto con fujimoristas, toledistas, apristas, pepecistas y demás fuerzas políticas, de modo que el Estado vaya a la provincia y, mediante una política de diálogo, se demuestre que los dirigentes radicales no defienden el medio ambiente ni a los pobres sino que representan un proyecto bolivariano y autoritario.

Es evidente que la decisión de Humala, de respaldar el proyecto Conga, seguirá causando explosiones nucleares en el tablero político. No sería nada extraño que Alejandro Toledo y Perú Posible se corran a la izquierda y, por momentos, se mimeticen con los discursos extremistas. Tampoco sería nada extraño que Humala nos sorprenda con una alianza con el fujimorismo de consecuencias inesperadas. Así suceden las cosas en una democracia sin partidos políticos, pero, en todo caso, existen buenas señales. El presidente parece que ha optado, aunque siempre vale dormir con un ojo bien abierto.
 
(*) Escritor y periodista consultor ILD


ENTREVISTA A CARLOS TAPIA (por Milagros Leiva, Diario EL COMERCIO)

 “Luis Favre tiene excesivo poder”

En la sombra. Tras su abrupta salida de la PCM, acusa al asesor brasileño de ser un agente del trotskismo internacional. Cuestiona al presidente. Dice que Humala no sabe delegar y confía demasiado en un extranjero
 
Por: Milagros Leiva Gálvez
Domingo 27 de Noviembre del 2011
 
Miembro del colectivo Ciudadanos por el Cambio, Carlos Tapia acaba de renunciar, mejor dicho lo obligaron a renunciar a la PCM. Estuvo en contra del viaje de Alexis Humala y cree que Chehade debió renunciar hace rato a la vicepresidencia. Aquí, lo que piensa del círculo íntimo del presidente Humala.

