domingo, 31 de enero de 2010

TOMAS ELOY MARTINEZ (1934-2010)


Los libros de Tomás Eloy Martínez son totales, de largo aliento y a la vez consistentemente cuestionadores. Esa eficacia encontraba sustento en el respeto escrupuloso por el lenguaje, por la palabra correcta, oportuna, consonante. De la que se derivaba una ética y una moral referenciales. Crítico de cine (miembro honorario de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina -ACCA), lúcido articulista en varios periódicos importantes (The New York Times, La Nación, El País de España), Tomás Eloy Martínez perteneció a una camada de escritores argentinos maravillosos como Abel Posse, Osvaldo Soriano, Ricardo Piglia y José Pablo Feinmann. Lo vamos a extrañar.

Diario LA NACIÓN Argentina - http://www.lanacion.com.ar/

A los 75 años, tras una larga lucha contra el cáncer, falleció el periodista y escritor Tomás Eloy Martínez.

Fue columnista de los diarios LA NACION, The New York Times y El País de España. También escribió libretos de cine y televisión, y fue crítico cinematográfico, además de integrar el equipo de dirección del semanario Primera Plana. También dirigió la Opinión Cultural y la revista Panorama. Además, formó parte del equipo creador del diario Página 12.

"Las ficciones son nuestra forma de rebelión." La relación del periodista y escritor Tomás Eloy Martínez con la escritura comenzó con una transgresión. Escribió su primer cuento cuando tenía menos de diez años para burlar el castigo de sus padres, que le habían prohibido leer. Ese gesto, el de llevar al máximo los límites, caracterizó toda su trayectoria.

Agudo analista del ser nacional, quizá uno de los más penetrantes que tuvo el país en los últimos años, su cautivante y elaborado estilo nutrido por igual de la apreciación objetiva y sensible de la realidad sedujo a generaciones de lectores.

Empezó su carrera como corrector en La Gaceta de Tucumán, provincia que lo vio nacer en 1934. "Si cuidás el lenguaje, la ética viene en consonancia, porque la responsabilidad empieza por la herramienta que manejás", había dicho en una entrevista publicada en El País a propósito de esa experiencia.
Esta segunda escena de iniciación determina su creencia en el poder de la palabra, capaz de reinventar tanto la realidad ("Todo relato es, por definición, infiel", como sostuvo en su novela más famosa, Santa Evita ) y a quien la emplea ("Somos lo que hemos leído", dijo alguna vez).

Entre 1957 y 1961 fue crítico cinematográfico de LA NACION . Junto con Ernesto Schoo, renovó la forma en que se reseñaban las películas de esa época. El contexto era de por sí estimulante: las nuevas expresiones de la Nouvelle Vague y la Nouveau Roman, que derribaban las viejas formas del cine y la literatura, eran recibidas por algunos jóvenes de este lado del océano como gotas en el desierto. Entre ellos estuvo Martínez, que promovió ambas tendencias, con las que generó tanto adhesión como desconcierto.

Pasó por las redacciones del semanario Primera Plana y la revista Panorama, de la cual fue despedido por publicar los sucesos de Trelew en la portada. Su relato periodístico La pasión según Trelew (1974), quemado durante la dictadura en una plaza de Córdoba, fue incorporado como prueba al expediente de la causa que investiga la masacre. También fue el primer director del noticiero Telenoche.

Dirigió el suplemento cultural del diario La Opinión hasta 1975, año en que, amenazado por la triple A, debió exiliarse en Caracas. Allí fundó El Diario.

En 1991 participó en la creación del periódico Siglo XXI en Guadalajara, México, y del suplemento Primer Plano en Página 12 . Dirigió durante muchos años el programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, de Nueva Jersey, y fue uno de los referentes de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por su entrañable amigo Gabriel García Márquez.

A partir de 1996 y hasta su muerte, fue columnista de LA NACION. Sus artículos también se publicaron en The New York Times y en El País .

Entre sus obras más destacadas se encuentran Lugar común la muerte (1979), señalada como un aporte esencial al Nuevo Periodismo, La novela de Perón (1985), La mano del amo (1991) y la novela argentina más traducida de todos los tiempos que, a la manera del Facundo de Sarmiento, dinamitó la frontera entre fantasía e historia: Santa Evita (1995).

En 2002 recibió el premio Alfaguara, uno de los más importantes concursos literarios en lengua castellana, por El vuelo de la Reina . Luego se publicarían la selección de ensayos y crónicas Réquiem por un país perdido (2003), Las vidas del general (2004) y El cantor de tango (2004). El Purgatorio (2008), su última novela, cuenta la historia de una pareja separada por el terrorismo de Estado en 1976 que vuelve a encontrarse 30 años después, relato con el que intentó recuperar los años que vivió lejos de un país que nunca dejó de obsesionarlo.

El diario madrileño El País le otorgó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo el 22 de abril de 2009. El galardón distingue trabajos en español publicados en medios de todo el mundo.

Poco después, el 24 junio de ese mismo año fue incorporado a la Academia Nacional de Periodismo. "Es un gran honor que se debe, creo, a la persistencia con la que vengo trabajando hace más de medio siglo", dijo en esa oportunidad a LA NACION.

Desde su sillón en la Academia, Martínez bregó para que la calidad y confiabilidad de la información sean las herramientas indispensables para que el oficio se adapte a los nuevos tiempos.


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