lunes, 14 de noviembre de 2011

CASANOVA O LA PASION POR LA LIBERTAD (Diario EL PAÍS, España)

 

 

La Biblioteca Nacional de Francia expone por primera vez el manuscrito original de 'Historia de mi vida', 3.700 páginas subastadas en 2010 por siete millones de euros


MIGUEL MORA - París - 15/11/2011


Amante mítico de 132 mujeres y extraordinariamente galante y caballeroso, según decía él mismo; alquimista, ocultista y tramposo burlanga, para sus numerosas víctimas; hedonista pagano, ciudadano del mundo, viajero romántico y escritor hiperrealista antes de tiempo; traductor de la Ilíada y posible coautor del libreto de Don Giovanni, presidiario demasiado habitual, acosado por la Inquisición, autor mucho más estimable que estimado, Giacomo Girolamo Casanova tardó 10 largos años en redactar su autobiografía.
Trabajó en ello entre 1789 y 1798, y la terminó, sin terminarla del todo, un año antes de su muerte en Dux (hoy Duchcov, República Checa), a los 73 años. Ahora, por primera vez, la Biblioteca Nacional de Francia enseña al público ese manuscrito monumental, adquirido en 2010 por un mecenas anónimo que desembolsó siete millones de euros antes de cedérselo a la institución parisiense.
La futurista sede de la biblioteca, un gigantesco edificio de acero y cristal en forma de cuatro libros abiertos situado al este de la capital francesa, en el distrito XIII, cumple así (hasta el 19 de febrero) lo prometido el año pasado: la exposición de pequeño formato, dividida en 10 salas -el mismo número de capítulos del libro- se titula Casanova, la pasión de la libertad y presenta a través de cuadros (destacan un canaletto, un tiepolo y un mengs), joyas, grabados, mapas, objetos, ropas de época, teatro de sombras e incluso algunos vídeos, la azarosa y poliédrica vida de aquel artista premoderno que embelesó a mujeres, cardenales, reyes, músicos y pintores hasta convertir su nombre en una marca de seducción y un sinónimo de conquistador.
Con un centenar largo de obras, procedentes de Francia, Inglaterra e Italia, la muestra recrea algunas escenas narradas en el manuscrito, visita los lugares fetiche del impenitente nómada, se detiene en sus aficiones, amigos, rivales y mecenas, trata de atrapar sus fugas, fiestas y conquistas, y dedica un espacio a las películas (de Comencini, Fellini, Scola, Volkoff o Losey) que inspiró.
Pero la joya de la exposición es el propio manuscrito, 3.700 páginas escritas con una caligrafía tersa, limpia y clara, en francés porque esa era la lengua franca del momento, como hizo saber en el prólogo. "He escrito en francés, y no en italiano porque la lengua francesa está más extendida que la mía".
"Poco antes de su muerte, el autor entregó su biografía a su sobrino, que le soportó una vejez bastante insoportable", explica una de las comisarias, Corinne Le Bitouzé, otra mujer rendida al gran conquistador. En 1820, el sobrino vendió los cuadernos al editor Frederic Arnold Brockhaus, que prestaría el apellido a la gran enciclopedia alemana. El libro se publicó por primera vez en 1822. Pero la traducción alemana cercenó las partes más elocuentes. Cuando Historia de mi vida se publicó en el idioma original, tuvo tanto éxito que aparecieron muchísimas copias pirateadas. Y el libro no se publicó de nuevo hasta 1960.
La infancia veneciana en una familia de cómicos, y la juventud en Calabria, Nápoles y Roma, con las primeras aventuras y escándalos, incluida la primicia homosexual, ocupan las tres primeras salas de la muestra. Ahí está el retrato que le hizo su hermano Francesco, pintor de éxito para su disgusto; los palacios venecianos y sus primeras incursiones en la magia y la cábala, y enseguida la cárcel de los Plomos, la legendaria fuga por el techo atravesando un cuadro de Veronese, su carrera por los tejados y su primer gran amor, en Parma: la francesa Henriette. Luego Venecia otra vez, ya en plan matador, sin faltar una sensual monjita llamada M. M., y muy pronto, París, "capital de la moda, la inteligencia y la impostura".
Aquí mantendría docenas de encuentros galantes y financieros, inventaría loterías y pendencias, vería a Voltaire y Dalambert, viviría el miedo a no gustar, el "comienzo de la muerte y el final de la vida"... Un romance de fuego con Manon Balleti, y un retrato delicioso de Jean-Marc Nattier llegado de la National Gallery, conducen a un grabado de Goya que ilustra su viaje a España.
"Fue un viaje raro, en esa época España no figuraba todavía en la ruta de los viajeros europeos", explica la comisaria. Acosado por los torquemadas patrios, Casanova fue detenido dos veces en aquel lugar lleno de "poblachos", un "prodigio de fealdad y de tristeza". Los varones españoles le parecieron "feos y celosos por naturaleza"; las mujeres, sin embargo... "Son muy hermosas, arden en deseos y siempre están dispuestas a favorecer algún enredo para engañar a todos los seres que las rodean a fin de espiar sus intrigas".
Como recordaba su traductor, Mauro Armiño, en un artículo reciente, "Casanova pasó por Ágreda, lugar de nacimiento de aquella sor María, autora de una biografía de la Virgen dictada por la Virgen misma que Casanova se había visto obligado a leer, entre carcajadas, durante su encarcelamiento en los Plomos venecianos".
Estuvo seis semanas arrestado en Barcelona. Al irse, dictaminó: "¡Pobres españoles! La belleza de su país, la fertilidad y la riqueza son la causa de su pereza, y las minas del Perú y del Potosí son las de su pobreza, de su orgullo y de todos sus prejuicios. Para convertirse en el más floreciente de todos los reinos de la tierra, España tendría necesidad de ser conquistada, zarandeada y casi destruida, y renacería apta para ser la morada de los seres felices".