¿Qué es lo que realmente ha pasado? Cuéntenos la verdad.
El sorprendido he sido yo. Se dio una orden para que se me pidiera mi renuncia como asesor a la Presidencia del Consejo de Ministros, se me comunicó de manera fría, verbal. Primero fue mi gran amiga, la jefa del gabinete de asesores, Cecilia Israel, y después Salomón Lerner me dijo que el presidente Humala había pedido mi renuncia y que estaba fastidiado con las declaraciones que hago. Me enseñó un legajo que, obviamente, era un seguimiento de inteligencia, había declaraciones mías sobre Nadine Heredia que eran falsas.
Usted ha sido positivo con Nadine, dijo que ve con ojos positivos su candidatura en el 2016…
En realidad, dije que la mayoría de los sectores que apoyan a Ollanta no ve con malos ojos a Nadine, pero obviamente la ley lo impide. Ella es una persona que puede cumplir una gran labor política, es una persona muy joven y tiene un techo muy amplio.
García fue presidente a los 35…
Sí, pero Alan no era el esposo de la presidenta Pilar Nores, hay que poner las cosas en su lugar.
¿Usted vio un seguimiento de inteligencia a su vida privada?
No, pero conozco los métodos.
¿Quién es el jefe de la DINI?
No sé su nombre, pero es un capitán del Ejército en retiro que ha trabajado como responsable de la seguridad de la mina Antamina. Primero el jefe iba a ser el coronel Goycochea, que sí es especialista en inteligencia, pero curiosamente, y no sé con qué argumentos, apareció este capitán.
Será Víctor Gómez Rodríguez… ¿No es grave que el jefe no sea un oficial de carrera en inteligencia?
No es grave, pero es bastante extraño. Es un descuido que puede tener repercusiones graves. ¿Por qué no nombraron a Ketín Vidal, que estaba en la baraja? Si existe amenaza interna a la seguridad por el tema de la minería, tener a alguien con relación estrecha a las grandes mineras no es adecuado.
¿Por qué dice eso?
Porque la información que maneja es muy grande. Lo mismo sucede con los problemas en la represa de Inambari, si esos problemas afectan o no la seguridad y si son empresas brasileñas o no.
Usted no entiende la presencia del asesor Luis Favre, ha dicho que tiene mucho poder.
Él ha tenido un comportamiento exitoso en la campaña electoral, pero hay que relativizarlo porque si en la segunda vuelta pasaban Toledo y Ollanta, seguramente Favre no hacía ganar a Ollanta, lo mismo si pasaba PPK. La cosa se facilitó mucho porque pasó Keiko y, por lo tanto, el asesor de imagen que aparece victorioso debe entender que hubo circunstancias excepcionales. Un asesor de una campaña electoral cumple su función de asesorar la imagen del candidato, asesora qué se dice, cómo se dice y qué no se dice. Si esa misma persona sigue siendo el responsable de la imagen del presidente de la República, se encarga de aconsejar y decir qué cosa se debe decir, qué cosa no se debe decir y en qué tono se debe decir, el resultado no es la pérdida de elecciones, el resultado es una decisión gubernamental que afecta al conjunto del país.
¿Por ejemplo?
Cuando Ollanta dice Conga va, es porque lo ha consultado con Favre; luego sale a decir en Moquegua que lo principal es el agua y corrige el error, ¿de quién es la responsabilidad? Si lo hubiera dicho antes, no habría sucedido lo de Cajamarca. Favre tiene excesivo poder y yo no tengo nada en contra de los asesores, pero mejor serían asesores peruanos. ¿Por qué tenemos un asesor extranjero en decisiones de Estado cuando hay intereses de empresas brasileñas?
¿Ollanta le está pagando la factura al apoyo brasileño?
No lo sé, pero todo esto yo lo he dicho al interior del gobierno.
¿Se lo ha dicho al presidente?
No, a él no lo veo hace tiempo, nuestra relación se resquebrajó cuando yo planteé la necesidad de ir como Gana Perú y organizar un gran frente y él solo pensaba en ir como Partido Nacionalista. Hoy Luis Favre me está sacando unos ‘tweets’ muy ofensivos. Entre otras cosas ha dicho: “Tanto va el agua al cántaro que se rompe, señal que avanzamos, Sancho”.
¿Y qué significa eso?
Que este brasileñito que baila bien tango tiene el atrevimiento de involucrarse de tal manera en la política peruana que con desparpajo me dice: “Tú has sido derrotado y nosotros seguimos avanzando”. ¿Quién es nosotros? Él es un simple asesor de imagen. No se puede arrogar ese tipo de poder. Me ha sacado porque estuve diciendo cosas, ¿en contra de quién? Eso demuestra mi hipótesis, hay un grupo que está avanzando al interior del gobierno y representa intereses oscuros. Favre, que es un seudónimo trotskista, debería dar la cara y no huir del país.
¿Favre ha huido?
Ha salido del país el viernes.
¿Favre es un seudónimo?
Los comunistas y trotskistas usan seudónimos, yo no tengo idea de cómo se llama. Favre vino al Perú en 1980 para romper la Alianza Revolucionaria de Izquierda (ARI), él no ha llegado recién, es un agente trotskista internacional, esto no es novedad.
¿Ollanta sabe todo esto?
Sospecho que lo sabe porque, si no, la inteligencia que tiene sería demasiado débil. Sería una payasada. Favre llega en el 80 con el objetivo concreto de que Hugo Blanco fuera el candidato y todos queríamos que fuera Barrantes. Cuando pensábamos ganar con Barrantes, él lo acusa de ser moderado y reformista, él viene, cuadra al trotskismo y se rompe ARI. Aquí existen intereses brasileños y hay que decirlos, Brasil dice que en el Perú se hagan las represas para no contaminar su selva, ¿no crees que uno tiene derecho a decir esto en voz alta? Yo lo hice. ¿Por qué no se hace público? Que salga Favre y diga cuáles son sus tareas.
Solo sabemos que es canoso, alto.
Bien parecido, que se ha casado cuatro veces y baila tango. Se ha ido después del ‘tweet’ que me manda. Sabe todo lo que voy a decir. Yo no me voy a quedar callado.
¿Le preocupan los rumores que dicen que Adrián Villafuerte es el Montesinos de Ollanta y que Favre quiere ser más que Montesinos?
Esos rumores existen, es cierto. Pero Favre no es tan oculto en ciertos niveles de gobierno. Se relaciona con grupos parlamentarios, interviene para decir cómo se vota, convence de quiénes deben participar en qué comisión y cuál no.
¿Qué cosa? ¿Él ordena todo?
No todo, pero tiene una injerencia mayor que la de un simple asesor de imagen. Si no, ¿por qué me insulta en Twitter? ¿Con qué atrevimiento y soberbia insulta así?
¿Qué dijo usted dentro del gobierno, qué estuvo criticando?
Yo solo estuve criticando a Favre. Dije: ¿por qué tenemos a un brasileño con tanto poder e injerencia?
¿No que Humala es nacionalista?
Por alguna razón está en la inercia de considerar que ganó las elecciones por la asesoría de Favre.
¿Humala cree que le debe a Favre su lugar en Palacio?
Puede ser, no lo sé, pero lo que sí sé es que tiene excesivo poder y no es conveniente para un proyecto de cambio, como el que propugnamos, depender de la incidencia de alguien que tiene cercanía con un país que tiene empresas e intereses comerciales en el Perú. ¿Tú crees que Rousseff o Piñera tendrían un asesor peruano? Jamás, es una cuestión de dignidad, de soberanía. Eso lo decía en la PCM e imagino que lo han grabado y llegó a los oídos de Ollanta.
¿Lo han hackeado?
Tengo la absoluta seguridad de que me han grabado y seguido. Si me siguen, sabrán que voy a la casa de mi suegra y de mis hijos.
¿Por qué esperó que le pidieran su renuncia para que nos cuente todo esto?
Porque el día que me piden la renuncia me entero del seguimiento. Cuando veo las cosas de la DINI, entiendo que hicieron conmigo una operación militar. Yo he criticado frecuentemente a Favre dentro y fuera de la PCM, pero ni idea de que me andaban haciendo un seguimiento, y me preocupa porque no solo me lo pueden hacer a mí sino a cualquiera. Favre no quiere ser entrevistado por las cosas que te digo y Villafuerte no declara porque no es inteligente.
Recuerde que fue el brazo derecho del general Saucedo…
Pero cargaba el maletín pues.
¿Y quien carga el maletín no aprende todas las mañas?
Claro, puede cargar tres maletines y saber todo, pero yo sospecho que en el caso de Villafuerte él ha sido entrenado para ser un buen felpudo. No tiene ideas de ningún tipo. No es brillante. Él dice que hay muchos rojos en el gobierno, también dice que a veces la democracia no es útil.
¿Eso dice?
A veces dice y no es ninguna novedad. Eso sucede en el núcleo, esa es la pelea entre los nacionalistas auténticos y el resto. Muchos tienen ideas que no son concordantes con la democracia, felizmente Ollanta no sigue ese punto de vista, él cree que la democracia es necesaria para realizar los cambios permanentes. Ollanta está cumpliendo los compromisos de la hoja de ruta. Hoy yo estoy dolido y decepcionado, pero seguiré trabajando por la transformación del país en democracia. Eso sí, nunca me quedaré callado.
¿Entonces lo botaron porque usted sabe cosas?
Y no quieren que hable. Si no lo hiciera, no sería consecuente con mi concepción de la ética y la política.
¿Es verdad que Salomón Lerner le dijo que el presidente Humala indicó “O te vas tú o se va él”?
Eso me fue informado, por qué lo dijo así no tengo la menor idea. Eso me contó la jefa del gabinete.
¿Conversó con el presidente?
No.
¿Sigue creyendo que Ollanta Humala sí es un demócrata?
Se ha dado cuenta de que tiene que hacerlo en democracia. La correlación de fuerzas existentes impiden hacer otra cosa. Es una opción realista, por eso el gobierno es de concertación.
¿Qué pasará con Conga? El ministro del Ambiente ya dio reparos…
Ollanta está diciendo que primero es el agua. Sería un error muy grande no llegar a un acuerdo. Debe existir el proyecto Conga, pero debe tomarse en cuenta el impacto ambiental. Extraer el oro, pero con tecnología innovadora. ¿Por qué tiene que ser desaguando las lagunas? Que se invierta en tecnología. Yo pienso eso y por lo mismo me sorprende el seguimiento del trío de la muerte.
¿Cuál es el trío de la muerte?
Favre, Villafuerte y el capitán jefe de la DINI.
¿Entonces Ollanta es un gobernante débil que se deja manejar por el trío de la muerte?
No creo que sea débil, lo digo con franqueza. Sí creo que cada uno es responsable de su historia y de sus circunstancias. Una cosa es alguien que ha sido militar, está acostumbrado a mandar y a obedecer sin dudas ni murmuraciones. Y más si es un comandante.
Que no llegó a general…
Y que no tuvo Estado Mayor. Ollanta, cuando fue comandante, solo tuvo el comando de una batería antiaérea en Locumba. Tuvo bajo su mando a 60 personas. Un comandante no deriva responsabilidades, un general sí.
¿Y hoy qué diría: Humala es general o comandante?
Ollanta es comandante. Presidente de la República y no sabe delegar mucho, lo digo con franqueza, con la experiencia y el tiempo irá aprendiendo, todavía hay muchas trabas para la toma de decisiones.

