miércoles, 23 de junio de 2010

SABINA O EL INTERÉS MENGUANTE (Por Fernando Neira, Diario EL PAÍS de España)


El disco de Joaquín Sabina que más nos gusta es ESTA BOCA ES MÍA (1995).
Maravillosa placa -de princio a fin- con una producción musical impecable y con unas líricas inspiradísimas, lúcidas, arriesgadas.
Desde entonces Sabina ya no canta, ladra.
Ya no es un provocador sino un provocativo especulador.
No tiene la voz de desagüe de Tom Waits (puro feeling y tremendamente eufónica, por si acaso) sino que ésta aparece extinta, como un colector cloacal clausurado.
Y su poética se ha resentido.
Entonces, como ex admiradores de Joaquín Sabina; y porque avizoramos -hace bastante tiempo- su feudalismo, su voluntad amarrete, su vida al crédito, creemos que su gira de despedida está muy deslucida.
Óscar Contreras Morales.-

Con independencia de lo que le digan sus secuaces, corifeos y demás seguidistas, Sabina no seguirá siendo mucho Sabina solo porque se cale el bombín y suelte algún chistecito. El mejor de ayer se lo dedicó a Chavela Vargas: "Nos parecemos en que hemos sido muy borrachos y muy mujeriegos, y en que los dos estamos ya muy acabados". El habitual apartado de exaltación colchonera recayó esta vez en el escudero Pancho Varona, que aprovechó sus minutos de gloria para dedicarle Conductores suicidas a la familia.

Nada más empezar, la primera decisión dudosa. Las Ventas se queda a oscuras a las 22.12, pero de los músicos aún no hay rastro. En su lugar, atruena Y nos dieron las diez en versión de banda y verbena. ¿Sabina, cómplice necesario del chunda chunda? Quizás el interrogante que lucía en su camiseta fuera alegoría de todas esas cosas para las que encontramos difícil explicación.

El trovador de sombrero y levita sabe de sobra que ha salpicado el camino con unas cuantas canciones memorables y aún muchos más versos merecedores de tal calificativo. Sí, es verdad: ir por la vida de sabiniano no constituye el menor desdoro. El verdadero problema consiste en que, como en las cláusulas bancarias, el interés histórico no presupone intereses futuros. Y Joaquín parece empeñado, con la tozudez del inversor al que le suele sonreír la fortuna, en realizar maniobras caprichosas con su cartera de valores.

Una caricatura del que fue

Nuestro amigo jienense piensa que si alguien no se deshace en elogios sobre su magna obra es porque la desafección le entra en el sueldo. El de este cronista es, con seguridad, mucho más exiguo que el suyo, pero ello no nos impide sospechar que el último Sabina, el posterior a 19 días y 500 noches, es una calcomanía ramplona, una caricatura, del que fue. Y de aquello, burla burlando, ya han transcurrido 11 temporadas: casi tantas como las que penó el Atleti sin un nuevo trofeo para sus vitrinas.

Era inevitable anoche la metáfora y exaltación taurina. No nos pidió Sabina que firmásemos ningún manifiesto, pero sí enfatizó su fervor por "este lugar sagrado" y anunció, para desasosiego de muchos: "Es muy probable, casi seguro, que este sea nuestro último paseíllo en Las Ventas". Por ello, él y su cuadrilla se conjuraron para dejarse "el alma y los huesos", pero no hubo manera de distinguir un solo chispazo de calcio proveniente de las tablas.

El trovador manda tanto que su voz de lija se apodera de toda la mezcla. Canta Joaquín y su media docena de acompañantes parecen relegados a la condición de hilo musical. Intuimos, por sus movimientos, que El bulevar de los sueños rotos se concibe como un mano a mano entre Sabina y Mara Barros, pero a esta ex concursante de Popstars no hubo forma de escucharle una triste sílaba.

Los fieles le siguen adorando, a la vista está. Y sin embargo, la chispa sabiniana cotiza a la baja y el interés de sus acciones ha emprendido el rumbo menguante. Lástima que no tengamos aquí a ninguna Angela Merkel a la que echarle la culpa. Torero y cuadrilla miraban con ojos golosos hacia la puerta grande, pero los más viejos del lugar saben que la cosa no pasó de faena de aliño.

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