jueves, 7 de octubre de 2010

MARIO VARGAS LLOSA GANA EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2010


El Premio Nobel de Literatura 2010 otorgado la tarde de hoy jueves 07 de octubre de 2010 al escritor peruano Mario Vargas Llosa confirma en primer lugar la universalidad del autor de La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en la Catedral, La guerra del fin del mundoLa fiesta del Chivo y El paraíso en la otra esquina. También su influencia decisiva en el devenir literario de la lengua castellana del siglo XX y del siglo  XXI. Y sobre todo el reconocimiento de la Academia Sueca a su erudicción y disciplina aplicadas los últimos cincuenta años en un oficio difícil, exigente, incomprendido, riesgoso pero también liberal y civilizador en el sentido más ámplio del término.
Pertenecer al club maravilloso de los "premios nobel latinoamericanos" (Gabriela Mistral, Miguel Angel Asturias, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez y Octavio Paz) debe ser una satisfacción privada muy agradable. Que Vargas Llosa la ha tomado con gratitud y soda (se encuentra en calidad de profesor invitado por la Universidad de Princeton en Nueva York y no ha desatendido sus compromisos académicos). Pero la euforia de la prensa mundial, el acoso de los aficionadados en todo el planeta, las obligaciones contractuales y su innegable buena onda mediática, le llevarán tarde o temprano -como ha declarado su amigo Fernando De Szyslo- a refugiarse del "tornado de la popularidad". Que está contraindicado para los grandes escritores.
Esencialmente, el Nobel de Literatura a Vargas Llosa le cae bien al mundo. Y le cae bien al Perú. Éste es un día de orgullo nacional y quizá la mejor noticia del año.
Junto a César Vallejo, José María Arguedas (y a un pronto revival de Julio Ramón Ribeyro) Vargas Llosa es nuestro escritor más universal.
Es un ciudadano ejemplar en un país que le cuesta descubrir y entender las virtudes de la ciudadanía. En un país que -está bien decirlo- no lee. Donde los índices de comprensión de lectura en niños en edad escolar son calamitosos (comparados con otras realidades en la región).
Por eso creemos que el Nobel debe ser una invitación a descubrir los libros de Mario Vargas Llosa. A leerlos con fruicción y comprobar su calidad. Y, entonces, las autoridades y los ciudadanos quizá caigan en la cuenta que la lectura no es una tortura ni un pasatiempo de gente aburrida. Todo lo contrario. Los libros nos hacen mejores personas, nos ayudan a comprender el mundo y la naturaleza humana. Nos permiten desarrollar destrezas y coordenadas funcionales a nuestro proyecto de vida. Nos permiten relacionamos y comunicar -a través del poder de la razón, de la representación mental, de la la técnica literaria- la materia y el espíritu.
Como dijo acertadamente Hugo Neira -esta mañana en un Canal de televisión- hay que leer a Vargas Llosa. Es el mejor homenaje. El resto es palabrería hueca.
Oscar Contreras Morales.-

DIARIO EL COMERCIO - LIMA, PERÚ

MARIO VARGAS LLOSA GANÓ EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA: EL PERÚ Y LA LIBERTAD CELEBRAN


El escritor peruano Mario Vargas Llosa obtuvo hoy al fin, a los 74 años, el premio para el que fue eterno candidato año tras año desde la década de 1980, pero que siempre se le había escapado, al punto que muchos creyeron que ya jamás lo lograría.
Paradójicamente, el Nobel le llegó al peruano Mario Vargas Llosa cuando ya su presencia en la lista de candidatos parecía rutinaria y marginal, pese a que sigue en pleno vigor intelectual y a que mantiene esa producción entusiasta en la que parece abarcar todos los géneros. Su nueva novela, El sueño del celta, llegará a las librerías el 3 de noviembre. El rumor mundialmente extendido, aunque por lógicas razones nunca confirmado, es que al peruano no se le negaba el Nobel por falta de méritos literarios, sino por la controversia que genera su credo entusiasta, ortodoxa y militantemente liberal.
El escritor nacido en la ciudad andina de Arequipa en una familia de clase media es un liberal sin titubeos. La diplomacia intelectual no va con él y no suele ahorrar adjetivos cuando de atacar o elogiar se trata. En 1990 quiso llevar toda esa teoría a la práctica y fue candidato por la derecha a la presidencia de Perú, pero todo terminó con una aparatosa derrota en las urnas.
Pero no siempre fue así: Por la década de 1950, el entonces futuro autor de “La casa verde”, “Conversación en la catedral” o “La fiesta del chivo”, era izquierdista. Quienes lo conocen de entonces, dicen que más que marxista era un liberal radical, en el sentido revolucionario y progresista de esos años.
Lo cierto es que incluso fue miembro de una célula clandestina del Partido Comunista y que admiró y defendió la Revolución Cubana como prácticamente toda la intelectualidad latinoamericana de esas épocas.
La ruptura se produjo en la década de 1970. En medio del despegue del “boom”, dejó atrás “todo lo que significa dogma y exclusivismo ideológico”. Criticó a Cuba, consideró al socialismo enemigo de la libertad y abrió su mente a ideas liberales de derecha. Los amigos se alejaron y de la época data el derechazo a la mandíbula que lo enemistó por siempre con el colombiano Gabriel García Márquez, quien lo antecedió en 28 años en el Nobel.
Tras la derrota electoral de 1990, Vargas Llosa fue un furibundo opositor del régimen autoritario de Alberto Fujimori. Fue una etapa en que se le persiguió y en la que adoptó una segunda nacionalidad, la española, una marca en la traumática relación de casi amor-odio que ha tenido por momentos con su país natal.
“La política es muy ingrata, suele sacar lo peor de las gentes a luz y eso lo comprobé justamente en los años que estuve embarcado en una aventura política. Fui objeto de muchos ataques, de campañas que eran terriblemente injustas”, recordó años después Vargas Llosa, quien, alejado de las plazas, sigue sin embargo empuñando la pluma contra “caudillos bárbaros” como Hugo Chávez y Evo Morales.
El Nobel ayuda a consolidar el nombre de quien en 1963 recordó sus años en el colegio militar de Lima y escribió una ópera prima, “La ciudad y los perros”, primera piedra de una carrera que ya se había comenzado a perfilar en el periodismo ejercido desde la adolescencia.
Vargas Llosa está casado en segundas nupcias con su prima Patricia Llosa (la primera boda fue con su tía Julia Urquidi, amor plasmado en “La tía Julia y el escribidor”) y tiene tres hijos. Intelectual “puro”, amante del teatro, del cine y de los clásicos, la razón queda sin embargo de lado si se trata de querer a su equipo de fútbol, el Universitario de Lima.
Ganador de premios como el Cervantes, el Príncipe de Asturias, el Planeta o el Rómulo Gallegos, y doctor Honoris Causa de universidades americanas, asiáticas y europeas, en su vitrina faltaba sin embargo el Nobel que ahora tendrá.