 

viernes, 25 de noviembre de 2011

DEVOTOS DE LA PALABRA (por Colm Toibin)



 En Estados Unidos, The New York Review of Books y, en Reino Unido, The London Review of Books y The Times Literary Supplement representan un club exclusivo de personas serias que están dispuestas a leer largos ensayos sobre libros nuevos. Los libros no se eligen por su posible popularidad, sino por su valor. Los críticos no se eligen por su celebridad, sino por su inteligencia. En The London Review of Books, si uno recomienda un libro empleando una expresión descuidada que puede citarse fácilmente en la edición en rústica o en un anuncio (palabras como "excelente" o "deslumbrante" o "su mejor libro hasta la fecha"), los redactores eliminan esa parte de la reseña, porque quieren que uno diga algo más serio e interesante. Mientras que las páginas sobre libros del periódico The Guardian en Londres, por ejemplo, o The Irish Times en Dublín o The New York Times están disponibles gratuitamente en Internet y se leen en todo el mundo, The Times Literary Supplement sólo está disponible mediante suscripción, y The New York Review of Books y The London Review of Books solamente ofrecen una selección de las reseñas de forma gratuita en Internet. Esto disminuye su influencia pero, por otro lado, hace que los lectores sientan que sus páginas contienen algo valioso e importante, algo por lo que los lectores tienen que pagar, no sólo con una suscripción, sino también con una atención cuidadosa.
Existe ahora una sensación placentera de que somos una raza en extinción. Yo escribo a mano y uso tinta. Me siento en una habitación solo y en silencio, y trabajo de la misma forma en que han trabajado los escritores durante muchos siglos. Escribo para los lectores, pero yo mismo también soy un lector. Quizás todos los demás lectores habrán desaparecido pronto; estarán muertos o habrán salido de compras, o estarán permanentemente en Internet, o viendo DVD, o escribiendo en Twitter y mandando mensajes de texto hasta su muerte (o la de otros). Puede que el tiempo de atención de los humanos se debilite y acorte. Pero me encanta pensar que siempre habrá suficientes de nosotros, unos pocos miles de seguidores devotos de la palabra escrita, creyentes en formas y estructuras en las que se ha confiado durante mucho tiempo; y, sumados a esos, 100.000 personas más que creen a medias en la palabra, como ahora otros creen a medias en Dios, y que pueden ser convencidas e influenciadas. Quizás, en el futuro, tendremos conocimiento de los buenos libros de la misma forma en que otros tuvieron conocimiento del cristianismo durante los primeros siglos tras la muerte de Cristo, o los musulmanes tuvieron conocimiento del islam. Las noticias se susurrarán. Algo aparecerá impreso. Lo reconoceremos cuando lo veamos y nos aseguraremos de transmitirlo a otros. Ser el único que lea una nueva novela, o un nuevo poema, sería sin duda una tarea solitaria, incluso si la lectura en sí misma es solitaria por definición. No desapareceremos. Estén atentos a nosotros.

Traducción de News Clips. Colm Tóibín (Enniscorthy, Wexford, Irlanda, 1955), escritor y crítico de The New York Review of Books y Irish Time, es autor de The Modern Library: the 200 Best Novels Since 1950 (con Carmen Callil). En España su último libro publicado es la novela Brooklyn (Lumen, Debolsillo y Amsterdam). www.colmtoibin.com.