jueves, 10 de noviembre de 2011

MARTIN SCORSESE APUNTA AL "TERCER BEATLE" (Diario EL PAÍS, España)

 
 

Los críticos de cine y de música de EL PAÍS Carlos Boyero y Diego A. Manrique dialogan sobre la película documental 'George Harrison: Living in the material world', en la que Martin Scorsese reconstruye durante más de tres horas la vida del guitarrista, un hombre marcado por la mística oriental y por la alargada sombra de Lennon y McCartney.

 http://www.elpais.com/articulo/cine/Scorsese/apunta/tercer/beatle/elpepuculcin/20111111elpepicin_1/Tes

Víctima de un cáncer, George Harrison moría el 29 de noviembre de 2001 a los 58 años. Casi una década después, su viuda, Olivia Harrison, ha puesto en manos de Martin Scorsese (cineasta candidato a convertirse en el biógrafo audiovisual del rock) no solo el dinero sino también el material inédito para poner en pie George Harrison: Living in the material world, un documental que repasa la vida del músico antes, durante y después del legendario cuarteto de Liverpool.
Dividida en dos partes, la película (de 208 minutos de duración) encadena imágenes públicas y privadas -muchas de ellas muy poco o nada conocidas- con las voces de los supervivientes de una época que cambió el curso de la historia de la música: de Paul McCartney a Ringo Starr, Eric Clapton o Yoko Ono.
Los críticos de cine y de música de EL PAÍS, Carlos Boyero y Diego A. Manrique, debaten sobre una obra que se detiene en la vida de un artista cuyo brillo, sin embargo, siempre quedó fatalmente eclipsado por la sombra de dos genios indiscutibles, Lennon y McCartney: una losa de la que inútilmente intentó zafarse el compositor de Here comes the sun. La película de Martin Scorsese, según Manrique, esquiva el enigma de este gran fracaso, mientras que para Boyero, pese a sus fallos, el filme arrastra a los espectadores con la misma pasión que las del llamado tercer beatle.
George Harrison: Living in the material world se emite en Canal + a partir del día 28, ya se puede ver en Filmin.es y se estrena mañana en una sala de Madrid.

