domingo, 9 de octubre de 2011

¿EL FIN DEL ESTADO DE BIENESTAR? por Pedro Pablo Kuzscynski (Diario CORREO)


La crisis económica y financiera continúa en Europa y en Estados Unidos tampoco se ve solución hasta que pase el año político electoral de 2012. Los efectos de esta incertidumbre ya se están viendo en nuestro barrio: los precios de los minerales, que son nuestra principal ventana de exportación y fuente de dólares, han caído 20% en el último mes, y nuestro Brasil, nuestro vecino gigante, enfrenta una fuerte desaceleración económica.


Aquí no nos vamos a ocupar de estas tendencias que ojalá sean de corto plazo, sino de lo que significa la crisis para el futuro del llamado "Estado de Bienestar" sobre todo en Europa. El "Estado de Bienestar" tiene profundas raíces, que datan desde el establecimiento del seguro social por el "Canciller de Hierro" Otto von Bismarck en 1884 en Alemania, y desde los inicios del socialismo laboralista en Inglaterra alrededor de esa misma época. Después de la Segunda Guerra Mundial, la cual dejó a decenas de millones de europeos totalmente desamparados, los gobiernos de los principales países de Europa lógicamente impulsaron un fuerte apoyo al bienestar de sus ciudadanos: educación gratis desde la primaria hasta la universidad, cuidados médicos pagados por el Estado, lo mismo para pensiones de jubilación (en varios casos a partir de los 55 años), en Alemania centros vacacionales pagados por el Estado, etc. En esos años, desde 1948 hasta 1968, las economías europeas crecían rápidamente, al 5% y 6% anual, impulsadas por la reconstrucción y apoyada inicialmente por el Plan Marshall financiado por Estados Unidos y luego por la integración económica.


La idea del "Estado de Bienestar" ya tenía algún arraigo más limitado en Estados Unidos desde la administración Roosevelt, enfrentada a la Gran Depresión de los años '30. Y luego poco a poco estas ideas se fueron exportando hacia los países emergentes de América Latina, con sus raíces europeas, sobre todo Brasil, Uruguay, Argentina y Chile.


Ahora los países europeos enfrentan un mundo distinto. El crecimiento del pasado se acabó, las poblaciones han envejecido (en parte el resultado de las enormes mejoras en salud pública), y las mujeres trabajan y tienen menos hijos –el promedio en Europa Occidental es de tan sólo 1,5 hijos por madre, menos de lo necesario para mantener la población constante. El resultado de todo esto es que los estados necesitan recaudar más y más impuestos para pagar los gastos sociales: en Francia, por ejemplo, la recaudación tributaria llega al equivalente de 50% del Producto del país, lo que a su vez frena el crecimiento, lo que requiere aún más impuestos para financiar el gasto público. Es un círculo vicioso que se vuelve insostenible.


El caso de Estados Unidos es menos extremo, pero allí también están surgiendo muchas preguntas sobre la sostenibilidad del crecimiento del gasto público. Esa pregunta sin duda dominará el debate político hasta la elección. Para los países de América Latina, la crisis plantea una pregunta clave: ¿Podemos permitirnos crear un "Estado de Bienestar con los recursos limitados que tenemos? Ya en Brasil la carga tributaria es 37% del Producto, y a pesar de este peso el sistema educativo público está atrasado y la salud pública y la infraestructura también.


La prolongada crisis en Europa y Estados Unidos, que empezó en el año 2008 y continúa desde entonces, va inexorablemente a replantear el Estado de Bienestar: menos subsidios, menos dispendio, más ahorros. El problema político está en el cómo y el cuándo. Por ejemplo, en Estados Unidos muchos desocupados van a sufrir la eliminación de sus beneficios de desempleo porque ya llegaron al límite de tiempo (un año, ya prolongado por un año adicional). Ese fenómeno va a crear una contracción del gasto público en el peor momento, cuando la economía todavía no se ha recuperado. No es un buen augurio para el año que viene.

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