BERNARD PIVOT: CADA LIBRO EN SU SITIO (por Ana Teruel, Diario EL PAÍS, España)

 
 
 
 http://www.elpais.com/articulo/portada/Bernard_Pivot/libro/sitio/elpepuculbab/20111126elpbabpor_3/Tes

Cuando presentaba Apostrophes, el programa literario de la televisión francesa con el que triunfó en los años ochenta, y luego Bouillon de Culture, en los noventa, Bernard Pivot (Lyon, 1935) recibía en su casa casi un centenar de libros diarios. Los abría él mismo uno por uno -"es un placer que nunca le dejé a otra persona", dice-, le gustaba romper el papel del envoltorio, descubrir la obra y leer las dedicatorias. En aquella época, leía unas 10 horas diarias y acumulaba en su piso de 270 metros cuadrados en el centro de París pilas y pilas de libros. Pero siempre mantuvo cierto orden. "Hay que defenderse de los libros, si no controlas los flujos, te rindes, te acaban invadiendo y te arriesgas a perder a tu familia, que simplemente renuncia", resume. Ahora vive solo en un apartamento situado en el segundo y último piso de un pequeño edificio que antiguamente formaba parte de una sala de espectáculos. El ritmo de donaciones literarias ha disminuido, aunque los correos siguen llegando por decenas. Pivot, que sigue escribiendo sus propias obras y colabora con Le Journal du Dimanche, ha recibido el premio de la Asociación de Editores de Madrid por su divulgación literaria. "Los únicos que todavía no me han premiado son los editores franceses", bromea.
En su atípico salón, nada más entrar en su casa, bajo la cúpula de cristal que ilumina la sala, la estantería de la entrada a la derecha luce los volúmenes más decorativos: ediciones antiguas y libros de arte. Junto a la mesa del comedor, funcional, en la que se acumulan algunas pilas de tamaños controlables, otra gran librería medio vacía, que respira, es donde están durante un semestre como mucho los nuevos libros. "Los que ya no me interesan los coloco allí, detrás de la puerta", comenta el crítico. Pivot no sabe cuántos libros tiene, ni le interesa. Están de paso y los va regalando: a su hermana germanófila van dirigidos todos los que son alemanes, miles de obras han ido a parar a la biblioteca municipal de su pueblo y ahora está donando a las cárceles. Pero hay unos que son especiales: están en su despacho, donde cohabitan con dibujos dedicados por Eduardo Arroyo, alguna fotografía, recuerdos de sus mundiales futboleros -Pivot ha sido también periodista deportivo- y un macbook plateado. Una estantería adaptable de madera, que le ha acompañado en sus tres últimas mudanzas, y que en cada una de ellas ha ido perdiendo un poco de superficie, se extiende ahora por las tres paredes principales, dejando espacio solamente para la gran ventana que da a un pequeño jardín interior. "Los únicos libros que me interesan son estos, los tengo anotados, con ellos tengo una relación afectiva, de reconocimiento".

martes, 22 de noviembre de 2011

VOLVER A "EL PADRINO", escribe Diego Batlle (www.otroscines.com)

 
 
 
 
 
 
 
 

http://www.otroscines.com/columnistas_detalle.php?idnota=5904&idsubseccion=11

Este lunes 21 tuve la oportunidad de ver el gran clásico de Francis Ford Coppola en pantalla grande. Hasta ahora, lo había disfrutado sólo en el cable, en VHS o en DVD. Más allá de algunos problemas de la copia digital, resultó una gran experiencia cinéfila.

Por gentileza de TCM y la distribuidora CDI Films, asistí a la avant premiere del (re)estreno de El Padrino. Luego de un cóctel con sushi (¿y la pasta?), fue el turno de la proyección. A casi 40 años de su lanzamiento original sigue siendo una obra maestra, película fundamental del género de la mafia y obra clave dentro de esa Generación del '70 que revolucionó a Hollywood.

En la sala más grande del Cinemark Palermo pudimos apreciar junto a otros colegas e invitados especiales la copia digital en alta definición tomada de la remasterización oficial que se hizo en 2007.

La calidad de la imagen -sobre todo en los planos generales diurnos con luz natural- no es todo lo nítida que se podía esperar, y en las oscuras escenas de interiores que tanto espantaron a los ejecutivos de la Paramount aparece por momentos el granulado, pero a mí no me molestaron -como sí les pasó a otros críticos- estas imperfecciones. Es más, como bien argumentaba el amigo Diego Lerer, ese look algo retro hasta resultaba un plus para sentirnos de nuevo en la época en que Marlon Brando, Al Pacino, Robert Duvall y James Caan hacían de las suyas.

Sobre la película en sí no voy a ahondar demasiado porque ya se ha escrito todo (y mejor). Que tiene un puñado de secuencias maravillosas, que el armado del bautismo/matanza es un ejemplo perfecto de montaje paralelo con sentido operístico, que a nivel de tempo narrativo e iluminación es, casi, una película experimental dentro de una producción major, que la capacidad del tándem Coppola-Puzo para el humor negro y el detalle es sublime...

También, es cierto, se aprecian algunos saltos temporales abruptos (se nota que hubo mucho corte en la moviola para no extenderse más allá de los 175 minutos que finalmente duró) y ciertos elementos (menores) que resultan poco verosímiles, pero no voy a ser yo quien ahora se ponga exigente y puntilloso con una película de semejantes dimensiones e influencias artísticas.

El film llega este jueves 24/11 a 28 salas digitales 2D de Capital Federal, GBA, La Plata, Mar del Plata, Córdoba, Rosario, Neuquén y Mendoza. Más allá de los reparos apuntados, mi consejo es contundente: no se la pierdan. 