Diego A. Manrique. El principal problema es determinar de quién es esta película. Sabemos que Scorsese, en los últimos tiempos, ha convertido su nombre en una marca registrada que aplica a todo lo que le interesa. Esta película te hace replantear la vieja cuestión de la autoría, desde que los franceses y Andrew Sarris dijeron que esta pertenecía al director. Yo aquí no sé si el autor es el director o el montador, que hace un trabajo soberbio, o la propia Olivia Harrison, que ha puesto el dinero y ha controlado lo que se puede y no se puede decir. Hay un montón de asuntos desagradables que directamente no se tocan o se tocan muy levemente: como el plagio de My sweet Lord, o la condición de mujeriego de Harrison, o su consumo de cocaína...
Carlos Boyero. Pero hay toneladas de coca, eso parece claro. Me gusta la pasión que cuentan de él, que cuando se entrega a algo, la coca o el Maharishi, es a fondo. Querría romper una lanza a favor de Scorsese, que muestra su amor a la música no solo a través de estos documentales sino también a través de sus grandes películas, y recomiendo ahora mismo, por ejemplo, El rey de la comedia. Se trata de un fulano que hace documentales sobre los grandes maestros del cine americano, sobre Elia Kazan, sobre los grandes del cine italiano y, encima, también sobre música. Me parece tan bonito que un rey como él se ponga al servicio de otro rey como Dylan y te haga No direction home que solo puedo decir "bendito sea". Y a partir de ahí, empezamos a poner peros...
D. A. M. No cabe duda de que pocos tienen la habilidad para imbricar en sus películas la música como él. Ahí están las escenas deslumbrantes de Casino o de Uno de los nuestros.
C. B. En ambas la historia se cuenta a través de la música.
D. A. M. Sin duda. La música le ayuda a hablar del paso del tiempo incluso en un mundo tan cerrado como el de los casinos, en los que no debe entrar jamás la luz.
C. B. Me gusta la épica de El último vals. Y no tanto la película del concierto de los Rolling, Shine a Light. Ahí Scorsese fue vago y funcional.
D. A. M. Sosa. Muy sosa... Y encima no cuenta que el legandario Ahmet Erdegun, el fundador del sello Atlantic, fue a saludar a los Rolling y, entre bambalinas, se cayó. Y semanas después, murió... En cualquier caso, y volviendo a Harrison, creo que todos estamos de acuerdo en la diferencia entre la primera y la segunda parte, ¡que encima dura 20 minutos más! En la primera, la historia de los Beatles está contada con imágenes muy poco vistas, que en absoluto son las de todos los documentales que conocemos y que me sorprenden porque además se les ve gozando.
C. B. Gozando y también asfixiados. En la soledad de los hoteles, cuando la fama les desborda, agobiados, encerrados los cuatro en un baño, esperando que pase el tiempo...
D. A. M. Bueno, según Lennon, era esperando a las chicas.
C. B. Y del primer episodio con el LSD yo tenía una idea mucho más dramática. Aquí, en cambio, nos dan una versión muy distinta. A mí también me pesa la segunda parte, pero porque soy de esas personas convencionales a los que les pesa Yoko Ono, el Maharishi, el viaje a la India y el descubrimiento de la paz. Sigo creyendo que nada de eso fue bueno para los Beatles.
D. A. M. Puedo entender que no te haga gracia Yoko pero el hecho básico es que Lennon pasó los últimos 15 años de su vida con ella, así que algo habría...
C. B. Ya. Son manías... De todas formas, la historia que me parece aterradora, y que no recordaba, es la del hombre que entró en casa de Harrison para matarle. Eso es brutal.
D. A. M. Aterrador. En el caso de Lennon se podía entender que un loco quisiera matarle porque era un hombre absolutamente polarizador. Pero Harrison era un alma cándida y que de repente entre un friki a matarle en su casa era algo impensable. Pero al fin y al cabo Harrison fue un tipo de muy mala suerte. Eso se ve en el documental, cuando pierde la voz en ese concierto con Billy Preston. A Harrison le pasa de todo, le echan de las discográficas y solo recobra un poco el ánimo al final, cuando se junta con Bob Dylan, Tom Petty y Roy Orbison en Traveling Wilburys y cuando Eric Clapton le paga los favores y le lleva de gira, empujándole otra vez al escenario.
C. B. Hombre, ya podía pagarle los favores después de levantarle a su mujer. La historia de Patty Boyd y Clapton está muy bien contada. Esa mujer que inspiró Layla y Something... me gusta esa frase de Sinatra diciendo que Something es una de las mejores canciones de amor de la historia.
D. A. M. Sí, pero en un concierto, y está grabado, Sinatra dijo que Something era la mejor canción de todos los tiempos... y luego añadió: "Y saludemos a Lennon y McCartney". Al final el drama de Harrison es el de un señor que está junto a dos genios de tal intensidad que queda eclipsado.
C. B. Creo que por eso me gusta tanto la socarronería de Ringo Starr. Me gusta mucho cómo está en la película. Es un secundario al nivel de los grandes del cine americano.
D. A. M. Sí. Mientras Harrison, que era un chaval despierto e imaginativo, tiene que estar luchando siempre por destacar.
C. B. La película tampoco cuenta cómo echó, vía fax, a parte del equipo de la productora que había creado con los Monty Python, la Hand Made Films.
D. A. M. Me lo puedo creer. Era un hombre con un lado muy sombrío. Un tipo que hace una canción, Taxman, porque odia pagar los impuestos, pese a que quienes le salvan la vida cuando es atacado en su casa son los médicos de la mugrienta seguridad social y no los de su lujosa mutua médica. Un tipo que se gasta millones con los Hare Krishna y que sin embargo se niega a pagar en su país. Quizá fue el más antistablishment de todos los Beatles.
C. B. Incluso antes de morir se compra una casa en Suiza para huir de los impuestos. Es un hombre de extremos. Un obsesivo absoluto. Ya sea la coca, los Hare Krishna o los coches de carreras...
D. A. M. Y otro gran olvido de la película, además del plagio de My sweet Lord, ¡cuyo juicio perdió!, es cómo en los setenta destroza a Ringo Starr con un affaire con su primera novia, la de toda la vida, Maureen. Su gran amigo, el que hace pandilla con él frente a Lennon y McCartney, va y le cuenta que aunque puede tener a la mujer que le dé la gana se ha encaprichado precisamente de la suya. Tremendo. Al final, lo que ves es que entre ellos había algo realmente indestructible. Basta con el detalle final de Ringo relatando cómo se despide de él antes de morir.
C. B. No, si al final, es lo que dice Tony Soprano a su hijo cuando se intenta suicidar porque le ha dejado la novia, que detrás de tanta canción sentimental lo que hay es un negocio construido gracias a infinidad de putadas y abandonos.
D. A. M. Pero el misterio es ese, cómo un hombre que pasó por una experiencia que no podemos ni imaginar y que culturalmente no tiene equivalente en el siglo XX, que fue cambiar el mundo, se convirtió en un amargado.
C. B. Es algo que ya ves en las fotografías de ellos de jóvenes. Es como lo de Mystic river, que ya desde niños ves el papel que le ha tocado a cada uno en la vida. Ves a Lennon, el que mola del barrio, a McCartney, el señor de las grandes recepciones y negocios, y luego está el que no sabe muy bien qué pinta ahí. En cualquier caso me gustaría que Scorsese siguiera explorando la vida de genios como estos.
D. A. M. Sí, pero sin olvidar los asuntos oscuros.

 

domingo, 6 de noviembre de 2011

A PROPÓSITO DE SU PRÓXIMA PELÍCULA, TINTÍN ESTUVO EN EL PERÚ (Diario LA REPUBLICA)

 
 
 
 
