jueves, 9 de septiembre de 2010

UNA VERGÜENZA: LOS PROYECTOS DE PELÍCULAS QUE POSTULAN A LOS PREMIOS CONACINE


Julio Cotler indica que los periodos de mayor conflictividad social en el Perú -a través de su Historia- han coincidido con los de mayor crecimiento económico, acumulación y dispendio. Donde el fermento "canalla" es la angurria de las clases altas y bajas.
En circunstancias como esas, todos quieren participar de la "torta fiscal" pero nadie justifica o sustenta su derecho. Y como el Estado -su legislación y sus instituciones- no responden con prontitud a las demandas (el Estado Republicano pensado para una realidad pobre, subdesarrollada, sin equidad) entonces todos quieren asaltar las arcas fiscales.
Eso no va más. O no debería ir más.
Los recientes concursos extraordinarios de CONACINE (posproducción, distribución y exhibición) así como la decisión soberana del Jurado de expresar públicamente su disconformidad (y preocupación) por la baja calidad de los proyectos; revela muchas cosas:
1) Es necesario agilizar la inversión, el gasto y la promoción públicas en el país. Es una perogrullada. Aquí va otra: El cine necesita el apoyo del Estado. Es correcto. Pero no se pueden "premiar", "promover", "financiar" proyectos (cinematográficos) insustentados y deficientes bajo el argumento que "el Estado me tiene que ayudar". Porque el Estado no es beneficencia.
2) Una vez más los proyectos han sido mal expuestos, mal diseñados, sin observar los términos de referencia míminos que permitan a los evaluadores (el Jurado) advertir sus ventajas, sus atributos, su calidad artística.
3) Esto revela la pobre formación de nuestros cineastas y productores. Y su paupérrima inventiva, técnica, cultura, formalidad procedimental.
4)  O la escasa preocupación del Estado (CONACINE) de organizar talleres orientativos o focus groups que informen a los cineastas-administrados sobre las ventajas (y contenidos mínimos) de un buen expediente. Porque los proyectos de películas que se presentan a los concursos de CONACINE son eso, "expedientes administrativos de evaluación previa".
5) ¿Deben revisarse las bases de los concursos de CONACINE y volverlos más abiertos a un mayor número de cineastas? Este asunto de la promoción del cine desde el Estado ¿Debe ocurrir sólo con los proyectistas independientes que tienen mayor dificultad en armar un buen expediente y de acceder a posibilidades de financiamiento? ¿Deben participar los cineastas consagrados a los que estúpidamente se les llama "vacas sagradas", como si alguien los adorara. Ellos ¿Deben bailar con su pañuelo o ser beneficiados con los concursos CONACINE? ¿No son tan ciudadanos y cineastas como "los independientes"? Léase, esa nueva especie que "quiere inventar el cine en el Perú" y dicen "no tener bandera".
6) ¿Por qué no organizar concursos con "reels" o avances de películas? ¿Por qué no pensar en los "work in progress"?
Para quienes trabajamos en el sector público no es novedad que el dinero asignado a una determinada institución estatal para su presupuesto anual; en caso de no invertirse o gastarse de acuerdo al plan institucional, revierte al tesoro público el siguiente año. O sea, regresa a la gran caja fiscal.Y la misma institución estatal experimentará un recorte presupuestal en proporción a esa plata no gastada. Lo que me parece justo de acuerdo a las condiciones de expectativa en el país.
Entonces ¿No les parece responsable la decisión de las miembras del Jurado CONACINE?
Sin conocer los expedientes ni a los titulares de los proyectos, creemos que ha actuado con conciencia.
Oscar Contreras.-

http://www.elcomercio.com.pe/

El Consejo Nacional de Cinematografía (Conacine) hizo públicas las actas del jurado de los concursos extraordinarios para posproducción (S/.210.000 cada uno) y distribución y exhibición (S/.80.000 cada uno). El primero recayó en “El rincón de los inocentes” del cineasta ayacuchano Palito Ortega Matute, y en “Bolero de noche”, de Eduardo Mendoza, director de las dos partes de “Mañana te cuento”.


JURADO CRÍTICO


Lo curioso es que el jurado, integrado por Marta Méndez, Micaela Cajahuaringa y Carla Levi, decidió dejar constancia de la baja calidad en todo aspecto de los proyectos que participaron, con problemas como poca creatividad, guiones poco trabajados y desconocimiento del lenguaje cinematográfico, entre otros. Sin embargo, por cuestiones de “conciencia de lo que significaría declarar los premios desiertos, ya que el cine peruano tiene tan poca ayuda y promoción”, decidieron premiar los dos proyectos que más se aproximan a ser una obra cinematográfica.

Los ganadores del premio de distribución y exhibición (cuyo jurado estuvo compuesto por Gustavo Buntinx, Daniel Rodríguez y Mario Garavito) fueron “El inca, la boba y el hijo del ladrón” de Ronnie Temoche, y “La vigilia” de Augusto Tamayo. El primer proyecto, que sigue a tres personajes marginales que buscan el amor, tuvo una producción complicada: fue rodado a principios del 2007 y recién ahora puede ser concluido. “Cuando conseguimos las dos terceras partes del financiamiento, decidimos usar las parte para el rodaje” señala Verónica Oliart, productora del filme. “La parte de la posproducción fue más difícil conseguirla, pero la obtuvimos con un premio que ganamos, el Global Film Initiative, el año pasado en Estados Unidos, y con la entrada de la Universidad Alas Peruanas”. Si bien Oliart espera que la película se pueda llevar a las salas este año, señala que depende de cómo esté el panorama de estrenos hasta fin de año.

“La vigilia”, el filme de Tamayo, que está participando en la Primera Muestra de Cine Peruano Contemporáneo en Nueva York, ya tiene estreno confirmado en nuestras salas: 28 de octubre. “La película es un thriller, pero con elementos que la hacen ligeramente peculiar” señaló el director.

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