 
 
 

¡ES EL PODER, ESTÚPIDO!,escribe Héctor Soto (*) El Blog de Héctor Soto.

http://blog.latercera.com/blog/hsoto/entry/es_el_poder_est%C3%BApido

Aunque en términos críticos El Padrino en los últimos años no ha hecho otra cosa que escalar posiciones en el listado de las mejores películas de todos los tiempos, la trilogía de Coppola no las tiene todas consigo. Porque siendo un tríptico vibrante y de indiscutible voracidad narrativa, habría que ser miope para adjudicarle atributos tales como originalidad, innovación o modernidad. No es por ahí que va la grandeza de estas películas. En rigor, lo que hizo Francis Ford Coppola fue apelar al legado del cine clásico y desplegarlo con toda la majestad del caso, en una ficción sobre el destino trágico de la familia Corleone.

A nivel expresivo, por lo mismo, el proyecto siempre le debió mucho más al pasado que al futuro. Tal vez fue incluso este factor el que le permitió conquistar en su momento y seguir conquistando hasta ahora tantos y tan distintos públicos. Eso tiene un lado bueno, sin duda. Pero tiene también su lado malo: "Lo que tiene que contar -escribió Quintín, ex director de la revista argentina El Amante- ya fue contado, lo que tiene que mostrar ya fue mostrado, lo que tiene para descubrir del mundo está completamente a la vista. Por eso es que nos gusta tanto y que los mafiosos verdaderos no pueden parar de verse reflejados en la película y hasta de aprender de ella. No se me ocurren películas más deprimentes con respecto al futuro del cine".

Ahora que están bajo la lupa las eventuales conexiones entre la producción de la cinta y la honorata societá, quizás sea más explicable el tono elegiaco y resueltamente mistificador con que Coppola presentó la vida de los mafiosos en la primera parte de El Padrino  (1972). No fue sólo una cuestión de glamour. También fue un asunto de dignidad: Coppola presentó a los capos de la mafia con ese aplomo que hoy está asociado a los jefes de Estado, no a los patrones del crimen organizado. Lo cual, después de todo, no está mal si se tiene en cuenta que El Padrino, más que una cinta sobre la mafia, es una soberbia reflexión sobre el poder.

Así como sería absurdo pensar que El Padrino fue un operativo comunicacional para que la mafia lavara su imagen, también sería reduccionista creer que la trilogía es como es porque ni Coppola ni los productores quisieron correr riesgos. Los dos planteamientos no se sostienen. Las películas verdaderamente grandes están por encima de las circunstancias y las pequeñeces.

(*) Abogado (Universidad de Chile, Escuela de Derecho de Valparaíso) y periodista. Fue editor de las revistas Capital, Mundo Dinners y Paula y ha cultivado desde fines de los años 60 la crítica de cine. Su libro Una Vida Crítica fue publicado el año 2008 por Alfaguara. Columnista de La Tercera y panelista del programa Terapia Chilensis de radio Duna

 
 
 
 
 

EL PADRINO: EL REGRESO DE UN CLÁSICO, escribe Diego Lerer para el Diario Clarín, Argentina.

