viernes, 15 de enero de 2010

RICHARD LINKLATER: Crónica de un cine acústico



Richard Linklater es un cineasta texano de 44 años. Pertenece a la generación de directores independientes que en la década del noventa emergieran con inusual solvencia artística en los Estados Unidos, como Hal Hartley, Víctor Núñez, Wes Anderson, Todd Solondz, Quentin Tarantino, Gregg Araki, Todd Haynes, entre otros. Linklater ha procurado la continuidad en un medio empresarial dificultoso como el americano, a través de su propia compañía productora Detour Filmproduction -razón social que mienta al clásico de Edgar G. Ulmer- constituida al alimón con su mujer Anne Walker-McBay.

En más de diez años de carrera -desde Slacker (1991) hasta Antes del atardecer (2004)- Richard Linklater ha sido consecuente con su sensibilidad juvenil -provinciana me atrevería a decir- haciendo de Austin, Texas y del medio oeste americano el escenario propicio para sus desplazamientos; para sus construcciones dramáticas circulares donde la irreverencia importa tanto como la melancolía, como la cámara bien plantada, como el parlamento constante o el humor seco (o semi-seco) que lo distiende todo. Su obra no es desbordante ni desbordada, se concentra en asuntos contemporáneos, juveniles, paralelos. Y si el lector lo advierte, la ejecución siempre es en sordina: música acústica, temperada en exclusividad para los "adolescentes" del mundo que precisan escuchar. Eso hace más interesante todavía a este cineasta.

En 2004 se estrenaron en Lima sus películas Escuela de Rock (2003) y Antes del atardecer y se generó un extraño fenómeno en la cartelera toda vez que el cine americano "fast food" -abundante, complaciente, masivo- fue desplazado y tomado por asalto por estos "caballos de Troya" -los de Linklater- que las empresas distribuidoras en su sed mercantilista confundieron con las adocenadas y estúpidas comedias de fórmula. Rápidamente los críticos y el público advirtieron su funcionalidad y valores, reivindicándolos. Por eso nos atrevemos a revisar la obra de este director esquivo en presencia comercial; de alguna manera marginal en su propuesta; apelando al DVD y a la memoria generosa.


EL VIAJE
Después de nueve películas y un episodio de televisión, quitándole el "plugg" al cable prejuicios, se concluye que Richard Linklater es un personaje de extracción popular: el típico "middle class" ilustrado, apasionado por el rock and roll, por los automóviles veloces -con cassetera incluida-, por el skateboarding; pero sobre todo "Link" encarna al buen bebedor de libros, licores y películas en VHS, con la suficiente personalidad para marcar distancias respecto de aquellos realizadores coetáneos que, en un momento vital y dubitativo del cine americano, parecieron vislumbrar el éxito a la vuelta de cualquier esquina -a partir de manuales de autoayuda como How make a feature film at used car prices de Rick Schmidt (1).

A principios de la década del noventa, que es cuando Linklater comienza a rodar su primera película, Slacker (1991), los chicos norteamericanos querían ser cineastas independientes al influjo de El mariachi y su bajísimo -y farsesco- presupuesto de US$ 7000. Comienza a venderse un esquema de nación independiente. Los productores y distribuidores estaban convencidos de hacer mucho dinero con muy pocos riesgos de inversión y de otro lado los aspirantes a directores tenían la certeza de emerger rápidamente en el mundo de la realización de películas. Esta hipótesis tuvo muy poco que ver con los cambios reales en los modos de producción: de cómo las productoras independientes (Miramax, New Line Cinema, Castle Rock) se fusionaron finalmente con las mas grandes corporaciones (Turner Broadcasting System, Warner Brothers y Disney) (2) y como esos prospectos de "indies" terminaron fagocitados por el sistema. En ese sentido, Slacker (traducido como el más laxo, flojo, débil, perezoso) es una primera película afortunada, periférica, movediza como sus jóvenes personajes, unos holgazanes que se encuentran luego del trabajo para conversar. Aquí la conversación y las ideas mismas llegan a ser la fuerza determinante de la narrativa, los diálogos adquieren una dimensión económica. Los flojos vitelloni parlan sobre temas insubstanciales con la misma intensidad con la que los personajes de Bresson callaban; y esa inflación verbal podría llevarnos al debate contenidista sobre los efectos lesivos del capitalismo y de como una generación residual, a la deriva, muy a la vista en el querido Austin, Texas puede motivar un registro cronístico. Que no es tal pues Linklater, más que un periodista es un director de cine.

