lunes, 14 de junio de 2010

EL FUTURO DE LA MEMORIA (Una entrevista a Umberto Eco - Diario PERFIL)


Fue el invitado estrella en el Salón del Libro de Turín, que acaba de concluír. Dado que el tema convocantes este año fue "La Memoria Revelada", el semiólogo italiano se despachó con una clase magistral titulada "El futuro de la memoria".

Por Matías Marini
Fuente: diario "Perfil"
Más información: www.perfil.com


Estamos ante el riesgo de una desintegración cultural como sucedió en el Medioevo, cuando durante casi mil años se perdió la memoria de la antigüedad.” Umberto Eco está preocupado por el “futuro de la memoria”, un oxímoron aparente que sirvió de título para la clase magistral dictada por el semiólogo italiano en el Salón del Libro de Turín, que acaba de concluir.

El célebre hacedor del best-seller El nombre de la rosa suena apocalíptico en su visión de las nuevas tecnologías como reservorio de la memoria colectiva. Y apela a la literatura argentina para explicarse. “Internet es idiota como Funes el memorioso, el bellísimo cuento de Borges, porque acumula y es incapaz de pensar”, remarca.

Funes recordaba todo; cada palabra que había escuchado en su vida. No descartaba nada. “Era un idiota, incapaz de pensar por exceso de conservación. Internet es un idiota como Funes, porque recuerda todo”, compara el filósofo piamontés.

Hay que aprender a filtrar, pide. Pero no todo, ni a toda costa. En el caso de la sociedad argentina y la memoria de lo sucedido durante la última dictadura, “no creo que el olvido sea útil”, comenta Eco en diálogo con PERFIL. “Las heridas permanecen. Piense que todavía hoy, en Francia, padecen el dolor de la Revolución Francesa. No bastaron doscientos años. La memoria social sufre de las mismas heridas que los hombres y sus memorias individuales.”

Identidad. Memoria, cultura y alma van de la mano en el pensamiento de Eco. “El alma es, fundamentalmente, memoria. Si uno pierde la memoria, pierde, al mismo tiempo, la continuidad de sí mismo.”

Una cultura es la memoria y el alma de una determinada comunidad. Como tal, juega siempre sobre un doble proceso de conservación y eliminación. “La cultura nos cuenta que una vez existió la batalla de Waterloo. Es importante saber quién venció y quién fue derrotado, pero no es relevante saber el nombre de todos los soldados franceses que participaron”, dice Eco.

Para tratar estos datos marginales, el semiólogo explica que la memoria desempeña una tercera función: la de latencia o período de incubación. Toma algunas cosas y las coloca en el refrigerador. Y allí deben conservarse hasta el momento en que sea indispensable ir a descongelarlas, por lo general, a pedido de especialistas.

La enciclopedia es para Eco la totalidad de cuanto se conserva y de cuánto fue colocado en estado de latencia.

“Internet representa una cultura que no deja nada en latencia y que vive del propio exceso. Esta abundancia impide entender qué datos debemos conservar y cuáles descartar”, alerta. Por Internet navegan millones de personas sin criterio para seleccionar la información, indica Eco, que prevé el riesgo de tener en el futuro millones de enciclopedias. “Nuestras fuentes son confusas, con Wikipedia como el máximo ejemplo. Son construidas y corregidas siempre desde abajo, desde el usuario.” Y subraya: “En esta época de digitalización difusa, podemos perder de vista la enciclopedia común para encontrarnos con seis millones de enciclopedias individuales, una distinta de la otra, en las que las nociones compartidas se perdieron”.

Olvido y exceso. Pero Eco no está seguro de que lo que una cultura filtra sea exactamente aquello que pretendía descartar. “En efecto –ilustra–, los psicoanalistas se hacen dar una montaña de dinero para recuperar de nuestro estado de latencia las cosas que hicimos mal en olvidar.”

“Cuando leemos la Poética de Aristóteles, por ejemplo, notamos que el griego cita autores de los que no sabemos nada. Sólo sabemos acerca de Sófocles, Esquilo y Eurípides. ¿Quiénes son los demás y por qué fueron desechados? ¿Dejaron que Sófocles pasara a la historia por los mismos motivos y criterios que hubiésemos usado hoy? ¿O acaso Sófocles estaba bien vinculado y tenía dinero suficiente para pagar a representantes que difundieran su obra? Somos lo que somos, porque se produjo un probable accidente histórico.”

Sin embargo, el exceso de información corre el riesgo de desaparecer completamente, porque los soportes de almacenamiento “tienen una vida brevísima”. “No tenemos evidencia científica de la duración en el tiempo de nuestros soportes magnéticos, más bien tenemos la certeza de que no duran. Sólo tenemos pruebas de que el papiro resiste dos mil años y la hoja del libro, unos quinientos. Allí están los incunables. En cambio, no tenemos ya computadoras que lean los viejos floppy disk. Pronto no habrá computadoras que lean los CD-ROM. La hoja nos da garantías, mientras el soporte electrónico no. Basta que haya una desmagnetización general o que un empleado se olvide de digitalizar los contenidos de nuestros bancos de datos y quedamos todos alzheimerizados.”

El autor de Apocalípticos e integrados y Obra abierta confiesa que no busca plantear un escenario catastrófico, sino identificar los riesgos para afrontarlos y “salvar el alma, que es la memoria y la cultura”. Pero sus esperanzas parecen modestas: “Sólo podemos esperar que, a largo plazo, una comunidad motivada de internautas, extensa y no científica, siga corrigiendo los errores de la Red”.

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