http://www.clarin.com/espectaculos/cine/Padrino-regreso-clasico_0_596340379.html

Un drama shakespeareano escondido detrás de una historia de gángsters? ¿Un retrato psicológico del ascenso –y posterior caída- de un hombre que quiso tenerlo todo y en el proceso perdió su alma? ¿Una historia paralela de los Estados Unidos de América? Todo eso puede ser El Padrino , una de las películas más celebradas e influyentes de la historia del cine, a la altura de El Ciudadano y no muchas más. A casi cuarenta años de su estreno mundial –que fue en marzo de 1972, en los Estados Unidos-, es complicado retornar con cierta virginidad a un material que ha sido tan masticado, comentado y sobreanalizado a través de las décadas. El reestreno en la Argentina de la versión remasterizada en 2008 (ver La restauración...
) es una oportunidad para acercarse a este tótem del cine de Hollywood, tan influyente como reverenciado, tan único en su combinación de universos y factores, tan irrepetible como ciertos accidentes mágicos de la historia del cine.
El anecdotario detrás de El Padrino ha sido contado y vuelto a contar en decenas de libros y documentales que hablan de cómo un joven e inexperto director independiente llamado Francis Ford Coppola terminó haciéndose cargo de dirigir una película que estaba, en apariencia, más allá de sus posibilidades (una gran producción de Paramount Pictures basada en un best-seller de la época), cómo el estudio no estuvo de acuerdo en sus elecciones de cásting (nadie quería ni al problemático Marlon Brando, ni a un actor “bajito, feo y desconocido” llamado Al Pacino) y no confiaba en él al punto de tener un reemplazante a mano a lo largo del rodaje, cómo Coppola sufrió la filmación y vio su carrera transformarse de un día para otro, cómo la Mafia organizada respondió a la película y se manejó durante su rodaje, y finalmente, cómo un complicado –“oscuro, incomprensible, mal actuado producto”- terminó convirtiéndose en un clásico que trasciende las épocas. Todo eso forma parte de la historia paralela a la trama ya mítica de la ficticia familia Corleone.
La otra, la cinematográfica, la que aparece frente a nuestros ojos cuando el rostro de Bonasera va surgiendo en medio de la oscuridad que abre el filme para decirle a Vito “Don” Corleone (Marlon Brando) la ya inmortal frase “I believe in America” (“Creo en los Estados Unidos”) sigue siendo una obra en constante (de)construcción, tanto desde el punto de vista audiovisual como desde lo temático. En ese sentido, El Padrino , vista hoy, da la impresión de ser una síntesis cinematográfica de dos estilos en principio antagónicos (llamémoslos “cine de estudios” versus “cine independiente, de autor”), reconciliados en la figura de Coppola, un director que combinaba su admiración por los clásicos de Hollywood con una fuerte presencia autoral y un desdén natural por la política de los estudios.
El Padrino aparece como un estudio de contrastes. El filme arranca con una larga secuencia de la boda de Connie (Talia Shire, hermana de Coppola), la menor de los hijos de Vito (los otros son Sonny, Fredo, Michael y el hijo adoptivo y consigliere Tom Hagen, encarnados respectivamente por James Caan, John Cazale, Al Pacino y Robert Duvall), en la cual esos contrastes entre lo público y lo privado, lo luminoso y lo oscuro, están claramente delineados. Y la extensión de la secuencia –además de su carácter episódico, que se mantiene en todo el filme- remite a un tempo en el manejo de las acciones alejado de todo clasicismo narrativo. Esa distancia se ha hecho más que evidente con el correr de los años –ya casi nadie en Hollywood sostiene una escena tanto tiempo ni arranca mostrando a sus personajes principales entre sombras o de espaldas- y ubica al filme en el marco de una época: el Nuevo Cine Americano de los ’70.
A su vez, siendo un relato de gángsters que transcurre en la década del ’40 (hoy el salto temporal es doble, y mayor la distancia que nos separa del filme que la que separa al filme de la época que retrata), El Padrino utiliza a conciencia los recursos narrativos del género, moviendo la acción hacia adelante permanentemente a partir de episodios violentos, empezando por la ya mítica “oferta que no podrá rechazar” que Vito le hace a un jefe de estudios de Hollywood -en lo que parece un guiño de Coppola a su situación detrás de cámaras- hasta llegar al montaje paralelo del final, en el que Michael toma las riendas del poder a partir de una masacre que transcurre al mismo momento que el bautismo de su sobrino, del que él oficia como padrino.
El entramado narrativo de El Padrino no tiene nada que envidiarle a los clásicos del género, pero la forma en la que Coppola dispone de los elementos en la puesta en escena –la oscura fotografía de Gordon Willis, el ritmo interno de las escenas con sus llamativas irrupciones de violencia, el susurro actoral de Brando y Pacino tan propio de la tradición del Actor’s Studio- es absolutamente personal y, si se quiere, moderno. En ese sentido, el filme logra sumar ambas tradiciones, sintetizarlas, transformándose así en un encuentro de dos universos. Lo curioso de acercarse al filme hoy es que ambas tradiciones parecen lejanas a la forma en la que se hace cine en los últimos 20 años. Y tal vez esa “modernidad” del filme de Coppola sea la más alejada. Si algo se preserva del Hollywood clásico es su habilidad para construir drama a partir del movimiento perpetuo.
Pero El Padrino no habría trascendido como lo hizo de no ser por los temas que la dominan, por su visión del lado oscuro del sueño americano ( “Los senadores y presidentes no mandan a matar gente” , le dice Kay –Diane Keaton- a Michael.
“¿Quién es naive?” , le responde él), por su historia paralela del siglo XX en los Estados Unidos –la de los inmigrantes ateniéndose a sus propias reglas, usos y costumbres- y por la forma en la que logra convertir a esta casi idealizada familia de gángsters (raramente se ve la “parte sucia” de su trabajo fuera del ámbito de las peleas internas y/o entre “familias”) en un reflejo de las distintas formas, contradictorias entre sí, de acceder al poder: la violencia versus la negociación, la fuerza versus el cálculo, la explosión versus la paciencia.
En lo que -queda claro recorriendo su filmografía- es el tema principal de la obra de Coppola, El Padrino es la historia de una familia, de sus contradicciones, sus peleas internas y sus conflictos, pero también del amor que se profesan, de los límites fronterizos que ese núcleo impone hacia afuera ( “nunca te pongas del lado de alguien contra la familia, jamás” , le dice Michael a Fredo) y del destino trágico que esa misma alianza les genera, abriéndoles un flanco débil ante la agresión, interna o externa.
Nadie lo sabía entonces, pero la familia de El Padrino se sostendría por tres filmes y terminaría convirtiéndose en reflejo y prototipo de un siglo de historia, además de tener inesperadas consecuencias. Para Hollywood, fue la salvación a una de sus peores crisis (creativas y económicas) de la historia y la prueba de que las nuevas generaciones de cineastas podían acceder a la masividad. Para Coppola, el fin de su independencia, el comienzo del mito y de una carga bastante pesada de sobrellevar hasta hoy. Y para el público, finalmente, un festín de horas de puro placer cinematográfico… y una oportunidad de verla en cine que nadie debería dejar pasar.

domingo, 20 de noviembre de 2011

CABALLO DE GUERRA (por Mario Vargas Llosa, Diario El País, España)

 
 
 
 