Tintín, el secreto del unicornio, la última película de Steven Spielberg, se estrena el próximo 10 de noviembre. Inmejorable motivo para rescatar de las 24 aventuras de este célebre personaje aquella que transcurre en el Perú. El joven Tintín, reportero e investigador intrépido, ha desembarcado en el Callao para liberar a su amigo el profesor Tornasol de una maldición inca.  Veamos aquí qué peligros lo acechaban en estas tierras.
Tintín, el reportero-aventurero más famoso del mundo, estuvo alguna vez en el Perú. Ocurrió allá por la década del 50 y la historia arranca en el puerto del Callao. Pero Tintín no llegó solo: con él estaba, como en todas sus aventuras, su perro Milou y también el ex dipsómano e inquieto Capitán Haddock. Llegaron en busca de su amigo el profesor Tornasol, secuestrado por desconocidos y traído al Perú en un barco de nombre Pachacamac. La trama se centra en la búsqueda del amigo perdido, recorre las tres regiones del país y tiene como telón de fondo a la cultura inca.
Esa es la historia urdida por el belga Hergé, el creador del personaje. La aventura que trae a Tintín a nuestro país se llama En el templo del Sol y es la continuación de una inmediatamente anterior titulada Las siete bolas de cristal. Esta última trataba de una expedición de científicos que regresa a Europa tras dos años en el Perú y Bolivia, donde habían encontrado la tumba del inca Rascar Capac. Pero todos empiezan a sufrir de extraños letargos que los mantienen dormidos durante el día, lo que da pie a creer en una maldición.
Esa trama culmina con la desaparición del profesor Tornasol, protagonista recurrente del cómic. Siguiendo esa pista es que Tintín, Haddock y Milou llegan a nuestro país. La historia se publicó en francés en 1946 y tres años después tuvo una versión en español. La visión de Hergé sobre el Perú era maniquea y exótica: pone a los protagonistas en el Callao, pero dibuja en sus calles a numerosos indígenas con ponchos y hasta llamas. También se pueden ver montañas como parte del paisaje. Y más adelante dibujará un tren que va directamente del Callao al Cusco. Algo más llama la atención: al mapa del Perú le falta un pedazo de amazonía.  
“Esas son imprecisiones del autor debido a la información que tenía para la época, pero por contraposición pone algo muy interesante: dibuja al capitán Haddock tomándose un pisco y además el personaje dice que es un trago peruano muy bueno”, explica José Antonio Vilca, editor del blog de cómics La Nuez. La trama empieza con una pista que Tintín sigue, una serie de obstáculos y enemigos por vencer, momentos de alta tensión en los que los protagonistas se juegan la vida y finalmente la solución del misterio.
En su aventura en el Perú, Tintín y sus amigos deben superar los Andes, luchar con peruanos poco amigables y hasta con un cóndor, para arribar a una pirámide inca en medio de la selva. Aquí también hay algunas imprecisiones: se pueden ver huacorretratos mochica en el último bastión inca. Pero, bueno, son licencias de la ficción y de la época. Finalmente, el pelirrojo Tintín encuentra a su amigo, el profesor Tornasol, y logra convencer al jefe inca de dejarlos libres aprovechando un eclipse solar. La aventura propone que no hay enemigos despiadados sino un desconocimiento entre culturas.
Un clásico de la historieta
Tintín, creado por el dibujante belga Georges Remi (el nombre Hergé, con el que firma su obra, son sus iniciales al revés), es una de las historietas más famosas del mundo y ha sido traducida a más de sesenta idiomas. “El gran valor de su obra es que a través de Tintín el autor reflejó toda la historia del siglo XX. Estuvo en guerras, revoluciones, cambios sociales y hasta hizo un viaje a la Luna. Era el protagonista de todo lo que pasaba”, precisa José Antonio Vilca, de La Nuez. El primer libro de la serie, Tintín en el país de los Soviets, apareció en 1930 y tiene una marcada visión anticomunista.
La segunda aventura de la serie, Tintín en el Congo, ha recibido críticas posteriores por la visión del autor sobre ese país africano. Se dice que su mirada es racista y paternal. Remi tuvo una educación cristiana muy estricta y fue influenciado en sus primeros años por un abad pro-fascista. Además, a comienzos del siglo XX todavía existía la mirada colonial belga sobre el Congo. Eso explica su visión inicial, pero esta óptica cambia radicalmente en sus historias posteriores (en la actualidad, hay un juicio iniciado por un ciudadano congolés para que esa aventura de la serie no vuelva a ser editada).
Será a partir de la publicación de la quinta aventura, Loto Azul, ambientada en China, que el autor se vuelve más puntilloso con su trabajo. Se dice que para este álbum se reunió durante meses con un artista chino que le brindó información. Más tarde crearía un estudio en el que reunió a ilustradores y ayudantes que buscaban información sobre los países en que iba a ambientar sus historias. Paradójicamente y a diferencia de su personaje, Hergé casi no viajaba.
A lo largo de 40 años, Hergé dio a luz 24 historias ambientadas en cinco continentes. La mayoría fueron publicadas por entregas en la prensa europea. Desde sus inicios tuvo un éxito inmediato, porque apeló a la vena clásica del género: aventuras en lugares de todo el mundo, muchos de ellos destinos exóticos. La historieta ha vendido alrededor de 200 millones de álbumes y en su devenir ha dado pie a la aparición de expertos en Tintín o ‘tintinólogos’, coleccionistas de su obra, merchandising de todo tipo y admiradores por millones.
La línea clara
Hergé también es famoso por ser el padre de la llamada ‘línea clara’, un estilo basado en la limpieza de los dibujos y del guión, que busca ser entendido por todos. Los personajes eran caricaturas de trazo continuo y el entorno (autos, aviones, paisajes, edificios), aunque era muy detallado y realista, no apelaba a las sombras o al claroscuro. “Cualquiera puede entender sus historias: los niños como novelas gráficas de aventuras; y los adultos como historias en las que se representan valores como la solidaridad, el compromiso con la justicia o la lucha contra las tiranías. El personaje no solo dice que algo está mal, sino que actúa contra ello. Ese es el valor de Tintín”, señala José Antonio Vilca, de La Nuez.
Tintín, un reportero de copete pelirrojo, de edad indefinida y siempre joven, ha retomado el interés mundial ahora que se estrena una película con sus aventuras. Y lo mismo puede decirse de quienes lo acompañan recurrentemente: su perro Milou –un fox terrier blanco que reflexiona para sí mismo–, el capitán Haddock, el profesor Tornasol, los detectives Hernández y Fernández, y la cantante Bianca Castafiore.
El personaje de Tintín no fuma, no bebe y no práctica ningún deporte, aunque tiene un estado físico envidiable. Tampoco es muy grande ni aparentemente fuerte, pero puede salir bien librado de las peleas cuerpo a cuerpo. También tiene un ingenio desarrollado para escapar audazmente de las trampas que le tienden sus enemigos.  “Sabe conducir todo tipo de vehículos, incluidos aviones y carros de combate. Y también es un buen tirador”, dice de él la Wikipedia. Es periodista, pero no ejerce más oficio que el de la curiosidad. Como decíamos al comienzo, ese fenómeno mundial estuvo en el Perú allá por los años 50, para contar una historia fantástica –es decir, no basada en la realidad, pero siempre cautivadora– sobre incas y civilizaciones perdidas.

