viernes, 15 de enero de 2010

HIPNOSIS MORTAL (Park Chan-wook, Corea del Sur 2003)



Por Oscar Contreras.-

La primera impresión que deja Hipnosis mortal (Oldboy, Corea del Sur 2003) es el dolor y el alivio -que en proporciones dispares- produce el pulso febril de un director maravilloso como Park Chan-wook (Seúl, 1963) capaz de organizar el caos, de adaptar un manga japonés muy popular, de articular con licencias miles una película sobre lo infrahumano, sobre los castigos del destino, sobre el rencor visceral de un personaje antológico: Oh Dae-su. Park Chan-wook pertenece a una cinematografía en pleno apogeo -la de Corea del Sur- en la que el cine de acción y horror dominan la taquilla con productos genéricos o personalísimos e incluso "for export". La apuesta decidida del Estado surcoreano por regular el mercado cinematográfico -tan lleno de blockbusters- ha permitido el surgimiento de directores integradores, con otras aproximaciones al arte del cine, como Kim Ki-duk, Hong Sang-soo, Lee Chang-dong, Whang Cheol-mean, Im Kwon-taek, entre otros. En ese contexto, Hipnosis mortal no solo obtuvo el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes 2004, con una evidente dirección de Quentin Tarantino en el fallo, sino que disparó al mundo la carrera de un anónimo Park Chan-wook y el decurso de cierta tendencia en el cine asiático. En el que la trilogía de la venganza (Sympathy for Mr. Vengeance, Oldboy y Sympathy for Lady Vengeance) ha tenido una gran resonancia por su construcción dinámica, exigente, muy bien aceitada, con una vulneración consciente de las leyes del lenguaje del cine. En Hipnosis Mortal, el gran actor Choi Min-sik encarna a Oh Dae-su, un hombre común y corriente, casado y padre de una niña, secuestrado una noche en que va a su casa después de tomarse algunas copas. Al despertar descubre que está incomunicado en un lugar que no conoce, con la TV como único contacto con el mundo. Periódicamente es sometido a hipnosis y es dormido con gas. A través de la TV se entera del asesinato de su esposa y de ser el principal sospechoso. Pasan 15 años y un día queda en libertad, con un celular y una maleta de dinero en la mano. Decidido a vengarse apela a su memoria maltrecha, a su dominio de las artes marciales que aprendió en el encierro y a su intuición para encontrar al responsable de su desgracia que no es sino un demiurgo sádico, que le lanza desafíos violentos, vejatorios, para ponerlo a prueba. Lo que sigue es un thriller terrible, violentísimo, confuso, narrado a paso de carga, en donde al principio existen pocos referentes y ubicaciones para entender la historia. Y luego con los saltos de eje y desafíos de la lógica (v.gr. la sensacional lucha contra un ejercito de luchadores en travelling lateral, y Oh Dae-su comiéndose un pulpo vivo) encontramos sentido a las escenas previas, que reseñan las paradojas del tiempo y del encierro, la ilusión de libertad y la divagación en un laberinto mortal y enfermizo.

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