Su siguiente filme también es una película de grupo, con la categoría de pequeña obra maestra: Dazed and Confused (1993) filme ganador del Festival de Toronto que -como Slacker- no se estreno en el Peru. Linklater toma prestado de American Graffiti (1973) de George Lucas la idea de los adolescentes durante su noche de graduación y despliega una trama divertida, inteligente, celebratoria de los años setenta, de su música espléndida; de los sentimientos vivos y la añoranza por un pasado texano que no volverá, donde era posible articular la ofuscación y la confusión a partir de comportamientos ridículos pero autónomos. La sensación de proximidad, de inmediatez generada por el filme constituye un acontecimiento estructural en la obra de Richard Linklater: la confluencia de la cámara, la realidad y el montaje son tan naturales que hacen imperceptible la fuerza organizacional del director. Aquí hay un compromiso con la vida del filme. Hay amor invertido.



EL AMOR
Linklater es un director tipificable como "independiente" a propósito de su concentración en el mundo adolescente y post-adolescente (los receptores potenciales de sus películas). Quizá el rasgo de estilo más saltante en su filmografía es la distancia prudente con la que observa a los jóvenes. De como las relaciones de pareja y de grupo se sostienen con la misma naturalidad con la que se suena despierto. Para Linklater existe la necesidad de reservar un espacio dentro de la vida -y dentro del cine mismo- para la ensoñación. Esto permite vislumbrar mejores horizontes, mejores estados de vida, ser mejores personas en compañía de otros. Y aunque las películas del cineasta están lejos de ser cuadros ejemplares, burgueses y descafeinados, no deja de llamar la atención ese culto al ocio; verdadero antídoto contra la rutina y la neurosis. Como en el caso de Tarantino, la violencia coreografiada y la palabra prosaica constituyen "pichicatas" salvadoras; en el cine de "Link" el amor antecede y sucede a todo. No hay otra explicación para los finales en Antes del Amanecer (1994) y Antes del Atardecer (esta ultima su obra maestra a la fecha) donde los planos fijos y vacíos de la idílica Viena o el baile contoneante de Julie Delpy -10 años después- en un departamento de París, frente a Ethan Hawke, al compás de Nina Simone, capturan la espontaneidad, la fisicidad de algo que pudo ser y no fue. La serie cinematográfica precitada es externa a Texas; es cosmopolita y esencialmente "linklateriana" toda vez que la extraordinaria corriente de atracción entre Jesse y Celine parte de una "común afición por lo inesperado, por aquello que escapa a la rutina" (3). Es y no es Mi noche con Maude, Un hombre y una mujer o Un instante, una vida.



SONAR, SONAR
La Pandilla Newton (1998) es una película hollywoodense hecha por un contrabandista del cine. Un cast brilloso y ciertas especificaciones de producción -de cumplimiento obligatorio- no reducen el espíritu irreverente de Linklater. Debajo de la epidermis genérica, prolija, tradicional, el realizador encubre una de las mas explicitas declaraciones acerca de la liberación personal: de las represivas estructuras sociales y de la explotación laboral. La vida de los "chicos Newton", una pandilla de hermanos muy pobres del oeste de Texas, que en 1920 empezaran a robar bancos, pone en valor la frase "tiene menos culpa el que roba un banco que aquel que lo funda". No obstante algunas licencias como los primeros planos y el "tiro" corto de la cámara -de reminiscencias televisivas- La Pandilla Newton fue mal recibida en su momento y considerada un tropiezo en la carrera del director. Por el contrario, SuBurbia (2000) es una cinta redonda. Es otra película sobre un grupo de chicos relajados, sin horizontes, adictos a la cerveza y a las drogas blandas, anquilosados en su pueblo natal -Burnfield- al que los espectadores llegamos -desde los créditos iniciales- acompañados por un smash hit de los 60: Town without pitty de Gene Pitney. Linklater volvió a sus holgazanes de siempre, a los subproductos de la "cultura de la basura"; que se embriagan y hablan de todo y nada en la parte trasera de un mini market de propiedad de un hindú. La envidia por una estrella de rock que regresa al barrio, tendrá un desenlace muy triste. SuBurbia esta basada en un texto del actor Eric Bogosian y gozo de popularidad en las tiendas de alquiler de videos de Lima.