El secreto del unicornio
La película Tintín y el secreto del unicornio, dirigida por Steven Spielberg y producida por Peter Jackson (El señor de los anillos), se estrenó mundialmente el 22 de octubre en Bélgica, país de nacimiento de Hergé, creador de la historieta. A las salas de cine peruanas llegará el próximo 10 de noviembre. La trama del film está basada en tres historias de la serie Tintín: El secreto del unicornio, El cangrejo de las pinzas de oro y El secreto de Rackham el Rojo. El film está hecho con animación 3D. Se convocó a actores para dar vida a los personajes, pero solo para hacer la captura de sus movimientos y poder construir las escenas digitalmente.

 
 

LA GLOBALIZACION DE LA PROTESTA, por Joseph Stiglitz (Diario EL PAÍS, España)

 
 
http://www.elpais.com/articulo/economia/globalizacion/protesta/elpepieco/20111106elpepieco_2/Tes

El movimiento de protesta que nació en enero en Túnez, para luego extenderse a Egipto y de allí a España, ya es global: la marea de protestas llegó a Wall Street y a diversas ciudades de Estados Unidos. La globalización y la tecnología moderna ahora permiten a los movimientos sociales trascender las fronteras tan velozmente como las ideas. Y la protesta social halló en todas partes terreno fértil: hay una sensación de que el "sistema" fracasó, sumada a la convicción de que, incluso en una democracia, el proceso electoral no resuelve las cosas, o por lo menos, no las resuelve si no hay de por medio una fuerte presión en las calles. En mayo visité el escenario de las protestas tunecinas; en julio, hablé con los indignados españoles; de allí partí para reunirme con los jóvenes revolucionarios egipcios en la plaza de Tahrir de El Cairo; y hace unas pocas semanas, conversé en Nueva York con los manifestantes del movimiento Ocupar Wall Street (OWS). Hay una misma idea que se repite en todos los casos, y que el movimiento OWS expresa en una frase muy sencilla: "Somos el 99%".
Un multimillonario como Warren Buffett paga menos impuestos que su secretaria
Tenemos un sistema donde a los banqueros se los rescató, y a sus víctimas se les abandonó
Este eslogan remite al título de un artículo que publiqué hace poco. El artículo se titula Del 1%, por el 1% y para el 1%, y en él describo el enorme aumento de la desigualdad en Estados Unidos: el 1% de la población controla más del 40% de la riqueza y recibe más del 20% de los ingresos. Y los miembros de este selecto estrato no siempre reciben estas generosas gratificaciones porque hayan contribuido más a la sociedad (esta justificación de la desigualdad quedó totalmente vaciada de sentido a la vista de las bonificaciones y de los rescates); sino que, a menudo, las reciben porque, hablando mal y pronto, son exitosos (y en ocasiones corruptos) buscadores de rentas.
No voy a negar que dentro de ese 1% hay algunas personas que dieron mucho de sí. De hecho, los beneficios sociales de muchas innovaciones reales (por contraposición a los novedosos "productos" financieros que terminaron provocando un desastre en la economía mundial) suelen superar con creces lo que reciben por ellas sus creadores.
Pero, en todo el mundo, la influencia política y las prácticas anticompetitivas (que a menudo se sostienen gracias a la política) fueron un factor central del aumento de la desigualdad económica. Una tendencia reforzada por sistemas tributarios en los que un multimillonario como Warren Buffett paga menos impuestos que su secretaria (como porcentaje de sus respectivos ingresos), o donde los especuladores que contribuyeron a colapsar la economía global tributan a tasas menores que quienes ganan sus ingresos trabajando.
Se han publicado en estos últimos años diversas investigaciones que muestran lo importantes que son las ideas de justicia y lo arraigadas que están en las personas. Los manifestantes de España y de otros países tienen derecho a estar indignados: tenemos un sistema donde a los banqueros se los rescató, y a sus víctimas se las abandonó para que se las arreglen como puedan. Para peor, los banqueros están otra vez en sus escritorios, ganando bonificaciones que superan lo que la mayoría de los trabajadores esperan ganar en toda una vida, mientras que muchos jóvenes que estudiaron con esfuerzo y respetaron todas las reglas ahora están sin perspectivas de encontrar un empleo gratificante.
El aumento de la desigualdad es producto de una espiral viciosa: los ricos rentistas usan su riqueza para impulsar leyes que protegen y aumentan su riqueza (y su influencia). En la famosa sentencia del caso Citizens United, la Corte Suprema de Estados Unidos dio a las corporaciones rienda suelta para influir con su dinero en el rumbo de la política. Pero mientras los ricos pueden usar sus fortunas para hacer oír sus opiniones, en la protesta callejera la policía no me dejó usar un megáfono para dirigirme a los manifestantes del OWS.
A nadie se le escapó este contraste: por un lado, una democracia hiperregulada, por el otro, la banca desregulada. Pero los manifestantes son ingeniosos: para que todos pudieran oírme, la multitud repetía lo que yo decía; y para no interrumpir con aplausos este "diálogo", expresaban su acuerdo haciendo gestos elocuentes con las manos.
Tienen razón los manifestantes cuando dicen que algo está mal en nuestro "sistema". En todas partes del mundo tenemos recursos subutilizados (personas que desean trabajar, máquinas ociosas, edificios vacíos) y enormes necesidades insatisfechas: combatir la pobreza, fomentar el desarrollo, readaptar la economía para enfrentar el calentamiento global (y esta lista es incompleta). En Estados Unidos, en los últimos años se ejecutaron más de siete millones de hipotecas, y ahora tenemos hogares vacíos y personas sin hogar.
Una crítica que se les hace a los manifestantes es que no tienen un programa. Pero eso supone olvidar cuál es el sentido de los movimientos de protesta. Son ellos una expresión de frustración con el proceso electoral. Son una alarma.
Las protestas globalifóbicas de 1999 en Seattle, en lo que estaba previsto como la inauguración de una nueva ronda de conversaciones comerciales, llamaron la atención sobre las fallas de la globalización y de las instituciones y los acuerdos internacionales que la gobiernan. Cuando los medios de prensa examinaron las reclamaciones de los manifestantes, vieron que contenían mucho más que una pizca de verdad. Las negociaciones comerciales subsiguientes fueron diferentes (al menos en principio, se dio por sentado que serían una ronda de desarrollo y que buscarían compensar algunas de las deficiencias señaladas por los manifestantes) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) encaró después de eso algunas reformas significativas.
Es similar a lo que ocurrió en la década de 1960, cuando en Estados Unidos los manifestantes por los derechos civiles llamaron la atención sobre un racismo omnipresente e institucionalizado en la sociedad estadounidense. Aunque todavía no nos hemos librado de esa herencia, la elección del presidente Barack Obama muestra hasta qué punto esas protestas fueron capaces de cambiar Estados Unidos.
En un nivel básico, los manifestantes actuales piden muy poco: oportunidades para emplear sus habilidades, el derecho a un trabajo decente a cambio de un salario decente, una economía y una sociedad más justas. Sus esperanzas son evolucionarias, no revolucionarias. Pero en un nivel más amplio, están pidiendo mucho: una democracia donde lo que importe sean las personas en vez del dinero, y un mercado que cumpla con lo que se espera de él.
Ambos objetivos están vinculados: ya hemos visto cómo la desregulación de los mercados lleva a crisis económicas y políticas. Los mercados solo funcionan como es debido cuando lo hacen dentro de un marco adecuado de regulaciones públicas; y ese marco solamente puede construirse en una democracia que refleje los intereses de todos, no los intereses del 1%. El mejor Gobierno que el dinero puede comprar ya no es suficiente.