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DIARIO EL PAÍS, ESPAÑA

MARIO VARGAS LLOSA, PREMIO NOBEL DE LITERATURA A LOS 74 AÑOS

El autor de La fiesta del chivo ha sido distinguido "por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual".- La Academia sueca acostumbra a refutar todos los pronósticos premiando a autores desconocidos u olvidados


Faltaban todavía unos segundos para la una de la tarde cuando Peter Englund, secretario de la Academia sueca, abrió la famosa puerta blanca de la sede académica y pronunció el nombre del escritor hispanoperuano como nuevo galardonado con el premio más prestigioso de las letras universales. Lo dijo en varios idiomas y cerró "en castellano".
Como siempre, las razones de la Academia caben en dos líneas: "Por su cartografía de las estructuras del poder y sus incisivas imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota". En el momento del fallo el escritor se encontraba en Nueva York. El próximo 10 de diciembre recibirá el premio de manos del rey de Suecia en el auditorio de Estocolmo. Antes, la editorial Alfaguara publicará su nueva novela, El sueño del celta, una indagación en la brutalidad del Gobierno de Leopoldo II de Bélgica durante la colonización del Congo.
El último autor en lengua española galardonado con el Nobel fue el mexicano Octavio Paz (1990), que sucedió en el galardón al español Camilo José Cela (1989). El mismo año en que ganó Paz Vargas Llosa se encontraba inmerso en la aventura política que le llevó a ser candidato a la presidencia de Perú. Aquella peripecia concreta, mezclada con sus memorias, dio lugar al libro El pez en el agua (1993).
Nacido en Arequipa (Perú) el 28 de marzo de 1936, Mario Vargas Llosa, miembro de la Real Academia Española, atesoraba ya todos los premios importantes de su idioma: del Cervantes al Príncipe de Asturias. Después de años de sonar como favorito en todas las quinielas del Nobel, el escritor peruano ha visto recompensada una trayectoria que incluye clásicos de la literatura contemporánea como La ciudad y los perros (1962), La casa verde (1965) o Conversación en La Catedral (1969).
Colaborador asiduo de EL PAÍS, Vargas Llosa ha destacado también como intelectual y ensayista, tanto en el ámbito político como en el literario. Igual de clásicos que sus novelas son los estudios que ha dedicado a la obra de autores como Flaubert, Tirant lo Blanc, Juan Carlos Onetti o Gabriel García Márquez. Este último era hasta hoy el representante en el palmarés del premio Nobel (lo recibió en 1982) del llamado boom de la literatura latinoamericana, un fenómeno alimentado por grupo de autores que en los años sesenta revolucionó las letras en español. Desde hoy hay ya otro nombre en esa lista: Mario Vargas Llosa.
Los favoritos
Uno de los nombres favoritos para este garlardón era Cormac McCarthy, mientras que el poeta sueco Tomas Tranströmer había escalado de la quinta a la segunda posición en las últimas horas. El sueco protagonizó un ascenso vertiginoso en las listas de apuestas de la casa británica Ladbrokes, que encabezaba el autor de Meridiano de sangre y La carretera. Se había descolgado a última hora de la competición el japonés Haruki Murakami, que bajó de la segunda a la quinta posición. El keniano Ngugi wa Thiong'o perdió fuelle y bajó al tercer puesto. El primer autor hispanohablante era el peruano Vargas Llosa, que estaba en el puesto dieciocho.
Las quinielas previas al Nobel de Literatura son una tradición pero no suelen acertar casi nunca. La Academia sueca cuenta con una solvente costumbre de refutar todos los pronósticos premiando a autores casi desconocidos para el gran público como Herta Müller o Elfriede Jelinek o rescatando a otros prácticamente olvidados, como Doris Lessing y veteranos ilustres como Harold Pinter.
La prensa sueca auguraba que el ganador podría ser un poeta. La crítica literaria Maria Schottennius, que apostó por el Nobel para Herta Müller el año pasado y para Le Clezio en 2008, vaticinó que el premio se lo iba a llevar un poeta o un periodista. "En realidad son todo conjeturas, porque no tengo un conocimiento privilegiado [de las deliberaciones], pero pertenezco a la misma generación que los miembros de la Academia y sé cómo razonan", señaló Schottennius al rotativo noruego Dagbladet. "En esta edición, sin embargo, no sé si tengo tan buenas apuestas". Mencionaba a los poetas Ko Un, surcoreano, y Adonis, sirio, como candidatos destacados.

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