¿Es posible representar en un escenario la espantosa carnicería de la Primera Guerra mundial, con sus veinte millones de muertos, sus soldados asfixiados por los gases de mostaza en trincheras llenas de barro, sapos y ratas, y los pueblos, aldeas y familias destruidos por los obuses, incendios y el odio vesánico de los contendientes?
Es perfectamente posible, a condición de contar con el talento artístico y la infraestructura dramática indispensables. La prueba de ello es “War Horse” (“Caballo de guerra”), el gran éxito de esta temporada teatral en New York, que presenta cada noche ante auditorios compactos y delirantes el Vivian Beaumont del Lincoln Center Theater.
La obra está basada en la novela del mismo nombre de Michael Morpurgo, un escritor inglés de origen belga, conocido hasta ahora sobre todo por sus libros de cuentos para niños. Fue adaptada al teatro por Nick Stafford y se estrenó y dio en Londres en el National Theatre con éxito semejante al que luego ha alcanzado en los Estados Unidos. El entusiasmo de los espectadores está más que justificado: “War Horse” es un espectáculo extraordinario que mantiene en estado de trance a su público las dos horas y media que dura, sumergiéndolo en los horrores de aquella contienda, en la que participaron dos docenas de países y que cambió la faz de Europa.
Las escenas se suceden a ritmo de vértigo, cada una más sorprendente y atrevida que la anterior, y es difícil decidir qué es más digno de aplauso en lo que vemos, si la destreza y perfecta interacción de las masas de actores (que parecen multiplicarse como células cancerosas en sus acrobáticas evoluciones) o el llamativo despliegue de la tecnología en los decorados, las luces, el vestuario y la música. La historia circula por ambientes diversos, del frente de batalla y los combatientes a la retaguardia civil, de hogares deshechos, muchedumbres de desplazados, pueblos desiertos, sobrevivientes hambrientos y nubes de huérfanos.
Un gran espectáculo no tiene por qué ser al mismo tiempo una gran obra de teatro y “Caballo de guerra” no lo es. Nunca traspasa la superficie de la guerra y sus estragos, no hay en ella personajes individuales que descuellen ni un conflicto en el que se trasluzcan los temas neurálgicos de la condición humana, aquellos sótanos enigmáticos de la existencia cotidiana de hombres y mujeres. Sus actores son grupos gregarios, estereotipos, símbolos, figuras sin alma, comparsas, dotados todos ellos, eso sí, de una notable capacidad mutante, danzarines y acróbatas a la vez que comediantes, que se desdoblan y triplican y encarnan, cada uno, dos, tres, diez papeles diferentes, en ese carrusel desbocado que parece el tiempo en esta historia.
No podría ser de otra manera, pues los personajes centrales de la obra no son seres humanos, sino los caballos, en especial un noble cuadrúpedo llamado Joey por sus amos, cuya peripecia vital seguimos desde que es un joven potrillo arisco y caprichoso, simpático y querible, hasta que, años más tarde, hecho una ruina física pero indoblegable en su voluntad de vivir, retorna a la campiña de suaves colinas de Dover en la que se crió, luego de haber sobrevivido milagrosamente a los atroces cuatro años de guerra que padeció casi siempre en los lugares de mayor peligro.
No conozco la novela de Michael Morpurgo en que está basada la obra, pero no hay duda de que es ingeniosa y audaz la perspectiva que eligió su autor para presentar este alucinante documental sobre las atrocidades de la Gran Guerra: la mirada de un caballo. Fue la última conflagración en la que los caballos participaron de manera masiva. Murieron unos ocho millones de ellos, arrastrando cañones y ambulancias, llevando y trayendo tropas, alimentos, heridos y cadáveres, o en cargas disparatadas de los regimientos montados en las que terminaban enredados y desangrándose en las alambradas antes de volar en pedazos por efecto de las explosiones. Del millón de caballos ingleses que fueron al frente sólo regresaron a la isla unos 62 mil.
En los últimos meses de la guerra apareció el nuevo animal que reemplazaría al caballo en los futuros conflictos, un cuadrúpedo de acero y orugas en vez de patas, tan feo, macizo y destructivo como su denso nombre: el tanque.
Los caballos que aparecen en el espectáculo son hermosos y enormes, poseídos de una vitalidad conmovedora, más tiernos y sensibles que esos pobres soldaditos que se entrematan a su alrededor en la vorágine incomprensible y feroz a la que han sido acarreados. Los cuadrúpedos enfrentan su destino con resignación y cumplen sus deberes hasta el último aliento, sin perder nunca la dignidad. Son de madera y han sido construidos por una compañía sudafricana, la Handspring Puppet Company, fundada por Adrian Kohler y Basil Jones, los artífices de esas escenas milagrosas en que los caballos galopan, saltan, hacen extraños, se desploman o vuelan al compás de las peripecias de la historia. Uno tiene la impresión de que, en algún momento, esas estructuras de madera se transubstancian en caballos de verdad, y que los tres o cuatro marionetistas que los manipulan desaparecen, absorbidos por la magia del teatro, y por eso se llenan de lágrimas los ojos de los espectadores cuando los infelices y heroicos animales se desmoronan, alcanzados por los proyectiles, o son sacrificados para salvar de la inanición a los soldados.
Cuando uno ve una obra como ésta, que lo maravilla por su riqueza plástica, por la excelencia de su factura, por sus audacias, sorpresas y la genialidad de su hechura, tal vez sea una mezquina injusticia preguntarse si el teatro del futuro inmediato se irá acercando cada vez más a la feérica naturaleza de “War Horse” y pareciéndose cada vez menos al teatro tradicional, aquel en el que eran las palabras, las acciones y los sentimientos la razón de ser del espectáculo, lo que lo justificaba o hundía. Porque en esa maravilla que es “Caballo de guerra” el espectáculo es tan prodigioso y autosuficiente que la anécdota, los parlamentos, las pasiones y emociones se han convertido en un mero pretexto para la representación, de modo que no es abusivo decir de ella que, siendo todo lo magnífica que es, está más cerca del Cirque du Soleil que, digamos, de la mejor producción concebible de una pieza de Shakespeare, Ibsen o Valle Inclán.
La pasé fantásticamente bien viendo “War Horse”, pero, al salir a enfrentarme al viento neoyorquino, me asaltó de pronto la sospecha angustiosa de que, dadas las tendencias de la cultura en nuestros días, el teatro podría convertirse tarde o temprano en eso, sólo en eso.
 