 
Joseph E. Stiglitz es profesor de la Universidad de Columbia, premio Nobel de Economía y autor del libro Caída libre: Estados Unidos, el libre mercado y el hundimiento de la economía mundial. Copyright: Project Syndicate, 2011. Traducción de Esteban Flamini.

SMILE, LA JOYA PERDIDA DE LOS BEACH BOYS (Diario EL PAÍS, España)

 

http://www.elpais.com/articulo/cultura/joya/perdida/Beach/Boys/elpepicul/20111106elpepicul_4/Tes

Escribe Diego Manrique.-
 
Atención: conviene hacer el ejercicio mental de retroceder musicalmente hasta 1966 y prescindir de lo que vendría después. Los Beatles reinaban sin discusión pero había un grupo californiano al que los de Liverpool -especialmente, Paul McCartney- seguían con envidiosa atención. Lo extraordinario es que los Beach Boys no parecían auténticos competidores: tenían una imagen de surfistas sin complicaciones. En los albores de una revolución cultural, los Chicos de la Playa lucían inocentes y banales.
Los Beatles seguían entonces al grupo californiano con envidiosa atención
Los Beatles, sin embargo, estaban pasmados ante su Pet sounds. Por las exquisitas voces, naturalmente, pero también admiraban la brillantez de su producción: en Los Ángeles había estudios mejores que Abbey Road, soberbios músicos y arregladores imaginativos. Sin olvidar las sublimes composiciones de Brian Wilson, que ya reflexionaba sobre el paso del paraíso juvenil a la madurez.
Sin embargo, los Beach Boys tenían puntos débiles. Su entorno no compartía el anhelo creativo de Brian, que quería grabar, glup, "la sinfonía para Dios de un adolescente". Ahora evocamos los sesenta como un Himalaya de cumbres deslumbrantes pero, en 1966, unos músicos de clase media, como los hermanos Wilson, confortables con su éxito, podían preguntarse si estaban cometiendo un suicidio comercial por cambiar tan radicalmente de registro.
Y luego estaba la frágil psique de Brian Wilson. Alistó como ayudante al prodigioso Van Dyke Parks, aunque la relación se deterioró. Seguramente, no ayudó que, durante las sesiones para la continuación de Pet sounds, consumiera cantidades de marihuana y anfetamina. Era una situación de alta tensión, con un grupo renuente, la discográfica alarmada ante un presupuesto desbocado y la intimidante presencia de algunos de los músicos mejor pagados del negocio.
Brian Wilson no aguantó tanta presión. Tiró la toalla y se olvidó de lo que iba a ser Smile (originalmente, Dumb angel). Hubo explicaciones absurdas: se registraron varios incendios alrededor del estudio United Western y Brian temía que fuera culpa de una canción suya llamada The elements: fire. Eso sí, se rescataron bastantes temas, como Heroes and villains, Surf's up y el pináculo del grupo, Good vibrations.
Así que Smile quedó como el más famoso álbum inacabado que nunca llegó a escucharse. En realidad, debemos puntualizar: el elepé tenía hasta portada, un dibujo naif de una tiendecita que sirvió para ilustrar diversas ediciones piratas de las legendarias cintas. En 2004, el mismo creador retomó el proyecto como solista, grabándolo de nuevo y editándolo como Brian Wilson presents Smile.
Ese modelo de Smile es el que han seguido dos expertos en los Beach Boys, Mark Linett y Alan Boyd, que han revisado las 70 bobinas -de cuatro y ocho pistas- que se conservan. Según ellos, entre el 80% y el 90% de Smile ya estaba grabado; solo faltaba el empujón final, que Brian no llegó a dar.
El recién publicado Smile (EMI) esconde una labor titánica. En 1966, Wilson estaba fascinado por lo que llamaba "grabaciones modulares", que eran pequeños fragmentos musicales que luego encajaría en collage. También le encantaban los efectos de sonido o los ruidos aptos para ser integrados en su majestuosa música.
Smile está disponible ahora en un doble CD y en una caja de lujo, con libro, cinco CD, dos elepés y dos sencillos de vinilo. En ambos casos, se nos presenta el puzle ya armado y piezas destinadas al rompecabezas. Podría pensarse que solo profesionales de la música y la grabación pueden necesitar un disco entero de fragmentos de Good vibrations pero el éxito de la anterior caja exhaustiva, correspondiente a las sesiones de Pet sounds, revela que hay bastantes fanáticos felices de, por lo menos, tener la posibilidad de experimentar a los Beach Boys y sus mercenarios en plena faena.
Lo que descubrimos hoy es un grupo en expansión, explorando delicadas orquestaciones, lejos del impacto apabullante de Phil Spector, el maestro de Brian Wilson. Se trata de un pop fantasioso, que solo en tiempos recientes se ha convertido en tendencia, con grupos como Flaming Lips o Animal Collective. Algunos lo llamarán psicodelia pero en realidad era una extensión del trabajo de clásicos como Aaron Copland o George Gershwin. Los Beatles tenían razones para preocuparse: de salir en su momento, en 1967, Smile no habría eclipsado Sgt. Pepper's pero sí habría relativizado sus méritos.

