viernes, 17 de septiembre de 2010

EL AMERICANO, LA NUEVA PELÍCULA DE ANTON CORBIJN (Dairio EL PAÍS, España)


El mundo es cada día más extraño. O el cambio climático afecta a muchos cerebros. El fin de semana de su estreno, El americano, el thriller de Anton Corbijn con George Clooney, se puso primero en taquilla en EE UU, derrotando a rivales como Machete, de Robert Rodriguez. Y la sorpresa ante su éxito no tiene que ver con su calidad, sino que Corbijn (Strijen, Holanda, 1955), el gran fotógrafo del rock, no es precisamente un director rompetaquillas. Cuando se le pregunta por ese logro, primero bromea asombrándose con la noticia ("Me gusta revivir el momento", se excusa entre risas), y después asegura: "No me lo esperaba. No quiero crear expectativas a la gente. Yo soy un director europeo y quiero seguir en este nivel, no que me juzguen por el dinero recaudado".
Corbijn debutó con la deslumbrante y dolorosa Control, sobre la vida y la muerte de Ian Curtis, el cantante de Joy Division, un músico cercano emocionalmente al holandés: incluso llegó a retratar a la banda antes del suicidio de Curtis en 1980. Era un primer paso lógico desde su mundo de videoclips. Ahora cambia el paso, y sin abandonar su deslumbrante sequedad visual, entra en el thriller. Al finalizar la charla, Corbijn menciona Hunger, de Steve McQueen, y Un profeta, de Jacques Audiard, como referentes: son dos thrillers alejados de los cánones, inmersos en el terror más bello. "Como a ellos, a mí no me gusta ir por el medio de la carretera, sino por los márgenes". Eso es El americano, la historia de un asesino a sueldo en su último trabajo, un George Clooney paseante en solitario por la zona italiana de los Abruzos, un hombre silencioso para una película casi sin diálogos y cargada de tensión. "Cuando acabé Control, busqué guiones muy diferentes. Leí este guión, me gustó, leí la novela en que se basa, Un caballero muy reservado, me interesó aún más y reescribí el libreto. Quería reflexionar sobre si la redención puede cambiar una vida, y me atraía la estructura de western". Y el pistolero, Clooney: "Puede que Clooney no parezca de primeras una elección obvia para encarnar a un asesino a sueldo que intenta salir de su mundo, pero yo había visto algunas interpretaciones suyas en las que mostraba su lado más oscuro. Es difícil saber por qué los actores aceptan unos proyectos y otros no. George había visto Control, le gustó este guión y aceptó". De posibles redentores, una prostituta y un cura. "Vengo de un país, Holanda, donde la prostitución está más aceptada. Yo mismo viví a los 19 años encima de un burdel un año, porque era barato. El extraño, Clooney, llega al pueblo y se relaciona con quien puede apoyarle en su viaje físico, la puta, y en su viaje espiritual, el sacerdote. Ambos le ayudan a cambiar".
Corbijn no suele definirse como artista, sino como artesano, y algo de eso hay en el papel de Clooney, porque el asesino fabrica y monta sus armas, y el holandés se recrea con la cámara en tornos, limas y martillos en movimiento. "No me di cuenta hasta que acabé la película. Ahí descubrí que el asesino fabrica el rifle con mucho amor y precisión. Un poco a la manera de un director de cine, que junta la música, los actores, los planos...". Buen momento para que hable sobre la diferencia que existe entre dirigir un largo y videoclips, género al que el holandés ha aportado joyas: "Soy muy consciente de las diferencias. Hice videoclips a otro ritmo, como cuentos, no basados en interpretaciones, pero siempre contando historias. Pero hay más que han logrado esa transición: Spike Jonze, Michel Gondry, Jonathan Glazer, Julian Schnabel... Aun así hubo días en el rodaje en que pensé: '¿Qué hago yo aquí?".
La fotografía no ha quedado apartada: "En otoño expondré en Nueva York y Francfort, cosas pequeñas. También he sacado un libro, Inside The American, con fotos hechas durante el rodaje, algo que me costó mucho porque las hacía en los mínimos momentos de descanso. En realidad, el filme refleja mi amor por la fotografía, es difícil abstraerte del pasado".

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