New York, noviembre de 2011

sábado, 19 de noviembre de 2011

LOS DOS BRASIL (Escribe Alfredo Barnechea, Revista CARETAS)

 
 
http://www.caretas.com.pe/Main.asp?T=3082&S=&id=12&idE=976&idSTo=0&idA=55717
Como tantos latinoamericanos, descubrí más bien tarde Brasil, en comparación con un temprano contacto con otros países latinoamericanos. Creo que fue Alberto Ulloa Sotomayor quien dijo que éramos como hermanos siameses: pegados pero de espaldas, vecinos que se desconocían.
Cuando lo descubrí, y comencé a leer extensamente sobre el inmenso país-continente, quedé fascinado con él.
He vuelto una vez más a Brasil, con ocasión de la reunión anual del Foro Iberoamérica, que se realizó este año en Río de Janeiro.
La infinita belleza de Río. Uno logra imaginar la maravillada sorpresa de la corte portuguesa, que había abandonado la península ante la invasión napoleónica, y había cruzado el Atlántico escoltada por navíos ingleses, al llegar a la bahía de Río.
Mucho más tarde, Alfonso Reyes, como embajador mexicano, vivió encantado en la Rúa de Laranjeiras, y cuando Lázaro Cárdenas lo llamó para que dirigiera lo que sería el Colegio de México, el humanista regiomontano casi no quiso regresar.
Ya se han cumplido cincuenta años de la prodigiosa creación de Brasilia. Nadie pensó que Kubitschek lograría hacerla, y menos en el apretado lapso de tres años. Cuando la visitó, Malraux exclamó: “¿Cómo lo han hecho? Estas obras sólo las han hecho faraones”. Si uno conoce Río, comprende la resistencia de diplomáticos extranjeros y congresistas nativos a mudarse al todavía deshabitado y agreste Planalto y abandonar el jardín de las delicias.
Pero Brasilia catapultó la ocupación del Planalto, la verdadera integración de Brasil, hasta entonces confinado a un triángulo más bien costero cuya más remota extremidad era Minas Gerais.
Todo el siglo XX Brasil creció, pero fue sobre todo a partir de los cincuenta, de ese vertiginoso periodo de Juscelino Kubitschek, el mestizo mineiro que había estudiado en París, donde había sido compañero de cuarto del pintor Cándido Portinari, cuando el desarrollo industrial de Brasil se disparó.
El ritmo de ese crecimiento se interrumpió durante los ochenta y parte de los noventa, pero en esta década, estimulado por la gigantesca demanda china, Brasil se parapetó en las cimas del mundo. Quinto país de la tierra por territorio y población, es hoy la octava economía del mundo por poder de compra.
Sigue siendo un país de contrastes. Algunos lo llamaban, debido a sus abismales desigualdades, “Belindia”, una paradójica mezcla de Bélgica e India. Esta visita, sobre todo porque estaban con nosotros figuras claves brasileñas (por ejemplo la gran escritora Nélida Piñón, o João Marinho de Globo, o Arminio Fraga), uno pudo asomarse y penetrar mejor en algunos de esos contrastes.
En pocas palabras, hay como “dos” Brasil.
Uno es “moderno”, en la punta de los intercambios mundiales. Con empresas de calidad mundial, como Petrobras y Embraer y como buena parte de las que se reúnen en la FIESP, la federación industrial de São Paulo. Con innovación, como la industria del etanol, prácticamente una invención brasileña, o Embrapa, el gran centro de investigación para la agricultura.
Pero hay otro país en la sombra, con muchos de los defectos del Tercer Mundo (que incluye también, como se sabe, cleptocracias africanas). Un país proteccionista. Un país con déficit de infraestructura de calidad. Y un país con grave corrupción.
Fernando Henrique Cardoso acaba de escribir un artículo devastador, que en esencia dice que si bien la corrupción no es nueva, ahora se ha convertido en un sistema para la “gobernanza”. Brasil es un complicado régimen de coalición, y el apoyo parlamentario depende del reparto de cuotas en la administración pública, desde la cual se distribuyen favores –y contratos. Lula ha presidido un periodo de extraordinario optimismo, e inclusión, en la historia brasileña. ¿Pero corrigió, o empeoró, ese sistema?
La geografía, que es el factor constante de la historia, hizo a Perú y Brasil vecinos para siempre. Compartimos la gran plataforma sudamericana, que podría ser a mediados de este siglo uno de los factores estratégicos en el mundo (con la mayor parte del agua dulce del planeta dentro de ella, por ejemplo). ¿Pero con cuál de estos dos Brasil nos relacionamos? ¿Con la nación moderna que puede ayudar a tecnificarnos, como parece estar en camino de hacerlo Petrobras con Petroperú, o con los hábitos opacos y arcaicos, de contratos a medianoche, que acaban de fracasar en Bolivia?
Brasil es, qué duda cabe, fascinante. Pero las relaciones entre Estados no se guían por los deslumbramientos sino por los intereses, según la célebre consigna de Palmerston. Y en el caso de Brasil, junto con las grandes sinergias que la geografía nos proporciona, hay necesidad de un equilibrio permanente, como debería recordárnoslo lo que nos pasó con el ilustrado barón de Rio Branco. Si los países andinos estuvieran más unidos, ayudarían en esa tarea, y podrían actuar de bisagras entre los dos grandes poderes del hemisferio (y China, que acapara nuestras materias primas). Por ahora solos, tratemos de usar al país moderno y contener al segundo. 
(Por: Alfredo Barnechea)