sábado, 5 de noviembre de 2011

STANDARD & POOR´S Y COPERNICO, por Timothy Heyman (www.letraslibres.com)

 
 
http://www.letraslibres.com/revista/letrillas/standard-poor-s-y-copernico

En 1543, Copérnico revolucionó la astronomía con su libro De revolutionibus orbium coelestium. A partir de entonces, la tierra ya no sería el centro del universo, sino uno de los muchos planetas que giran alrededor del sol.
El 5 de agosto de 2011, Standard & Poors (S&P), con su downgrade de Estados Unidos a país AA+, revolucionó el sistema financiero mundial. Estados Unidos ya no es el centro del sistema, sino solo uno de muchos países, colocado por debajo de Liechtenstein, Luxemburgo y otros catorce países AAA.
La teoría de Copérnico enfrentó resistencia por parte de la jerarquía católica, que rehusó descartar su idea antropocéntrica del universo. De la misma forma, Timothy Geithner, secretario del Tesoro de Estados Unidos, trató de desprestigiar la metodología de S&P. El presidente Obama aseveró que el suyo siempre será un país AAA, y Warren Buffett, el tercer hombre más rico del mundo, declaró: “Para mí, Estados Unidos es AAAA.”
Los mercados coincidieron  con S&P. En las dos semanas posteriores al 5 de agosto, el índice accionario S&P bajó seis por ciento, y el oro –máximo indicador de desconfianza– subió un once por ciento a un nivel récord arriba de 1,800 dólares.
El downgrade va más allá de un trastorno temporal de los mercados. De un golpe pone en relieve cinco realidades, relativamente nuevas y relacionadas, que podrían determinar el curso del siglo XXI.
1. El fin del excepcionalismo de Estados Unidos. En el acuerdo de Bretton Woods de 1944, Estados Unidos se estableció como el centro del sistema financiero global. El oro se fijó contra el dólar en 35 dólares por onza, y el dólar se estableció como la moneda de reserva del sistema financiero global. El rompimiento por Nixon de la relación oro/dólar el 15 de agosto de 1971 fue la primera grieta en esta estructura. Ahora, exactamente cuarenta años después, el downgrade la derrumba. Estados Unidos es como cualquier otro país, sujeto a las mismas reglas y a los mismos castigos si se las rompe. Por tamaño de mercado y por usos y costumbres, el dólar sigue siendo la moneda de reserva dominante, pero parece ser solo cuestión de tiempo (que puede ser largo: véase la libra que duró treinta años como moneda de reserva después del ocaso efectivo del imperio británico) para que otra moneda –o metal u otro invento humano– la iguale, o rebase, en esta función.
2. La emergencia de los mercados emergentes. Estados Unidos no es el único país desarrollado con problemas. Japón lleva casi veinte años en estatus de downgrade (actualmente es AA-). La Unión Europea está tambaleándose por el euro, una moneda problemática desde su concepción por ser producto de una unión monetaria sin unión fiscal. En contraste, los países emergentes muestran una solidez financiera mayor que los desarrollados y, en su conjunto, están empezando a realizar su potencial geográfico y demográfico. Este año, los mercados emergentes representarán por primera vez más del cincuenta por ciento de la producción global (medido en términos de poder de compra), y en la última década han representado el 75% del crecimiento global.
3. La financialización de la historia. Las finanzas siempre han sido importantes para el poder político –véanse la Venecia de los siglos XI a XV, la Holanda del XVII, la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, y los propios Estados Unidos del siglo pasado–, pero nunca habían sido tan dominantes como ahora. De repente, el país se siente juzgado como un fracaso en todo, aunque el downgrade solo haya sido un juicio sobre su solidez financiera. La confianza de los estadounidenses está por los suelos. Ahora le llaman a Barack Obama el Downgrade President.
4. La incultura financiera de los políticos. Estados Unidos llegó a este punto por la incultura financiera de sus políticos. El proceso presupuestario es tan complejo que ninguno de los participantes lo entiende: ni senadores, ni congresistas, ni mucho menos el propio presidente. No consuela que lo mismo suceda en Europa y Japón.
5. La corporatización del pensamiento. Esta revolución en el pensamiento no proviene de un polímata solitario (Copérnico) o un filósofo barbado (Marx) o de un científico estrafalario (Einstein), sino de una empresa cotizada en bolsa (S&P), con batallones de analistas y contadores, escalas y mediciones. Hoy son las empresas –Apple, Google, McKinsey, Pfizer, Samsung o Tata– las que piensan lo impensable y cambian nuestras vidas, incluso más que las personas.
Copérnico tuvo un efecto inmediato sobre la religión: sus ideas heterodoxas abrieron camino al protestantismo. Pero su efecto más revolucionario y duradero fue sobre la ciencia. De la misma manera, el efecto inmediato del downgrade ha sido sobre los mercados. Pero las implicaciones más profundas y duraderas de este acto sorpresivo de una empresa norteamericana tardarán mucho más en asimilarse. ~