Waking Life (2001) -tampoco estrenada- es un proyecto personalísimo que marca el reencuentro con un público mas fragmentario aún. Estamos ante una exploración visual y filosófica del mundo de lo sueños, filmada primero con actores y luego pintada cuadro por cuadro con técnicas de animación digital -rotoscopia- para lograr un bello efecto de irrealidad. Waking life es una película abarcadora en sus temas; premonitoria y psicoanalítica respecto al devenir de un muchacho confundido (interpretado por el actor Wiley Wiggins, protagonista de Dazed and Confused) y que por su efectismo y vuelo filosofal preferimos menos que Tape, su gran película de 2002, ganadora del Festival de Venecia. Tape también es formalmente arriesgada, al haber sido filmada en una pequeña habitación de un motel de Michigan, con varias cámaras digitales y con solo tres actores. Los distintos ángulos de toma, los barridos que acentúan la imperfección de la imagen -urgente, escrutadora- permiten abrir las interpretaciones respecto de la funcionalidad de la tecnología digital en determinadas circunstancias dramáticas, a saber esta pieza teatral claustrofóbica y acosadora. Vince (Ethan Hawke) es un tipo violento, fracasado en su matrimonio, que consume drogas y alcohol en cantidades industriales y que urde una venganza contra sus ex compañeros de la secundaria, Jon (Robert Sean Leonard) y Amy (Umma Thurman). Jon es un cineasta de paso por Michigan con ocasión del Festival de Lansing y Amy es asistente del Fiscal del Distrito de la misma ciudad. Una intensa secuencia de extorsión emocional (con una edición vertiginosa que nada tiene que envidiarle a una de las persecuciones de Contacto en Francia) conlleva a la confesión de Jon, quien afirma haber violado a Amy cuando adolescentes. Amy -convocada a escena- maneja la situación con inteligencia y propina a Vince una soberbia "estocada", pasando este de "cazador" a "cazado". Tape marca el punto de retorno a los psicodramas intensos que solo John Cassavettes sabia filmar magistralmente.




DE VUELTA AL COLEGIO
Richard Linklater continuara haciendo este cine siempre. Y que bueno que así sea porque quizá las distribuidoras y el publico -en un golpe de suerte- descubran filmes esplendidos como Escuela de Rock (2003), su famoso desquite con la industria. Richard Linklater, contrariando el espíritu edificante y puritano del sistema, que se apoya en cintas como Adiós Mr. Chips o La sociedad de los poetas muertos, propone la revolución de la escuela americana a partir del cultivo entusiasta del rock and roll, la llave para abrir las puertas a eso que llaman felicidad, aunque dure 3 o 5 minutos. No hay gesto más noble -hoy en día- que enseñarle a un chico a empuñar una guitarra y hablarle de Led Zeppelin o Paul McCartney. Todos tienen cabida en la clase del obeso profesor Jack Black: nerds, avispados, gorditas, negros, malandrines, "delicados", todos. Esta variante de las cintas de "colegiales" es una prueba palmaria del amor y el aprecio de Richard Linklater por la juventud, por sus problemas, por sus expresiones pulsionales, afectivas y racionales también.

En ese orden de ideas es que confesamos nuestra preferencia por este director, al que descubrimos cuando el estreno de Antes del amanecer allá por los días de la Universidad y al que no he dejado de seguirle la pista desde entonces. Me sigue hablando como hace diez años, sobre cosas simples, complejas o insubstanciales. Y lo hace con autoridad, con un conocimiento de los alcances del lenguaje cinematográfico, de las convenciones dramáticas, de los géneros y subgéneros cinematográficos. Linklater es más que un "maverick" o cineasta independiente: ocupa un lugar importante en la Historia del cine norteamericano contemporáneo y su continuidad estilística y temática nos hace abrigar grandes esperanzas en la carrera de quién anuncia filmar, en 10 años, Antes del anochecer.



 Por Óscar Contreras
(Publicado en la Revista Butaca - abril 2005, número 24, año 06)

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