lunes, 31 de mayo de 2010

DEEPAK LAL EN LA VIII CONVENCION INTERNACIONAL DE ECONOMÍA, ORGANIZADA POR LA UNIVERSIDAD UPC


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Este 7 y 8 de junio se llevará a cabo la VIII Convención Internacional de Economía, que anualmente organiza la UPC, y el expositor principal será el profesor británico Deepak Lal, actual presidente de la Mont Pelerin Society y destacado investigador en temas de cultura y desarrollo económico, sobre los cuales tratamos en esta entrevista.

MARIO CAMOIRANO Correo: ¿Cuál es la importancia de las instituciones para alcanzar el desarrollo económico?
Deepak Lal: El concepto "instituciones", como el conjunto de derechos y obligaciones que afectan a las personas en su "vida económica", se ha convertido en un lugar común que termina por no poder explicar nada.

Yo postulo que el rol de las instituciones en el desarrollo no se puede entender sin tomar en cuenta el factor cultural. Cultura definida en términos "ecológicos".

C: ¿Podría explicarse mejor?
DL: Para los ecologistas, lo que diferencia al hombre del resto de animales es su habilidad para cambiar el medio que lo rodea. El ser humano no tiene que mutar para adaptarse a cambios ambientales, sino que aprende nuevas formas de sobrevivir y las fija a través de las normas sociales en su cultura, de manera que su prole no tiene que redescubrir las soluciones.

Ahora bien, cada cultura desarrolla dos tipos de creencias: las materiales, muy relacionadas a la economía; y las cosmológicas, relacionadas al propósito último de la existencia. Las primeras pueden adaptarse rápidamente a los cambios, mientras que las creencias cosmológicas cambian muy lentamente.

Por ejemplo, si uno visita la Rusia actual y los países de Europa del Este, podrá apreciar cómo la gente ha transformado sus creencias culturales materiales y ya nadie espera que el Estado sea el proveedor de los bienes y servicios.

C: ¿Y cómo se relaciona esta distinción con el desarrollo económico?
DL: Es lo que nos ayuda a explicar el surgimiento y posterior dominación de la civilización occidental mediante el sistema de producción capitalista.

Muchas explicaciones de esta divergencia se han basado en el surgimiento del método científico, o la reforma protestante o la revolución industrial. Pero el elemento esencial es el rol de las creencias cosmológicas.

En las civilizaciones agrícolas, las familias buscaban tener herederos varones para mantener la propiedad de la tierra. Por su parte, la Iglesia católica, desde sus inicios, buscó ampliar su "poder temporal" adquiriendo propiedades, principalmente a través de legados de familias sin herederos. Una forma como las familias se aseguraban de tener un heredero varón era mediante el concubinato, el segundo matrimonio de las viudas con algún hermano del esposo, o con la adopción; pero en el siglo VI, Gregorio I prohibió todo ello. Y aún más: se comenzó a difundir la idea de que el matrimonio debía hacerse por amor. Esto último quebró uno de los valores culturales fundamentales de la civilización antigua: el sometimiento de los jóvenes a la voluntad de los mayores (y esto se refleja muy bien en esa pieza teatral de Shakespeare Romeo y Julieta).

Este cambio en las creencias cosmológicas (que tardó varios siglos en madurar) fue el que permitió a la civilización occidental abrazar el capitalismo y prosperar, porque sus miembros se volvieron más individualistas.

De hecho, el proceso de cambio cultural aún no culmina, pues la civilización occidental actual es una mezcolanza de las ideas de realización personal de la Ilustración, la búsqueda del "éxito" en una sociedad competitiva y la creencia cristiana de la salvación final.

C: En un reciente artículo, usted se ha pronunciado acerca de acabar la "guerra contra las drogas". ¿Prefiere vivir en un mundo plagado de adictos?
DL: Mi propuesta fue que, para acabar con la guerra en Afganistán, se podría destinar todo el dinero invertido en armamento y tropas para comprar la producción de opio y distribuirlo entre pacientes terminales en forma de morfina. Pero esa solución racional, que pondría fin a la mal llamada "Guerra contra el Terror", requiere que Estados Unidos también renuncie a su "Guerra contra las Drogas". Mire, el patrón de consumo de todas las drogas es como el de cualquier otra epidemia. La mayoría de usuarios, luego de advertir los efectos colaterales, dejan de consumirla. El propio Estados Unidos, al invadir las Filipinas en 1898, mantuvo el comercio legal de opio, a través de un estanco. Pero un poderoso lobby religioso convenció al Congreso de prohibir el opio, y con la Convención Internacional de La Haya de 1912 se dio inicio a esta locura.

Económicamente, las externalidades que genera el consumo de drogas deben ser enfrentadas con un sistema tributario que equipare el beneficio marginal con el costo social.

C: Por último, ¿qué nos puede comentar sobre la crisis internacional?
DL: A lo largo de esta crisis se ha debatido mucho sobre el resurgimiento de las teorías keynesianas.
Pero esta crisis, antes que real (de producción) es financiera, y quien mejor ha diagnosticado este tipo de fenómenos es Irving Fisher. El principal problema es el sobreendeudamiento, producto del crédito barato que fuera el combustible inicial de la burbuja inmobiliaria. Las autoridades norteamericanas han fallado en restaurar las hojas de balance de las sobreapalancadas instituciones financieras, así como de las empresas y familias. Los "paquetes de estímulo económico" fallan en lo obvio: eliminar el sobreendeudamiento de las familias y empresas mediante un recorte en los impuestos.

Sólo así, con el ahorro fiscal, se puede permitir el repago de las deudas sin que disminuya drásticamente el consumo. Facilitar el pago de hipotecas y deudas por tarjetas de crédito permitiría a su vez restaurar la salud financiera de los bancos. En lugar de eso, se optó por un dudoso plan de saneamiento de los bancos, que me recuerda a Nerón tocando el arpa mientras Roma se incendiaba.

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