LOS FUNERALES DE RAUL RUÍZ, por Jorge Edwards (www.letraslibres.com)

 
http://www.letraslibres.com/revista/artes-y-medios/despedida-de-raul-ruiz

Fueron horas de conmoción, de fuerte emoción, de sorpresa trágica. Raúl Ruiz pertenecía desde hace muchos años al paisaje de la cultura, del arte, del cine, en Francia, en otros países de Europa, en América Latina y en Chile. Era uno de nuestros chilenos universales. En los últimos años había mostrado un interés nuevo por las historias criollas, por el campo chileno y sus personajes, sus fantasmas, sus leyendas. Parecía que había hecho una relectura creativa, inventiva, libre, de la literatura criollista. Los críticos de  acá y de otros lados encontraban en la fantasía del cine de Raúl Ruiz una expresión diferente, original, no programada, de lo que se ha llamado realismo mágico en nuestra novela. Son términos algo imprecisos, contaminados por las modas, que sirven de algo y que también sirven para desorientar. Ruiz era el primero en reírse de estas definiciones profesorales, de estas aproximaciones. A la vez, fue  de los pocos artistas chilenos que se interesaron en serio en creadores como Alberto Blest Gana, como Baldomero Lillo y Federico Gana, como el músico Alfonso Leng. Le daba vuelta a lo chileno, lo revisaba y recreaba a la distancia y con afecto, y por ese camino desembocaba en lo universal, sin insistencia y sin populismo.
La ceremonia fúnebre en la iglesia de Saint-Paul de París, en el centro del barrio emblemático del Marais, tuvo un estilo particular, algo de película ruiziana con toques de Luis Buñuel. Por los personajes, por el edificio mismo, por su fachada cubierta de andamios, frente a la cual pasaba un camión municipal y los asistentes se pegaban a los lados para que los escobillones de limpieza mecánica no los pasaran a llevar. El ministro francés de Cultura, Frédéric Mitterrand, estaba en la primera fila de la iglesia, junto al representante del alcalde de París. Detrás se colocó un grupo de actrices dolientes, con anteojos oscuros y ojos hinchados de llorar: Catherine Deneuve, la primera, su hija Chiara Mastroianni y, entre otras, Marisa Paredes, una de las grandes artistas del cine español actual, que había viajado en la mañana desde Madrid para estar presente en la ceremonia. Al otro lado, con la separación del ataúd, estaban Valeria Sarmiento y el grupo de los amigos más íntimos. Dominaba por completo, en forma impresionante, un aire de tristeza auténtica, profunda. Los que no se habían visto en las últimas horas, las de antes y después, se reconocían y se abrazaban largamente. El órgano de la iglesia daba la impresión de ensayar en forma tímida, avanzando algunos compases y dejándolos en suspenso, un fragmento del Requiem de Gabriel Fauré. Y el oficiante, un sacerdote joven de origen africano, entonaba los responsos con buen oído y desarrollaba la lectura de los textos sagrados con inteligencia, dándoles sentido y acompañándolo todo con una gestualidad sobria, comunicativa. La nutrida concurrencia, que había terminado por ocupar hasta el último banco de la nave central, no seguía el ritual con la experiencia suficiente, salvo excepciones, pero la comunicación, el efecto esencial y de fondo, eran completos. Las palabras, que habrían sido rutinarias en otro contexto, aquí adquirían fuerza, significaban algo.
Paulo Branco, productor portugués de muchas de las películas de Raúl Ruiz, viejo admirador y amigo suyo, habló en forma personal desde el altar. Algunos creyeron que era un hermano suyo, no se sabía si mayor o menor, y es posible que la intensa comunicación entre ambos, a lo largo de jornadas interminables, haya producido hasta un parecido físico. Se sabe que Paulo Branco, apasionado del cine, fanático de los caballos de raza, intervenía en la narración fílmica, sugería cambios, se identificaba con el director, pero también se intercambiaba con él en alguna medida. Sus palabras desde el altar, tranquilas, algo lentas, articuladas en un francés de calidad, se intercalaron en las honras fúnebres con naturalidad. Fue, en resumen, una ceremonia de gran elegancia, una construcción estética, como si Raúl Ruiz le hubiera puesto algunos toques y la hubiera en parte dirigido desde el otro lado.
Lo más notable quizá fue la salida, demorada, subrayada por un tumulto afectuoso, con abrazos renovados, lagrimones, una que otra reconciliación, bajo un sol que había escaseado en días anteriores, todo seguido de un aplauso entusiasta, unánime, imitado por alguna gente que pasaba por la calle, que había salido de compras, cuando el ataúd fue colocado en el furgón de la empresa funeraria.
Crucé algunas palabras con el ministro de Cultura, que se había quedado a la intemperie y no se decidía a retirarse, y le dije que tenía dificultad para encontrar traducciones francesas de Vicente Huidobro y mandárselas. Le había hablado del asunto en una ocasión anterior: de la calidad de esa poesía y de la gran pasión francófona del poeta, que intentó en una etapa de su vida escribir en francés y que había sido compañero, amigo, mentor, de muchos de los grandes personajes de la vanguardia de este país, desde nombres ya legendarios como Guillaume Apollinaire, Max Jacob, Tristan Tzara, Juan Gris. El ministro, hombre relacionado con el cine, de visión moderna, me dijo ahora, con insistencia, se diría que fuera de protocolo, que le mandara los libros en castellano.
Entretanto, me preguntaba, para mis adentros, si a Vicente Huidobro no le había faltado ese elemento criollo recuperado, ese regreso a las fuentes, esa relectura libre que había practicado Raúl Ruiz. Me lo preguntaba y no alcanzaba a tener una respuesta, aun cuando en Últimos poemas, en obras como Monumento al mar, visionarias y a la vez locales, cartageninas, quizá se encontrara una clave. Es decir, el regreso del poeta, del artista, a su región original, a su punto de partida, podría mirarse e interpretarse, a lo mejor, como uno de los rasgos constantes del arte chileno: algo propio de un arte de la distancia, de la memoria remota y del reconocimiento en la última vuelta del camino. ~