lunes, 30 de agosto de 2010

CARRETERA SIN FIN de Monte Hellman (1971) - Escribe Óscar Contreras para la Revista VENTANA INDISCRETA


Monte Hellman (gonfalonero del cine indie, apadrinado en sus inicios por Roger Corman) dirigió en 1971 (con los auspicios de los Estudios Universal) Two-Lane Blacktop, algo así como Carretera asfaltada en dos direcciones, una estupenda road movie que con punto de vista documental, sobriedad puritana y actuaciones orgánicas semeja un estanque en un jardín Zen, por su paz interna, equilibrio y lirismo supremo. La desnudez mecánica del gesto y las panorámicas inspiradas subsumen los legados del western y los modelos del cine de Robert Bresson, al mismo tiempo. Todo gira alrededor de dos personajes sin nombre (el afamado cantautor country James Taylor y el baterista de los Beach Boys Dennis Wilson) unos “fierreros” (probablemente ex hippies) que conducen un Chevrolet 150 de 1955 acondicionado de forma casera con el que se ganan la vida en duelos de alta velocidad con otros conductores a los que retan y encuentran en el camino. En su recorrido, se cruzan con un piloto apelado GTO (el notable Warren Oates) un tipo en plena crisis de adultez que maneja un “Sierra Yellow” GTO Pontiac 1970 y con el que apuestan una carrera a Washington D.C. En medio de ellos se encuentra una chica sin rumbo (Laurie Bird), una “runaway” que es objeto de deseo y salta de unos a otros. Es claro que Hellman profesa una pasión –acaso un fetichismo- por los automóviles poderosos, reloaded, por “los piques” y por su ética. Se aplica registrando con lentes de focal larga escenas vaciadas, donde los cuerpos y las máquinas en ambientes viales, agrarios, segregan situaciones críticas, modernas. Según el director Richard Linklater, quien profesa una admiración total por Two-Lane Blacktop, se trataría de la última película de los años 60 (a pesar de su estreno en 1971) y también de la primera película del 70, por añadidura, la más inventiva de toda la Historia de Hollywood. Linklater añade que una productora importante de la actualidad jamás financiaría un filme desasosegante, desconcertante, atmosférico e intrigante como éste. Famoso por el plano final que literalmente se quema a la vista mientras el conductor-Wilson y el mecánico-Taylor avanzan en la que será su última carrera. Éste no es un filme para gente que busca confort o distracción. Puede incluso llegar a desconcertar por su fachada de película de acción que no cuaja, pues –a contravía de lo dicho- las carreras de autos son los momentos privilegiados por Hellman, solo al comienzo y al final. A veces importa menos saber quién ha ganado que chekar los ritos que preceden a la misma: las impresiones que dejan los modelos sorprendentes de autos en cada ciudad; los comentarios mecánicos; o el desmontaje de la carrocería del coche para liberarlo de peso superfluo, por ejemplo. La influencia de Two-Lane Blacktop en el cine de Vincent Gallo (The Brown Bunny) y Bruno Dumont (Twenty Nine Palms) es palmaria. No alcanzó a ser un éxito comercial en su momento, no obstante que la Universal esperaba que se convirtiera en un nuevo Busco mi destino. En 2005 fue presentada en copia restaurada en el Festival de Cannes, copia que tuvimos ocasión de ver en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. Se puede decir Two-Lane Blacktop es una estupenda película de un director poco conocido, independiente absoluto, del que apreciamos también y grandemente A través del huracán (Ride in the Whirlwind, 1967) y El tiroteo (The Shooting, 1967).

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